Nadie se salva solx

Ante la pandemia parece haber una falsa disyuntiva en la que  los Estados caen: priorizar la actividad económica o instalar las medidas que evitan el contagio de su población. El caso de Inglaterra quizás es el más paradigmático: su primer ministro Boris Johnson en un primer momento se negó a dictar medidas que supusieran un freno a la economía. Apostaba a un contagio general que inmunizara a la población, sin importarle los costos que esto pudiera acarrear, exponiendo aún más a los grupos de riesgo. Pero ante la aceleración y crecimiento exponencial de los contagios y  muertes, ha tenido que rectificarse y dictar el cierre de restaurantes, bares y escuelas. En una ironía del destino Boris terminó contagiado. A este caso se suma la actitud de Bolsonaro, Trump y AMLO, quienes eligieron en primer momento priorizar el funcionamiento de la economía, minimizando los riesgos del contagio y dejando expuestas a los sectores más débiles de la sociedad. Pero con el pasar del tiempo con más o menos voluntad han tenido que tomar algunas medidas de distanciamiento social.

La expansión de la salud pública es condición necesaria para contener los contagios. El presidente Alberto Fernández anunció la construcción de ocho hospitales modulares de emergencia para hacer frente el avance de  la COVID-19. Evitar que la cantidad de casos colapse la capacidad de atención del sistema público es la prioridad. La crisis sanitaria deja en evidencia la importancia de contar con un sistema de Salud Público con recursos, que sea capaz de brindar atención a la población y actúe como  la principal herramienta para garantizar el derecho universal a la salud. Un Estado activo orientado a la identificación de necesidades sanitarias, la movilización de recursos, la monitorización y la evaluación de las intervenciones en salud, que se ocupe de regular los “desequilibrios” que genera el mercado en la atención en salud. 

“La crisis sanitaria deja en evidencia la importancia de contar con un sistema de Salud Público con recursos, que sea capaz de brindar atención a la población y actúe como  la principal herramienta para garantizar el derecho universal a la salud.

Ante esto resulta relevante hablar del financiamiento de la Salud Pública, cuyo sistema ha sido vaciado durante los últimos 4 años de gestión del macrismo. El caso más paradigmático es del instituto Malbrán, encargado de realizar los test para diagnosticar el coronavirus, este instituto recibió un ajuste del 50% de su presupuesto entre 2015 y 2019.  

El gobierno de Mauricio Macri no solo bajó el rango del Ministerio de Salud reduciendo su presupuesto un 36%, también sub-ejecutó partidas, eliminó el programa remediar, y suspendió la aplicación algunas vacunas. El tratamiento mundial de la pandemia está demostrando que la tasa de mortalidad baja notablemente a mayores instalaciones para la atención. Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires, según un informe de  fundacion soberanía sanitaria, la reducción del promedio de camas disponibles equivale al cierre de 5 hospitales. Estas son solo algunas de las medidas que sirven de muestra del lugar que le brindó el macrismo a la salud pública y cómo el desfinanciamiento del sistema público de salud es un ataque directo a las condiciones de vida de la sociedad. 

Alberto Fernandez visitando el Hospital Malbrán

Otro punto a abordar son las condiciones para la atención en Salud Mental. En momentos de angustia creciente, desconcierto, y aislamiento obligatorio la salud mental cobra relevancia no solo en las personas bajo tratamiento sino en el conjunto de la sociedad. Desde la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones se instruyó a que se tomen las medidas necesarias para sostener los tratamientos a distancia. Ante esto muchas de las obras sociales y prepagas se negaron en un primer momento a abonar a los profesionales las sesiones no presenciales. Para el “cuidado” de la salud mental no alcanza con manuales, se requieren profesionales retribuidos por sus tareas. Esta es otra muestra de cómo los intereses del mercado entran en contradicción con el derecho a la salud y solo desde el Estado se puede regular a favor de los ciudadanos. 

la pandemia explicita que los procesos de salud-enfermedad-cuidado son siempre colectivos, que dependen en gran medida de acciones concretas por parte de un Estado.

Por último, consideramos importante que podamos inscribir el aislamiento individual lejos de una lógica del “sálvese quien pueda”: la pandemia explicita que los procesos de salud-enfermedad-cuidado son siempre colectivos, que dependen en gran medida de acciones concretas por parte de un Estado. No hay cuidado del individuo por fuera de la comunidad, cumpliendo la cuarentena estamos cuidando sobre todo a los más vulnerables, y en la adversidad solo la acción conjunta nos permite proteger nuestro hogar común. El presidente repite como mantra que entre la economía y la salud eligió la salud. Pero lejos de una posición dicotómica, el asunto es de una complejidad tan que no se puede caer en visiones reduccionistas, por eso hay un estado presente preocupado por las consecuencias económicas de la cuarentena obligatoria y ocupandose de asistir a los sectores perjudicados. En palabras de Alberto Fernández ante el coronavirus las mejores consignas son: “Responsabilidad, solidaridad y comunidad”

*agregado al dia 19/04

Después de màs de 15 días de que escribimos esta nota, es posible sacar algunas conclusiones. Comparando la situación argentina con el resto de los países de América Latina se muestra la importancia de la velocidad con con las que se tomaron las medidas y los resultados en el crecimiento de las cifras de contagio, siendo Paraguay y Argentina los dos países que más lograron aplanar la curva de contagios en estas semanas.

Así como en el momento de escribir la nota mostrábamos preocupación por los países que priorizan no detener la actividad económica, hoy la situación en Brasil es muy preocupante mientras que Estados Unidos pasó a ser en tan solo dos semanas el país con más infectados del mundo.

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