PANIC! Covid-19 shakes the Universidad

La educación siempre es situada

Atravesades por la pandemia, Žižek sacó un libro; las estrellas hacen vivos en Instagram; caen memes de punta; los hospitales están por colapsar y sus trabajadores están dando todo de sí; docentes de nivel inicial, primaria y secundaria garantizan el funcionamiento de comedores, piensan cómo enseñar a través una pantalla, por audios y fotos de hojas en whatsapp. Además, y después de 4 años de un modelo neoliberal, el gobierno pudo advertir las complejidades que surgieron y reaccionó con políticas públicas que demostraron la importancia de tener un Estado presente que nos cuide. Mientras tanto, la universidad pública debate, como siempre, los cientos de escenarios posibles para ver si sostener o no sus actividades, cómo y por qué.

“La universidad pública debate los cientos de escenarios posibles para ver si sostener o no sus actividades, cómo y por qué.”

Lo que tratamos de hacer con este texto es ordenar lo que venimos discutiendo para seguir abriendo el debate, sabiendo que el tiempo pasa, el “cuatrimestre” avanza y hay que empezar a tomar decisiones, y también posiciones.

Los debates en la crisis

La pandemia que azota a la mayor parte de los países del mundo, evidencia las profundas desigualdades producidas por el sistema y el deterioro generado por las crecientes políticas de privatización y pauperización de lo público provocado por la aplicación de las políticas neoliberales en los distintos gobiernos del mundo. 

En plena crisis sanitaria, el colapso de los sistemas de salud es una de las principales causas de la muerte de las miles de personas que no pueden recibir atención médica de calidad a tiempo. La suspensión masiva de las actividades, y el aislamiento obligatorio impuesto en muchos países, visibiliza los problemas que existen para garantizar el acceso a condiciones dignas de vivienda  y el desamparo que sufren miles de trabajadores por la informalidad del empleo.

En la educación se visibilizan las desigualdades en torno al acceso y repetimos como un mantra lo necesario que era continuar con las políticas como Conectar Igualdad, el INFOD, entre otras, suspendidas o recortadas los últimos 4 años. 

“En un momento donde se abren múltiples preguntas sobre qué universidad tenemos y qué universidad queremos, necesitamos pensar también cómo hacemos hoy de esa universidad que tenemos un espacio lo más justo posible en este contexto.”

Además de las discusiones en torno a las políticas públicas educativas, en este contexto se reabren debates pedagógicos que tocan lo más esencial y profundo de las instituciones educativas. En innumerables análisis sobre esta situación, les analistas advierten en que luego de esta crisis el mundo cambiará, pero algunes coinciden en que virará hacia un mundo más igualitario y otres en que recrudecerá la explotación sobre las capas más pobres de la sociedad. Es un momento oportuno para abrir multiples preguntas sobre qué universidad tenemos y qué universidad queremos, pero también lo es para pensar cómo hacemos hoy de esa universidad que tenemos un espacio lo más justo posible en este contexto

Sujetes, prácticas y reflexiones

La suspensión de las actividades presenciales y, en consecuencia, la discusión sobre el “reemplazo” por las clases virtuales, (re)abre debates en torno a las prácticas de enseñanza. 

En este punto nos parece importante resaltar que la clase virtual no reemplaza a la presencial. 

El ir a la facultad, encontrarse con otres, habitar el territorio, innumerable cantidad de saberes que trascienden lo explícitamente volcado en los programas (aquello que llamamos currículum oculto), son parte de nuestra formación. Sin embargo, creemos que el eje central de las discusiones debe ser cómo garantizar buenas prácticas que fomenten un aprendizaje colectivo y situado, prácticas inclusivas y con perspectiva de género, que acompañen las diferentes trayectorias. En este sentido, ni la presencialidad ni la virtualidad en sí mismas garantizan buenas prácticas, más allá de que como comentamos inicialmente, hay cuestiones de la presencialidad que son irremplazables. 

Desde esta postura, creemos necesario plantear algunos puntos en torno al rol de la Universidad para garantizar buenas prácticas:

  • Acceso material y simbólico: Una de las cuestiones básicas para la enseñanza es garantizar el acceso material para el estudio. Cuando hablamos de la virtualidad aparece con fuerza esto, y es importante que todes tengan acceso a una computadora con internet. El uso de una computadora para estudiar no aparece sólo cuando la educación es virtual. Nadie nos pregunta cuando inicia la cursada si disponemos de una computadora para investigar en internet y hacer una trabajo que puede llevar semanas o todo el cuatrimestre. Esto demuestra el poco conocimiento que tenemos de la realidad socioeconómica de los claustros. La falta de accesibilidad siempre perjudica el derecho a la educación, hoy lo niega rotundamente. 

En nuestro país hay muchos motivos por los cuales hay sectores de la población que desean ir a la universidad y no acceden: por falta de tiempo porque tienen que trabajar, porque tienen tareas de cuidado a cargo, porque no tienen dinero para comprar apuntes o pagar el transporte, porque viven lejos y no pueden garantizar vivienda cerca de alguna universidad, por la precariedad habitacional que niega espacios propicios para el estudio. Para que las desigualdades no existan más y no limiten nuestro derecho al ingreso, la permanencia y el egreso es que tantes nos comprometemos a diario. Y es un desafío pensar este derecho en este contexto. Porque la universidad no puede dejar de estar presente en este momento y como institución tiene la responsabilidad de sostener los vínculos. El acceso desigual a la tecnología que hoy se hace visible, demuestra que no todes llegamos a la universidad en las mismas condiciones. 

  • Aprendizaje colectivo: La potencia de lo colectivo sin dudas enriquece el aprendizaje. Las clases que habilitan esto, nos permiten enriquecernos de los saberes, de las preguntas de todes, y de la construcción colectiva, que es más que la suma de las individualidades. Desde lo virtual muchas veces aparece como algo más difícil, pero desde lo presencial no siempre está garantizado, de hecho tenemos en la universidad un sistema muy “bancario”, donde le docente deposita el saber y les estudiantes aparecen como objetos, receptores pasivos . En cursadas presenciales ¿Cuántes asisten a materias teóricas? ¿Cuántes participan realmente en la clase? ¿Cuántes al final realizan una lectura solitaria del texto? ¿Cuánto se valora la palabra de les estudiantes? ¿Cuán colectivo es el aprendizaje?
  • Enseñanza/ Aprendizaje situados: El aula y la universidad no son una burbuja donde el conocimiento está aislado del contexto. Siempre la enseñanza y el aprendizaje se dan en un momento y lugar determinado. Siempre les estudiantes y les docentes estamos atravesades por cuestiones personales y colectivas, que influyen en nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje. En este contexto es importante preguntarse de qué modo “el afuera” repercute en nuestra práctica, qué puede continuar, qué se transforma, qué es necesario sacar. Podemos pensar por un lado, que a veces el entorno “invade” nuestro proceso, en tanto no elegimos el modo en el que nos impacta (aunque sí podemos ver que hacemos con esto), pero también podemos pensar cuál es el aporte que podemos hacer desde las disciplinas para transformar el entorno, entendiendo que es una parte fundamental si buscamos formar sujetes comprometides con el mundo en el que vivimos.
  • Rol docente: En este contexto aparece con fuerza el paradigma de la educación estandarizada. La virtualidad viene con el imaginario (y con las empresas) que promueven una estandarización de la enseñanza borrando el lugar de les docentes y la subjetividad de cada estudiante en el proceso. Por eso creemos necesario reivindicar a la tecnología como una herramienta para el proceso de enseñanza y no como un fin en sí mismo. No solamente lo virtual no reemplaza lo presencial, sino que la computadora no reemplaza a les docentes. Hay quienes piensan a les docentes como meros aplicadores de otros “expertos” que piensan los programas. En este sentido, debemos reafirmar fuertemente el rol activo que tiene cada docente en la enseñanza.
  • Acompañamiento de las trayectorias: Como forma de garantizar el derecho a la educación hay que transformar el sistema meritocrático para poder alcanzar una mayor igualdad. Si no hay una institución que acompañe y brinde los apoyos necesarios (no sólo materiales, sino también simbólicos), son muches les que terminan siendo expulsades. El rol de la universidad no es solamente garantizar el ingreso, sino también la permanencia y el egreso. 

Universidad Pública y Popular

Las condiciones para iniciar (o continuar) la cursada por lo menos en la primera parte del año no son las mejores, de hecho, probablemente puedan calificarse como malas partiendo de lo que consideramos “normal”. A los problemas estructurales de siempre se suman dificultades coyunturales como que no estemos preparades como quisiéramos para mantener los vínculos en forma virtual. Ya sea por falta de accesibilidad, por falta de tiempo, por la angustia que nos genera el contexto, porque les docentes no están formades para trabajar en entornos virtuales, porque les estudiantes también desconocen las herramientas y posibilidades. Todo esto sumado a la hiperdisponibilidad anárquica de materiales, herramientas, especialistas que hay hablando del tema de manera desagregada, inabordable todo esto para cualquier docente o cátedra.

Con seguridad, si los calendarios se sostienen como estaban planificados, y si es que inician las clases de forma virtual, no se podrán trabajar los contenidos pensados con la misma profundidad que en otros momentos porque las clases se dan en un escenario incierto, con herramientas nuevas y con deficiencias. Nos parece clave entender el “como pensábamos”. Y si, el programa no será el mismo que el que se discutió en febrero pero por eso ¿perdemos excelencia académica? ¿Qué es la excelencia? ¿Sacar textos de un programa limita esto? ¿No es aún en este momento posible estimular la reflexión de les estudiantes? ¿No representa excelencia académica una universidad que puede mantenerse en funcionamiento y a disposición de una crisis humanitaria internacional de ésta talla? ¿No es excelencia académica poder pensarse como universidad situada y adaptarse a contextos que la ponen frente a nuevos desafíos?

“La universidad es un derecho y el sujeto de este derecho no es sólo individual, es decir, les estudiantes que tienen derecho a aprender.  Es un sujeto colectivo, el derecho social a la universidad es aquel que tiene el pueblo de que exista la universidad y sus tareas tradicionales de formación, investigación y articulación estén a su servicio.”

La universidad es un derecho y el sujeto de este derecho no es sólo individual, es decir, les estudiantes que tienen derecho a aprender.  Es un sujeto colectivo, el derecho social a la universidad es aquel que tiene el pueblo de que exista la universidad y sus tareas tradicionales de formación, investigación y articulación estén a su servicio.  Y la universidad tiene la obligación de garantizarlo. ¿Cómo podemos cumplir con esa obligación en este contexto? ¿No es posible pensarlo? Estableciendo horarios, formatos y pautas de trabajo, ¿no podemos como comunidad universitaria generar espacios de encuentro? (encuentros que no reemplazan a lo presencial, como ya señalamos). La universidad es también mirarnos, conocer otros mundos y ponerlos en tensión. La discusión sobre la excelencia académica debe poder hacernos re-pensar la universidad, la enseñanza y el aprendizaje en todos los contextos, poder garantizar el acceso, brindar las herramientas para que todes puedan cursar. Cuando hablamos de clases virtuales no hablamos de sostener un “como si nada pasara” porque como se ha sostenido desde muchos espacios a lo largo del tiempo, la institución no es una burbuja separada de la realidad, el conocimiento nunca está separado del contexto social, por el contrario (y merecería un capítulo aparte), nos parece interesante pensar cuáles son los aportes concretos que puede hacer la universidad en este escenario desde las distintas disciplinas.

¿Qué podemos llevar a la práctica para este momento? Algunas ideas.

En busca de lo Inédito Viable.

Una posibilidad es seguir retrasando el inicio del cuatrimestre, pero usar este tiempo para trabajar en pos de iniciar una cursada virtual. Constituir equipos interdisciplinarios formados por especialistas, personas con experiencia en educación que puedan generar, mejorar, seleccionar herramientas en términos no sólo técnicos, sino también pedagógicos, sociales, psicológicos, etc. Las universidades están formadas por equipos que pueden ser convocados para ésta tarea, que también debería incluir representantes por departamento/ carrera/ facultad, y a los distintos actores del mundo universitario para poder aportar su mirada específica. Es importante pensar propuestas desde el diálogo, desde la recuperación de las buenas prácticas que ya se encuentran vigentes, la multiplicidad de búsquedas valiosas que tantas cátedras y docentes están llevando adelante con las herramientas que tienen. Es necesario poder pensar en el conjunto de la universidad, y no sólo en la particularidad (que también, por supuesto, debe ser abordada, porque no todas las materias y facultades tienen las mismas necesidades y realidades). Este equipo debería desarrollar un conjunto de propuestas claras y ordenadas, garantizar acompañamiento a las particularidades y tener a disposición una forma de comunicación fluida institucional desde la universidad, desde las facultades, desde los departamentos con les trabajadores no docentes, las cátedras y les docentes, con les estudiantes. Al mismo tiempo, cada cátedra podría detectar y trabajar sobre sus Núcleos de Aprendizaje Prioritarios, los contenidos mínimos y nodales de sus programas. También se pueden pensar otras alternativas para la evaluación. Desde trabajos o exámenes de integración (que no sean como la modalidad libre) con acompañamiento en la trayectoria de les estudiantes de preparación de esa instancia. 

Para finalizar

La situación actual permite visibilizar algunas características de la cotidianidad de las aulas. El momento de repensarlas en profundidad, quizás, llegará una vez pasada la crisis, pero nos parece interesante mencionarlas ante los argumentos que aparecen al criticar la educación virtual bajo un paradigma dicotómico de “bueno/malo”.

¿Qué hacemos en este contexto? No hay que hacer un “como sí”, hay que fomentar, acompañar y sostener las mejores prácticas posibles. ¿Qué pasa este cuatrimestre, pero qué pasa después? ¿Es posible que este contexto nos ayude a salir mejores, a pensar una universidad más justa e inclusiva? ¿Qué tareas debemos darnos para ello?. No negar la tecnología como posible herramienta democratizadora, entender que esto resulta más complejo y debemos ser cuidadoses. Porque negar la tecnología educativa es regalarle un espacio muy importante, valioso y con potencial transformador a los sectores que avanzan en detrimento del acceso a la universidad como derecho. El contexto también nos demuestra que la tecnología en sí misma, tampoco resuelve los problemas estructurales que nos vienen acompañando hace tanto en la universidad y en la sociedad. De transformar esos problemas se tratará siempre la tarea, de garantizar derechos en este contexto se trata el desafío actual.

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