A la misma hora y por el mismo canal

Te levantás y sigue siendo el mismo día que ayer. Te preparás un café y chequeás los números que alguien publicó (también desde su casa) en el diario con más clicks de Google Argentina. ¿Eso de qué te sirve? No sabés. Pasa la mañana, si tenés trabajo, te logueás en él porque el mundo “paró”, pero en realidad no lo hizo. Cuatro horas después te tomás un descanso; el número de muertes no se tomó un descanso, según dice Twitter Argentina. ¿Qué te suma saberlo? No sabés.  Así corren los minutos, como corren las horas y como corren los días y las semanas en este estadío que el mundo nunca vio pero sí disfrutó por las pantallas de los cines. De todos lados recibís buena información, o eso se pretende. O quizás no se pretenda, quizás el deseo sea que todo esto pase y ya. O quizás no que todo esto no pase y ya, sino más bien que sea un ejemplo para el mañana (no mañana, porque mañana mismo va a ser igual que hoy y ayer, sino para el futuro).

“Este estadío que el mundo nunca vio pero sí disfrutó en las pantallas de los cines”

Hay pocos ámbitos de la vida cotidiana que no se hayan visto afectados por la pandemia.   A pesar del hundimiento económico que atraviesan lxs argentinxs como consecuencia de las políticas neoliberales que nos atormentaron en los últimos años y que el aislamiento social, preventivo y obligatorio está agudizando; es la cuestión sanitaria, la preocupación por lx otrx que está afuera arriesgándose, el tema de conversación en todos los canales. La incertidumbre sobre cuál va a ser el próximo movimiento, quién va a poder salir finalmente a trabajar a la mañana siguiente, está minando el autoestima de todxs. Y, aunque pueda resultar difícil de creer, el autoestima y el aplomo, siguen siendo la base primordial para transitar este momento de soledad hiperconectada. 

La presencia de los medios tiene gran responsabilidad en esta pérdida. Poco va quedando ya de los aplausos y el himno a las 21hs, o al menos de la metáfora de acción colectiva y de “tirar todes para el mismo lado” que ese ritual suscitaba. Lo que al principio sólo se ceñía a la distribución de información brindada por la OMS y organismos oficiales, hoy se expone como un abanico de conjeturas y opiniones de profesionales que, en ocasiones, poco tienen que ver con la pandemia y mucho con alimentar el inconsciente colectivo. Un colectivo que, o al menos eso pareció en algún momento, logró una sensación de unidad pocas veces vista en nuestro país en la últimas décadas. 

“Poco va quedando ya de los aplausos y el himno a las 21, o al menos la metáfora de acción colectiva que ese ritual suscitaba”

Acá tenemos dos problemas: el Coronavirus y el control de la opinión pública que ejercen, como siempre, los grandes bloques económicos, mediáticos, monopólicos y empresariales. 

En uno de estos conflictos están trabajando día y noche los excelentes profesionales que este país formó, hijas e hijos de la educación pública, junto a funcionarios gubernamentales que, cuando las papas queman, demuestran estar a la altura. Para el otro problema, crónico y de antaño, la mejor vacuna es una memoria activa, un pueblo con conciencia y un norte claro. En pocas palabras, está en todes poder combatir unos simples (o no tanto) intereses de turno que te quieren vender pescado podrido y contarte una realidad que, ya sabemos, no es tal, para llevar un poco más de agua para su molino, como si a este molino agua le faltara. 

“Tenemos dos problemas: el Coronavirus y el control de la opinión pública que ejercen los grandes bloques económicos”

La diferencia entre comunicar bien y no hacerlo

Para acompañar a les comunicadores en este momento excepcional, la Defensoría del Público ofrece una serie de recomendaciones sobre el correcto tratamiento de la información durante la crisis del COVID-19.[1]

En su cuarto punto, esta gacetilla recomienda “Priorizar el respeto de las personas: contextualizar los relatos de las víctimas. En la difusión de casos representativos priorizar el trato respetuoso. Evitar centrarse en las historias más dramáticas. En todos los casos, respetar los derechos personalísimos. En particular, no afectar la dignidad, el derecho a la imagen, así como la intimidad de las personas afectadas, o involucradas en las coberturas”.

El prime time televisivo pareciera estar exento de respetar el derecho a la intimidad, garantizado por el artículo 19 de la Constitución Nacional. En la noche del martes, cuando todos los canales estaban en la puerta de un geriátrico en el que el virus se propagó rápidamente entre ancianxs y empleadxs, las cámaras, ansiosas de la primicia de la primicia de la primicia, enfocaban directo a la cara de un señor mientras estaba siendo subido a una ambulancia del SAME. Como si tuviera poco de qué preocuparse, el abuelo debió tolerar la falta de espacio y privacidad que ni une de les periodistas supo resguardar; por el contrario, se vio rodeado de cámaras, micrófonos, luces y, muy en último lugar, seres humanos. 

 Párrafo aparte para la inentendible decisión comunicacional del titular del SAME, Alberto Crescenti, de presentarse a la improvisada conferencia de prensa sin barbijo ni ningún tipo de protección, no solo violando la ley, sino también poniéndose en peligro y dando un mensaje peligroso. 

Una última reflexión 

Quizás este sea el momento histórico/social/económico/político más inédito que haya atravesado el planeta, al menos, en los últimos siglos, así que no parece mal momento para que empecemos a replantearnos algunas cosas.

Cómo, cuándo y qué comunicar es esencial para que el tránsito de este tiempo sea lo más saludable posible.”

Cómo, cuándo y qué comunicar es esencial para que el tránsito de este tiempo sea lo más saludable posible. Como comunicadores y comunicadoras tenemos la enorme responsabilidad sobre nuestras palabras: no alarmar, no desinformar y transmitir siempre voces oficiales. 

“Conductas sociales que llegan para quedarse”, dicen en muchos lugares sobre el distanciamiento y el lavado de manos (que insólito parece que lavarse las manos sea algo novedoso). Tenemos la posibilidad de generar algo nuevo, de generar algo confiable, algo diferente y algo que verdaderamente le sirva a la sociedad en su conjunto. “Nadie se salva solx”, se comenta, y es cierto. Nadie se salva solx porque la sociedad es un conjunto, cada quién está dando lo mejor que tiene a su alcance para que esto termine: médicxs, enfermerxs, científicxs, comerciantes, fuerzas de seguridad y nosotres, comunicadores, que contamos lo que vemos y preguntamos lo que no entendemos. 

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