El dinero no es todo, pero como ayuda.

Economía en tiempos de Coronavirus.

El gobierno de Alberto asumió sabiendo que el principal problema al que debía enfrentarse era el elevado nivel de endeudamiento, con un calendario de vencimientos que permitía anticipar la situación actual: la inevitable reestructuración y el peligro de caer formalmente en default. A un país que ya estaba roto llegó una pandemia mundial que mucho no nos ayuda y nos obliga a reordenar prioridades y repensar estrategias.

A continuación nos proponemos responder algunos de los interrogantes, pero también plantear otros nuevos, con el objetivo de comprender qué está pasando con nuestra economía y qué margen de maniobra tiene el Estado para atravesar este quilombo con una política de reducción de daños.

Financiamiento del Estado en tiempos de Coronavirus.

El Estado cuenta con varios instrumentos para financiarse; los principales son la recaudación, la emisión monetaria y la toma de deuda. Veamos qué sucede con cada uno de ellos.

  • La recaudación está fuertemente relacionada con el nivel de la actividad, que ya viene cayendo hace dos años. En el contexto actual, donde se restringe de manera obligatoria la circulación de las personas, un aumento de los impuestos no es viable debido a que la mayoría de los contribuyentes se encuentra en una situación complicada.
  • La emisión monetaria es la principal herramienta que el gobierno está utilizando pero tampoco es un recurso ilimitado. En un escenario como el actual y ante el poco incentivo a ahorrar en pesos, una emisión infinita generaría presiones sobre la demanda de dólares y esta presión se podría traducir en inflación y/o en atraso del tipo de cambio.
  • Para pensar en la toma de deuda es fundamental analizar la sostenibilidad de la misma, es decir, garantizar la obtención de recursos a través de un superávit fiscal (que la recaudación sea mayor al gasto) y/o comercial (que las exportaciones sean mayores a las importaciones) que permita hacer frente a los futuros vencimientos. Evidentemente esto no está sucediendo, por lo cual nuestra situación es de virtual default. 

Cómo resolver esta encrucijada es lo que nos desvela a todes, pero no existe una respuesta sencilla a un problema complejo. Un manual de economía clásico diría que la solución es simple: hay que reducir el gasto. Mientras tanto, la pandemia nos muestra un panorama en que todos los Estados del mundo están, por el contrario, aumentando su gasto para asistir a los sectores más perjudicados mientras la recaudación cae. En conclusión, el superávit fiscal te la debo.

Por otra parte, en marzo Argentina tuvo superávit comercial. Sin embargo, este saldo positivo no se vincula a un desarrollo del potencial que tiene el país para generar dólares sino a la brutal caída en la actividad: las exportaciones cayeron un 15% pero las importaciones bajaron aún más, un 20%. De aquí se desprende que nuestra capacidad para producir dólares genuinos es pequeña y debe ser apuntalada.

Pasando en limpio: como debemos una bocha de guita, nadie nos quiere prestar nada y, como hay una pandemia, el Estado consigue menos recursos por impuestos. En este contexto, la emisión (con el riesgo ya mencionado) y la renegociación de la deuda son nuestros principales caballitos de batalla en la lucha contra el coronavirus.

Martìn Guzman presentando la propuesta del canje del gobierno.

Gastos en tiempos de Coronavirus.

El objetivo de la cuarentena es reducir lo máximo posible la circulación de la población, y así minimizar el contagio del virus. Esta medida es incuestionable desde el punto de vista sanitario, aunque pone en jaque al aparato productivo; a partir de esto es que se suele plantear la falsa disyuntiva entre economía y salud.

“Para que la economía funcione y la fuerza laboral produzca se necesita, en primera instancia, de la reproducción de la misma. En este marco de crisis, se explicita la necesidad de la participación estatal en el cuidado de las personas.”

Cabe aclarar que esta dicotomía sólo existe en el análisis de quienes se centran en el ámbito de lo productivo y dejan de lado el ámbito reproductivo, considerándolo propio del hogar. Para que la economía funcione y la fuerza laboral produzca se necesita, en primera instancia, de la reproducción de la misma. En este marco de crisis, se explicita la necesidad de la participación estatal en el cuidado de las personas. [1]

Con el objetivo de reducir el impacto económico de la emergencia sanitaria y contener la merma de la actividad productiva -que afecta con mayor magnitud a los sectores más vulnerables-, el gobierno nacional lanzó diferentes programas y reforzó algunos que ya existían. El apoyo se puede segmentar en tres esquemas de protección:

  • Un primer eje en la transferencia de ingresos, fundamentalmente a través del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) destinado a trabajadores informales y monotributistas de las primeras categorías. Además, se reforzaron otro programas que ya estaban en funcionamiento como la Asignación Universal por Hijo y la Asignación Universal por Embarazo. 
  • Otro segundo eje focalizado en el empleo; un ejemplo es la extensión del Seguro de Desempleo o la prohibición de despidos y suspensiones “por las causales de fuerza mayor o falta o disminución de trabajo” por 60 días, como dice el DNU 329/2020 publicado el 31 de Marzo. 
  • Y un tercer eje dedicado a las empresas mediante el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) donde el Estado abona parte de los sueldos, además de postergar y/o eximir de contribuciones patronales. 

Deuda en tiempos de Coronavirus.

De acuerdo a un informe elaborado por el Ministerio de Economía, el gobierno argentino destinará un 5,6% del PBI, entre abril y junio, para asistir a empresas y familias afectadas por la pandemia. En términos de plata, eso equivale a $1.700.000.000.000 (dividilo por el tipo de cambio que más te guste para saber cuántos dólares son, pero sabé que son un montón).

En ese marco, la reestructuración de la deuda externa tiene un valor fundamental: con los plazos y montos vigentes, afrontar los vencimientos implicaría un desembolso de recursos que no abundan y que hoy el país necesita destinar a problemas más urgentes. Según los cálculos del Ministerio de Economía, ahorrando apenas lo que habría que pagar en 2020 se podrían comprar 386 respiradores, triplicar el presupuesto en salud o multiplicar por 3,7 la cantidad de IFE, entre otros ejemplos.

El tratamiento de la deuda argentina se dividió, a grandes rasgos, en tres grupos: la deuda en pesos, la nominada en dólares bajo ley local, y la contraída en dólares bajo ley extranjera.

Respecto al primer grupo, el ministro Martín Guzmán explicó que el objetivo es “seguir un camino que busque recuperar la capacidad de tener un mercado de deuda pública en pesos” para “dejar de endeudarse en dólares, que es algo nocivo”. En ese sentido, la intención del gobierno es pagarla, aunque con algunas prórrogas en los plazos.  

Con la deuda en dólares bajo ley argentina se decidió, dado que importantes vencimientos se aproximaban, posponer prácticamente todos los pagos para 2021 aunque Guzmán ya aclaró que la idea es darle un tratamiento similar al que se piensa darle a la ley extranjera.

Precisamente, la reestructuración de la deuda externa con legislación extranjera es la que más ocupa a les funcionaries del Frente de Todos y es la que apareció en la portada de los principales medios durante las últimas semanas.[2]

“El nivel de endeudamiento contraído por el gobierno de Mauricio Macri durante los cuatro años previos fue sumamente irresponsable, tanto por los elevados montos como por los acotados plazos.”

El nivel de endeudamiento contraído por el gobierno de Mauricio Macri durante los cuatro años previos fue sumamente irresponsable, tanto por los elevados montos como por los acotados plazos; tan solo en los próximos tres años, Argentina debería pagar más de USD 20.000.000.000. 

Por eso es necesaria una reestructuración con una fuerte quita de dinero o con un estiramiento de las fechas a pagar, o bien con una combinación de ambas. En otras palabras sería pagar menos de lo que debemos, pagar lo que debemos pero con más tiempo del acordado, o pagar menos y en más tiempo del acordado.

Bajo esta premisa, el gobierno argentino optó por presentar una primera propuesta para canjear casi USD 70.000.000.000, para la cual debe haber una respuesta antes del 8 de mayo y que trae las siguientes condiciones:

  • Quita del 62% en intereses y del 5,4% en capital 
  • No pagar nada hasta 2023
  • Nuevos bonos ofrecidos a cambio con vencimientos entre 2030 y 2047.

Si bien fue una oferta contundente, no así tan agresiva como se podría haber esperado, e incluso estuvo por debajo de algunas de las opciones que recomendaba el FMI. Sin embargo, ya hubo algunos importantes Fondos de Inversión que se mostraron en contra, lo cual anticipa un largo proceso de negociaciones para tratar de acercar posiciones. La renegociación de la deuda es como comer una naranja…

Conclusiones en tiempos de Coronavirus.

Hoy nos encontramos en una situación altamente compleja: la deuda externa se encuentra en un proceso de reestructuración y el Estado debe hacer frente a una pandemia sin precedentes, tratando de reducir al mínimo posible las consecuencias económicas y sociales, que no son pocas ni leves.

Resulta evidente que la reestructuración, el manejo y la salida de esta crisis están íntimamente relacionadas. Como vimos, las alternativas que el Estado tiene para financiarse son limitadas, por lo que deberá ser muy eficiente en la gestión de los recursos y apostar a una reactivación económica que permita recomponer los ingresos a través de la recaudación. También, como repitió el ministro Guzmán, nuestro país necesita desarrollar un mercado de deuda pública en pesos y fortalecer mecanismo de ahorro e inversión en moneda local. 

“El gobierno argentino ya explicó en varias oportunidades que tiene voluntad de pago pero que es consciente de que en el contexto de crisis no hay lugar para destinar recursos a cancelar deuda externa.”

El gobierno argentino ya explicó en varias oportunidades que tiene voluntad de pago pero que es consciente de que en el contexto de crisis no hay lugar para destinar recursos a cancelar deuda externa. El default está a la vuelta de la esquina pero las alternativas parecen ser peores para la sociedad en su conjunto. 

Son momentos y son decisiones. Los gobiernos peronistas tienen probada experiencia en momentos como este y las decisiones que tendrá que tomar no serán sencillas. El norte parece ser claro: un esquema de endeudamiento sostenible, con el foco en el aumento de la productividad en sectores clave con fuerte sesgo exportador y sustitutivo que sea virtuoso para la sociedad en su conjunto. Probablemente lo que falte vislumbrar, en medio de la niebla que trajo el coronavirus, es el camino. Mientras tanto, las negociaciones por el canje continúan, buscando tener el mismo éxito que tuvieron Néstor Kirchner y Roberto Lavagna allá por 2005.

[1]  Sin embargo, cuando no nos enfrentamos a pandemias, este cuidado es un trabajo carente de valorización monetaria y es realizado principalmente por mujeres y feminidades. Para profundizar esto deberíamos dedicarle una nota entera. Quizás sea la próxima.

[2] El gobierno sostiene que actualmente el país necesita un financiamiento altísimo -del 22% del PBI- para afrontar sus obligaciones, algo que hasta el FMI afirmó que debe reducirse notablemente para poder garantizar la sostenibilidad de la deuda.

Un comentario en “El dinero no es todo, pero como ayuda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: