¿Cómo vivir después de ti?

El mundo se detuvo. Sobrevuela un fantasma, el del consenso sobre el límite. De Kissinger al Papa, emergen discursos sobre lo que falló o lo que falta. Un malestar que abre la pregunta en torno a cuál será la próxima “normalidad”. La experiencia de lo americano quizás brinde alguna respuesta posible; la periferia como vivencia tangencial, sintomática, siempre fallida de ese sistema ordenado desde el centro puede ofrecernos indicios de un futuro posible. 

El virus es una novedad conocida, la historia de la humanidad está atravesada por distintas irrupciones de virus y bacterias. Lo que produce es una interrupción que devela las condiciones particulares de organización social en un momento determinado. Globalización y neoliberalismo han marcado el ritmo del mundo en las últimas décadas y sobre ellos parecen haberse trastocado las coordenadas.

“Lo que está en juego a partir de la irrupción real del virus, es decidir cómo se quiere habitar la vida que viene.”

El neoliberalismo es una forma de vida, no solo una ideología. Constituye un nuevo tipo de racionalidad que consiste en la extensión de la lógica del mercado a esferas no mercantilizadas. La competencia y el modelo empresarial son el patrón de comportamiento, constituyendo un nuevo tipo de existencia para lo humano. La forma de vida neoliberal es en esencia narcisista, cada quien se realiza y se produce a sí mismo; así, la vida en su conjunto resulta privatizada, subsumiendo la esfera de lo íntimo al mercado. La tendencia es una individualización creciente que coloca al rendimiento personal en el centro. Se potencia asì la competencia, la fractura del lazo social, la pérdida de la solidaridad: la base sólida del capital se asienta sobre una sociedad anónima de narcisistas.

En los últimos años, los discursos oficiales se jactaron de crear individuos capaces de convivir con la incertidumbre, eso hasta que el virus la trajo a primer plano. Se borró así  todo tipo de certeza sobre el futuro, y apareció la angustia que no se calma con las listas de rutinas de los expertos del capital. Parece que organizar el día o consumir la serie del momento no colman la incertidumbre radical a la que nos somete este parate, que nos muestra que el sujeto nunca estuvo cómodo sin las identificaciones a las cuales arrancarle respuestas. Los estados nación, las comunidades, las redes de afecto, aparecen para contener el malestar que brota desde las subjetividades, angustiadas ante lo apocalíptico.  La ilusión del mercado, la del individuo que “vive con lo suyo” y prescinde del resto, choca ante el punto sin representación del sujeto, la finitud. Sin embargo, no existen salvaciones  entre las paredes de la casa propia, ni nadie puede soportar una vida en soledad.  

“La base sólida del capital se asienta sobre una sociedad anónima de narcisistas.”

¿Qué necesitamos para atravesar la pandemia? Un estado que nos cuide, que cuide la vida en sociedad, como así también la inscripción esencial del otrx en el horizonte (no puede existir una cosa sin la otra). Se vuelve necesaria una distancia solidaria que tiene que ver con el cuidado común. Elegir siempre implica una pérdida. Elegir la vida con unx otrx en el horizonte, en estos tiempos, implica perder la cercanía de los cuerpos. Pero una distancia atravesada por lo amoroso, ¿no es una cercanía?

Pensar el porvenir

Las coordenadas de esta cercanía conforman un terreno fértil para tomar impulso hacia el futuro. Lo que está en juego a partir de la irrupción real del virus es decidir cómo se quiere habitar la vida que viene. Un modo posible, como bien lo trabajó Rodolfo Kusch, es el intento de descubrir y pensar, en estas condiciones particulares, un nuevo horizonte humano, menos colonial, más auténtico. La modernidad funciona a partir de lo que Heidegger conceptualiza como conjunción entre poder y técnica: la vida pensada desde lo calculable, lo racional, lo cuantificable, apuntando la tecnología a la producción y el consumo, afirmándose como verdad única. Mientras tanto, este horizonte auténtico vuelve a preguntarse por lo fundamental: el conocimiento, el sentido de la vida, el modo en que nos relacionamos, las tareas que debe llevar adelante un gobierno, la esencia de las democracias. 

Un horizonte en común que se haga eco de las malas noticias requiere, dialécticamente, de una radicalización de la democracia. Recomponer el lazo social, organizar la comunidad, recrearla colocando al Estado como ordenador del mundo social, hoy es revolucionario. Generar condiciones que potencien los vínculos para romper las fronteras del individualismo y la competencia; un Estado que cuide y haga cuidar, que se alimente de la participación de la sociedad civil, que consolide un Sujeto colectivo pero no colectivizante, que ayude y se deje ayudar. Recrear esta y cada vez la comunidad, haciendo carne la experiencia americana hasta sobrepasar los límites posibles del sistema capitalista desde una lógica del bien común. 

“Un horizonte en común, que se haga eco de las malas noticias, requiere, dialécticamente, de una radicalización de la democracia.”

En una correlación de fuerzas frente a quienes quieran perpetuarse en las lógicas del capitalismo salvaje, el populismo de izquierda se presenta como el único capaz de formar una hegemonía. Laclau lo describe como la “extensión equivalencial de las diferentes demandas”, un significante vacío que pueda acumular las experiencias heterogéneas que se desarrollen en el mundo. Lo singular, lo popular, los sujetos que quedan fuera del aparato financiero/productivo; el “saber hacer con esas brechas, esas diferencias,  en la construcción de una voluntad colectiva, es el arte de lo político” como dice Jorge Alemán.  Latinoamérica supo construir un bloque,  supo dar las discusiones que hoy retornan con toda su fuerza, y puede ser también el modelo de un próximo internacionalismo no etnocéntrico.

El virus actúa como un afuera que irrumpe para sacarnos de nuestros propios narcisismos. Ahora, detenidxs en el sendero de la historia, aquella que San Agustín define magistralmente como la lucha entre el amor a sí mismo y el amor al otro, nos vemos enfrentadxs a la sentencia que nosotrxs mismxs dictamos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: