Las olas, el viento y ¿el Covid?: El futuro del turismo

Leyendo artículos y noticias que me permitieran escribir esta nota y reflexionar sobre el turismo post aislamiento social, encontré la siguiente afirmación: “La pandemia mundial de coronavirus asestará un duro golpe al sector turístico, pero podría suponer una oportunidad para cambiar el sistema y volver a un turismo similar al de los años 70: familiar, en coche y de proximidad”. (1).

La afirmación podría ser cierta siempre y cuando el turismo se incline en el corto plazo hacia destinos cercanos a los que se pueda acceder en medios de transporte no masivos, como lo es el auto particular. Sin embargo, tal afirmación es cuestionable en la medida en que la sociedad y el mundo han cambiado mucho desde 1970 hasta la actualidad. Dicho de otra manera, para tener un turismo similar al de 1970 habría que tener una sociedad igual a la de ese entonces, lo cual, desde ya, es imposible.

“Esto implicó una democratización del acceso a la práctica turística y dio lugar al turismo masivo de sol y playa, donde Mar del Plata cambió su identidad elitista para dar lugar a una enorme cantidad de turistas que, verano tras verano, copaban las playas.”

Las modalidades de turismo dominantes históricamente se correspondieron con contextos sociales, económicos y culturales específicos. En Argentina, por ejemplo, el surgimiento de Mar del Plata hacia fines del siglo XIX se correspondió con un turismo y una modalidad de élite. El turismo tuvo para los sectores dominantes una clara función social en la medida en que persiguió definir y reforzar su grupo de pertenencia estableciendo, a su vez, distinciones respecto a otros grupos. En relación a las prácticas específicamente turísticas, la playa cumplía una función diferente a la que conocemos en la actualidad; era fundamentalmente el ámbito de reunión, o el paisaje visible desde la rambla y los ventanales de los grandes hoteles.

Posterior a la crisis mundial que el capitalismo experimentó en 1929 se generó un cambio en las condiciones internacionales con un consecuente aislamiento de la economía argentina. Tal escenario promovió el desarrollo de un modelo productivo que aprovechó las potencialidades del mercado interno sobre la base de un desarrollo industrial sustitutivo de importaciones con alta utilización de mano de obra. Surge en este periodo un tipo de sociedad salarial donde se consolidó una esfera del ocio por oposición al mundo del trabajo, al amparo de una legislación laboral que aseguró que quienes trabajan dispongan de los ingresos y el tiempo libre suficiente para consumir los productos que se lanzaban al mercado. En este proceso de expansión del consumo en la sociedad, el turismo y el acceso a su práctica comenzaron también a expandirse. Esto implicó una democratización del acceso a la práctica turística y dio lugar al turismo masivo de sol y playa, donde Mar del Plata cambió su identidad elitista para dar lugar a una enorme cantidad de turistas que, verano tras verano, copaban las playas. La práctica turística cambia en relación a la modalidad previa, teniendo ahora el baño de mar y la permanencia en la playa una función mucho más trascendental. Con los años surgirán muchos otros balnearios en la Costa Atlántica para contener la expansión del turismo masivo. 

Playa Varese en Mar del Plata. Imagen representativa del turismo masivo. (2)

Por otra parte, en Argentina se darán profundas transformaciones sociales y económicas que se consolidaron en los años noventa. Éstas tuvieron como fundamento el abandono del modelo de desarrollo orientado al mercado interno y con fuerte intervención estatal. Procuraron, por el contrario, la instalación de un modelo económico neoliberal, abierto al mercado internacional y asociado al achicamiento del Estado, en particular en lo que refiere a su intervención en la economía. Tales transformaciones impactaron negativamente en el principio de universalidad que había caracterizado al turismo masivo (donde la mayoría consumía los mismos productos turísticos y del mismo modo), ya que la mayor flexibilización laboral incide en la forma en que se tendrá acceso al tiempo libre, dando lugar a una mayor fragmentación del mismo. El veraneo resultó el principal perjudicado, ya que la posibilidad de disponer de un largo período anual de vacaciones en un momento fijo del año será cada vez más difícil, a la vez que el empobrecimiento excluye a muchos sectores de poder acceder al turismo. 

En su mayoría, la bibliografía actual sobre turismo gira en torno a analizar las oportunidades del turismo en este contexto post-masivo, donde se imponen nuevas tendencias derivadas de un contexto caracterizado por la fragmentación social y donde el consumo comienza a diferenciarse según segmentos de mercado. Esto permite entender el surgimiento de numerosos destinos y prácticas tales como el mini turismo (o turismo de fin de semana), el turismo aventura, de naturaleza, cultural, urbano, el surgimiento de otros productos turísticos en destinos tradicionales, entre tantas otras ofertas y prácticas turísticas.

“El turismo de élite no desapareció para dar lugar al turismo masivo, sino, más bien, procuró encontrar otros destinos y/o prácticas.”

Es necesario destacar que las modalidades mencionadas no se sustituyen. El turismo de élite no desapareció para dar lugar al turismo masivo, sino, más bien, procuró encontrar otros destinos y/o prácticas no alcanzados por el turismo masivo para encontrar su nicho y continuar distinguiendo socialmente a determinados sectores. Lo mismo puede argumentarse del turismo masivo y el post-masivo en la medida que la práctica masiva de sol y playa no desaparece, sino que deja de ser la modalidad dominante para convivir con otras formas de hacer turismo que hasta la década de 1990 no existían.

Ahora bien, ¿qué va a ser del turismo post pandemia? Como leí en muchos sitios, es “la pregunta del millón”, aunque también lo es qué va a pasar con todas las esferas de la sociedad, de las que hay muchas preguntas pero pocas certezas. El panorama es muy incierto aunque podríamos permitirnos pensar en cómo afectará la pandemia y el aislamiento social a nuestras ganas de viajar. Al menos en el corto plazo, podría generarse un temor por lo lejano, por lo demasiado diferente, por las grandes aglomeraciones y por “lo urbano”. En este sentido, el turismo se inclinaría a entornos naturales que crean y/o potencian (ideas de) entornos seguros, aislados y cercanos (no solo en distancia sino también a lo conocido).

“¿Qué va a ser del turismo post pandemia?”

Cabe destacar que el turismo es una actividad absolutamente prescindible en tiempos de crisis, por lo cual, muchos sectores al haber experimentado una abrupta caída de sus ingresos van a prescindir de viajar. Sin embargo, aquellos sectores que no experimentaron una caída de sus ingresos, ¿podrán y/o querrán viajar en el corto o mediano plazo? 

Veamos, por ejemplo, el siguiente caso: ¿tendrá voluntad de viajar a San Clemente una familia que no vio sus ingresos disminuidos debido al aislamiento social? Económicamente lo podrá afrontar y quizás las playas no estén tan concurridas como otros años, pero en el imaginario colectivo está la idea de que San Clemente es un destino masivo, lo cual le va a conferir una valoración negativa a la hora de planificar el viaje. Ahora bien, esa familia quizás tenga voluntad de realizar otro tipo de viaje hacia destinos y/o prácticas alejadas de lo masivo. La pregunta es: ¿podrá afrontarlo económicamente? El viaje hacia destinos que ofrecen (ideas de) entornos naturales, seguros y aislados, que podrían resultar más tentadores, suponen también un gasto mucho mayor en la medida que están destinados también hacia un público de mayores ingresos. 

Las preguntas no terminan aquí, ya que esos destinos “más seductores”, pensemos en, por ejemplo, El Calafate, se alimentan en gran medida del turismo internacional. Al verse la actividad turística disminuida por la caída del turismo internacional tras la pandemia, ¿intentará el destino compensar tal caída con turismo nacional? Para compensarla posiblemente deba adaptar sus precios al bolsillo promedio de las familias argentinas, pero ¿podrá hacerlo sin que implique una disminución en la calidad de los servicios prestados y no falle en ofrecer un entorno seguro?. 

Para compensarla posiblemente deba adaptar sus precios al bolsillo promedio de las familias argentinas, pero ¿podrá hacerlo sin que implique una disminución en la calidad de los servicios prestados y no falle en ofrecer un entorno seguro?.” 

Como se ha escuchado en distintos medios, el turismo y los espectáculos han sido los primeros en entrar en cuarentena, y probablemente sean los últimos en salir de ella. Esto implica un escenario complejo ya que hay localidades, provincias y hasta países que dependen del turismo y que en el corto y mediano plazo van a verse muy seriamente comprometidos. 

Creo que los destinos deberán redefinirse intentando borrar las marcas de lo masivo. En el corto plazo podríamos asistir a un impulso de modalidades turísticas elitistas no tan conocidas, pero que existen desde hace ya varios años como son los barrios privados. En la Costa Atlántica, por ejemplo, existen más de veinte emprendimientos de ellos (algunos en proceso de construcción y otros ya consolidados) donde sus promotores turísticos e inmobiliarios ofrecen (ideas de) entornos naturales, tranquilos, seguros y sostenibles. Tal entorno podría resultar aún más atractivo en un contexto post aislamiento social, por lo que podríamos experimentar en el corto plazo un auge de estos.

Párrafo aparte merece el concepto de sostenibilidad en el turismo, definido por la Organización Mundial del Turismo como: “El turismo que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas” (3). Considero que no es posible hablar de sostenibilidad en emprendimientos como los barrios privados donde el acceso a la naturaleza que prometen se encuentra sumamente restringido y cuando la distancia con la comunidad local es tan grande.

Así será Nortbeach, en Pinamar
Proyecto Northbeach en Pinamar (4)

Definitivamente las sociedades, y en consecuencia el turismo, experimentarán cambios. Estos son imposibles de predecir, sin embargo, espero que las preguntas y reflexiones surgidas en esta nota contribuyan a pensar en un futuro donde el turismo traiga un poco de paz después de tanta tormenta sin perder de vista que es un sector complejo con capacidad de acentuar desigualdades sociales. Es responsabilidad de quienes nos gobiernan (a escala municipal, provincial y nacional) procurar que el turismo sea una actividad inclusiva, que genere puestos de trabajo genuinos y nos permita disfrutar a todes de nuestras merecidas vacaciones.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: