¿El show debe continuar?

La pandemia parece haber cambiado de una vez y para siempre el funcionamiento de las sociedades modernas o, por lo menos, lo ha puesto en pausa. Las políticas de aislamiento se están implementando en casi todo el mundo, la evidencia ha demostrado que (por el momento) es la única respuesta eficaz para evitar la propagación del coronavirus. En la Argentina, Alberto Fernández decretó la cuarentena anticipadamente, la rapidez con la que se pusó en funcionamiento le evitó a nuestro país postales como las que se dieron en Estados Unidos o Italia. Pero las consecuencias de la extensión del aislamiento, en una economía frágil como la nuestra, ya comenzaron a sentirse y ponen en peligro la continuidad de muchos rubros y actividades, especialmente, la cultural. 

Todo indicaría que las actividades culturales van a ser las últimas en volver a ponerse en funcionamiento, los circuitos culturales oficiales y privados hablan de año perdido para industrias como el cine y el teatro comercial. Pero para la cultura independiente, la situación actual sólo refuerza viejas problemáticas que el sector viene arrastrando. Artistas, gestores e, incluso, empresarios del entretenimiento han puesto en el centro de la escena sus reclamos que, vistos de manera retrospectiva, resultan ser una trama ya conocida por los creadores y trabajadores de la cultura: la trama de la precarización y de la lucha constante por el reconocimiento de la labor artística, no sólo como generadora de capital simbólico sino, también, como una actividad económica en sí misma. 

El trabajo remoto y las reuniones virtuales parecen haber llegado para quedarse y cambiar no sólo la manera de relacionarnos sino también de ejercer nuestro trabajo. El boom de las plataformas y de otras formas de generación del empleo ponen el acento en los debates que se abren respecto a la regulación del trabajo. Si bien el gobierno esbozó un paquete de  medidas direccionado a proteger a los sectores de menores recursos y a las pymes ¿Que pasá con un sector que no sólo necesita asistencia sino también reconfigurar su forma de trabajo? ¿Cuales son los desafíos que tienen por delante los funcionarios a la hora de pensar políticas públicas para recomponer los estragos que el coronavirus produce y producirá sobre la cultura? ¿Qué perspectiva es necesario incorporar en las líneas de fomento para generar medidas que sean accesibles y efectivas? ¿Cómo trascendemos el ideario de la cultura no sólo en términos de derechos en cuanto a su acceso sino también como fuente de trabajo? 

La cultura, foco de resistencia.

Con la llegada de Alberto Fernández a la presidencia muchas argentinas y argentinos dejábamos atrás cuatro años signados por la incertidumbre tanto a nivel social como económico e institucional. Una de las primeras decisiones de gobierno que tomó fue la recomposición de la totalidad de los ministerios que durante la gestión de Mauricio Macri habían sido reducidos a secretarías de gobiernos. Si bien Alberto ya había dejado clara su intención de devolverle al Ministerio de Cultura su jerarquía institucional, la medida prometía ser el comienzo de un largo y necesario proceso de reparación para el sector. 

Asunción de Tristán Bauer como Ministro de Cultura de la Nación. Foto: Infobae

Durante los últimos cuatro años la cultura sufrió importantes recortes, ninguneos y un absoluto desprecio tanto para quienes producían bienes artísticos como para quienes intentaban, en un contexto tan adverso, generar iniciativas que pudiesen fomentar la creación y el trabajo. El agravamiento de la situación económica, el aumento de tarifas y la falta de políticas de fomento para la actividad trajeron como consecuencia el cierre de numerosos espacios culturales y un aumento en la precarización laboral de los trabajadores de la cultura. A su vez, el gobierno de Mauricio Macri llevó adelante el desmantelamiento de instituciones públicas culturales e intentó avanzar en la intervención sobre los fondos de los organismos descentralizados como fue el caso del Fondo Nacional de las Artes y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, en este último caso facilitado por una perversa operación mediática.

Estas medidas se replicaron en la Ciudad y en la Provincia de Buenos Aires, ambos distritos gobernados por la coalición Cambiemos. En el primer caso, tras las renuncias de Darío Lopérfido y Ángel Mahler signadas por la polémica, la gestión de Enrique Avogrado permitió restablecer algunos canales de diálogo con los sectores culturales que habían sido dinamitados los primeros años. En el caso de la Provincia de Buenos Aires, Alejandro “Conejo” Gómez, titular del área, realizó importantes desvíos de fondos para la realización de eventos en los municipios afines a Cambiemos y condenó al abandono a emblemáticos espacios culturales de orden provincial, como el Teatro Argentino de La Plata. 

La cultura se ha movilizado en numerosas oportunidades en la era Macri. Foto: Bernardino Ávila

Durante estos años la cultura se convirtió en uno de los sectores con mayor poder de organización frente a los conflictos que despertaron las medidas impuestas por la gestión de Mauricio Macri.

Movilizados y organizados lograron visibilizar el desfinanciamiento al que se estaba sometiendo a la cultura en su conjunto.

El cambio de gestión a nivel nacional abrió una etapa de reconstrucción del sector en sus distintas industrias y disciplinas, pese al fuerte endeudamiento que Argentina carga en sus espaldas.

Arrastrando crisis, delante y detrás del telón


Las noticias sobre la propagación de un virus desconocido en los países asiáticos y europeos dejaron, rápidamente, de ser una realidad lejana para subsumirnos a un estado de emergencia. Lo que pudo convertirse en una catástrofe para la Argentina, logró apaciguarse gracias a la rápida respuesta a nivel sanitario. Sin embargo, las consecuencias inmediatas del aislamiento fueron la paralización de la mayoría de las actividades económicas y recreativas, entre ellas la actividad cultural. Empresarios y productores suspendieron funciones, eventos y recitales, lo que representó un fuerte golpe para el sector y la pérdida de una gran cantidad de puestos de trabajo, en su mayoría precarizados o con contratos temporales. 

El Ministerio de Cultura de la Nación, conducido por el cineasta Tristán Bauer, tenía el desafío de implementar una rápida respuesta para un sector que no había logrado recuperarse de los golpes recibidos por la antigua gestión: se impulsaron becas y subsidios extraordinarios para aliviar la difícil situación económica de artistas, productores y dueños de espacios culturales. Sin embargo, dichas ayudas adoptan la dinámica habitual de las convocatorias a subsidios, caracterizadas por un breve lapso de inscripción para reunir la documentación requerida, montos que no terminan de solventar los gastos necesarios y, por sobre todo, la larga espera de la adjudicación del dinero a quien lo solicita. A esto se le suma la imposibilidad de los artistas de poder desarrollar su trabajo y, en consecuencia, la no percepción de ingresos que permitan sobrellevar la espera en la adjudicación de los montos que los mismos solicitan. De esta forma, los trabajadores de la cultura son presos de un círculo vicioso en el que una medida que busca aligerar el corto plazo termina por concretarse en el largo plazo, este último caracterizado por una incertidumbre generada por la inestabilidad laboral habitual del trabajo artístico. 

Los espacios culturales, unos de los más afectados por la pandemia. Foto: ARTEI

Profundizando en el plano laboral de los artistas, el conflicto más visibilizado en estas últimas semanas fue el de los actores y su imposibilidad de poder realizar su trabajo, tanto en cine como en televisión. Si bien muchos actores han apostado a las redes sociales como un soporte para desplegar su creatividad, otros han decidido tomar el toro por las astas y peticionar a las autoridades de la Asociación Argentina de Actores para que pueda interceder con el fin de permitir el trabajo actoral y, de esta manera, resolver la forzada inestabilidad no sólo en los actores, sino también en técnicos y demás trabajadores del cine y la televisión. A diferencia de los reclamos y las acciones que organismos como el INCAA o SAGAI y el movimiento “Artistas Solidarios”  han llevado a cabo, vinculados al pedido a los canales de televisión de aumentar la exhibición de ficción nacional y la contención, mediante llamados telefónicos o entrega de alimentos, para artistas que no se encuentran en actividad, el sindicato presidido por Alejandra Darín ha tenido actuaciones desafortunadas, con declaraciones como “trabajar es un delito” o “la actividad actoral no es imprescindible”, sin siquiera haber intentado la elaboración de un protocolo, como muchas industrias lo han hecho, para dar una respuesta satisfactoria a los actores que, luego de dichas palabras de Darín, han reiterado su preocupación y descontento frente al papel desempeñado por la AAA. 

Es así como la crisis del Coronavirus ha corrido el telón a otra crisis: la de los artistas y sus condiciones laborales predominantemente precarizadas, con un mercado de trabajo que se caracteriza por la inestabilidad y la naturalización de prácticas que llevan a la aceptación de condiciones que vulneran sus derechos.

Y como si fuera poco, se suman la dificultad de obtener subsidios nacionales debido a la fuerte demanda de los artistas y gestores de todo el país y la ausencia, en algunos casos, de acciones concretas de los sindicatos que nuclean artistas, técnicos y demás trabajadores de la cultura en momentos en los que se avasallan los derechos laborales.

Cuando pase el temblor

Las consecuencias de la pandemia se extenderán por mucho tiempo y algunas actividades cambiarán por completo.

En el caso de la cultura, todo indica que la irrupción de nuevos canales de comunicación virtuales y la larga espera a la que deberá someterse todo el sector para reactivar su industria modificarán la manera en que la conocemos y consumimos.

El futuro está repleto de incógnitas y será desafío del Estado elaborar respuestas para uno de los sectores más castigados por la crisis. ¿Los espacios culturales deberán reconvertir sus actividades para sobrevivir esta emergencia? ¿Se lograrán ensayar políticas a largo plazo que permitan que el sector entre en un proceso de recuperación? ¿Es posible la concreción de iniciativas que eviten la balcanización de las instituciones públicas, los sindicatos y las sociedades de gestión de derechos de autor y/o imagen? 

La necesidad de un debate de todo el arco cultural resulta imprescindible. Foto: Manifiesta Comunicación

A modo de respuestas tentativas, pero no absolutas, la discusión y la reflexión de una legislación laboral (como, por ejemplo, la Ley del Actor del 2015) que sea democrática, involucrando a artistas, gestores y al propio Estado, resulta imprescindible, al mismo tiempo que se elaboren incentivos a nivel local para la creación de fondos de fomento a la cultura (siempre y cuando no los posean) y trabajar en beneficios impositivos para espacios.

La creatividad, que tanto se pone en valor para los artistas, debe ser el motor para impulsar las políticas públicas y las soluciones que contemplen el futuro de la cultura en estos tiempos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: