La soledad es cosa rara


“La soledad es cosa rara
Con tanta gente sola
Si les soles se juntaran
La soledad queda sola”
.
Susy Shock

70 días y contando 

El aislamiento social preventivo y obligatorio ha creado la ilusión de que el mundo está parado. Cada une desde su casa mira las noticias y escucha las comunicaciones de Alberto casi como una experiencia surrealista, como si todo esto fuese parte de una gran ficción a lo The Truman Show. Pero no me interesa redundar en cuestiones ya discutidas muchas veces en los portales de notas del país. Por el contrario, me interesa hacer foco en los puntos ciegos del aislamiento, en algunas de las preguntas que nos deja este tiempo de incertidumbre.

Uno de los roles históricos del movimiento feminista tiene que ver con la visibilización de las violencias que sufrimos bajo el yugo del sistema heterocis-patriarcal. Según los observatorios de La Casa del Encuentro y Ahora Que Sí Nos Ven, entre el 20 de marzo y el 30 de abril se registraron por lo menos 36 femicidios. Es claro que para muches de nosotres el aislamiento social representa una situación de extrema vulnerabilidad, que nos deja aún más que antes en un lugar de anonimato. En este momento, el trabajo de visibilización y denuncia es absolutamente fundamental, y va de la mano con sostener las disputas en la agenda pública sobre el accionar de las políticas existentes en materia de violencia de género. En este mismo sentido, el Estado es la única herramienta que nos permite llegar a todos los puntos del país: ante el contexto, se torna urgente la profundización de políticas que aborden de manera integral y eficiente las situaciones de violencia por motivos de género.

En este momento, el trabajo de visibilización y denuncia es absolutamente fundamental, y va de la mano con sostener las disputas en la agenda pública sobre el accionar de las políticas existentes en materia de violencia de género.


Sin embargo, hay otras preguntas importantes para hacernos: ¿la visibilización de las violencias sufridas y agravadas por el aislamiento es el único rol posible de los feminismos en estos tiempos de pandemia? ¿Qué otros aportes se pueden hacer en este contexto? ¿Qué nuevos desafíos tenemos por delante como movimiento?

Ahora que estamos juntes

Bien sabemos que las calles fueron, históricamente, un lugar de encuentro y de lucha para nuestro país. Desde las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo hasta las jóvenes con pañuelos verdes, el espacio público funciona como escenario de una performance espontánea que reúne a miles de personas -algunes agrupades, muches otres no- poniéndole palabras a las injusticias que nos atraviesan. 

¿La visibilización de las violencias sufridas y agravadas por el aislamiento es el único rol posible de los feminismos en estos tiempos de pandemia? ¿Qué otros aportes se pueden hacer en este contexto? ¿Qué nuevos desafíos tenemos por delante como movimiento?


Aquella primera marcha en 2015 convocada al grito de Ni Una Menos fue un punto de quiebre en la historia de nuestro país. A partir de ese momento, el movimiento feminista logró consolidarse como un actor político de gran peso, poniéndose a la cabeza de disputas fundamentales y marcando la agenda pública con sus demandas. A lo largo de estos años, el movimiento viene agrandándose cada vez más: desde las marchas masivas por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que inundaron las calles del Congreso de pañuelos verdes, glitter y un mar de abrazos; hasta los Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries; las Marchas del Orgullo y los Paros Internacionales del 8 de Marzo; entre otros hitos que marcaron estos tiempos.

Lo personal es político como bandera nos impulsó a tantes a salir del clóset de lo privado para estallar en un sólo grito colectivo en la vida pública: nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio. 

Lo personal es político como bandera nos impulsó a tantes a salir del clóset de lo privado para estallar en un sólo grito colectivo en la vida pública: nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio. 

Todas estas instancias, ancladas en el habitar el espacio público, en miles de personas de distintas generaciones y sectores sociales ocupando las calles en unidad, mostraron por un lado una enorme diversidad que enriquece al movimiento y, por otro, una capacidad de acción y articulación infinita. 

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Feminismos 2.0


Ahora bien, sabemos que las calles ya no son un lugar de encuentro posible, al menos momentáneamente. Las preguntas sobran y ensayar las respuestas es el trabajo que tenemos por delante: ¿qué sucede con esas enormes redes que supimos construir en la presencialidad? Sabemos que la presencia física es irreemplazable; los abrazos, las miradas, las manos entrelazadas, son imágenes características e identitarias del movimiento feminista. Entonces, ¿es posible la lucha feminista por videollamada? ¿cómo motorizamos nuevas redes de articulación y construcción colectiva desde la virtualidad? ¿cómo seguimos potenciando y canalizando esa energía y esa capacidad de acción demostradas en estos años? ¿cómo logramos expandir esas redes de articulación para llegar a todes? Y, pensando los feminismos de manera transversal, ¿qué otros roles podemos y queremos ocupar en este momento? ¿qué otros aportes se pueden hacer desde una perspectiva feminista a las problemáticas que nos presenta el contexto actual?

Entonces, ¿es posible la lucha feminista por videollamada? ¿cómo motorizamos nuevas redes de articulación y construcción colectiva desde la virtualidad? ¿cómo seguimos potenciando y canalizando esa energía y esa capacidad de acción demostradas en estos años?


Para ordenar un poco estos pensamientos…hoy nos toca mirar la realidad a través del prisma de la pandemia y a través de las pantallas, pero también nos toca seguir trabajando colectivamente para transformarla. Tenemos, por un lado, un primer desafío que consiste en reconfigurar esos lazos feministas en este momento en el cual nuestro mayor punto de encuentro se ve afectado por la propagación del virus. Bien sabemos que la creatividad para construir mecanismos de organización novedosos es una marca distintiva de los feminismos. En este sentido, tenemos la responsabilidad de salir a tejer nuevas redes de articulación y trabajo colectivo desde la virtualidad.

@melidibujando


Por otro lado, más que nunca tenemos que pensar a los feminismos desde la transversalidad, entenderlos como un lente que nos permite ver la realidad con una perspectiva particular y accionar con una praxis específica, pero que abarca absolutamente todo. El segundo desafío se relaciona con explorar cuáles son los aportes necesarios y fundamentales que podemos hacer desde una perspectiva feminista a las problemáticas que surgen en el marco de la pandemia y de las múltiples crisis que conlleva. Expandir los horizontes para dar las disputas políticas necesarias en todos los ámbitos.

Parafraseando a Susy, cada vez que nos juntamos, la soledad queda sola. Seguir encontrándonos y abrazándonos a la distancia es la tarea, porque la salida -también la salida del virus- es siempre colectiva.

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