Adorarte es muy poco

Por la costumbre de verte,
me empezó a gustar tu suerte y tu vida.
Demasiado cerca de la mía.
(Rosario Bléfari, Estaciones)

En la fría mañana del 6 de Julio de 2020, muchxs nos enteramos de que la actriz, cantante y escritora Rosario Bléfari había dejado este mundo, tras una larga batalla contra una enfermedad terminal. A las primeras personas que, tímidamente, comenzaron a despedirse de ella vía redes sociales se sumó la confirmación de una amiga de su círculo íntimo. Fue en ese momento en el que las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Al igual que tantos otrxs, Rosario marcó mi vida a través de sus canciones y sus personajes interpretados en el cine. Más allá de no tratarse de una artista del mainstream, las demostraciones de afecto expresadas por otrxs colegas, periodistas y público en general dejaban en claro la pérdida irreparable a la que nos estábamos enfrentando. 

De comenzar su camino con recitales en el Bar Bolivia del barrio de San Telmo a marcar un antes y un después en el rock alternativo de la década del noventa junto a su banda Suárez, Rosario tuvo el lujo de incursionar como actriz de cine junto a prolíficxs directorxs, como Raúl de la Torre, María Luisa Bemberg y Martín Rejtman, al mismo tiempo que fue dirigida por jóvenes promesas argentinas como Rodrigo Moreno, Leandro Listorti y Milagros Mumenthaler. No puede dejar de mencionarse su continuidad musical como solista, con canciones que nos marcaron por su frescura y sonidos tan característicos que resultan imposibles de desconocer. 

Rosario Bléfari se destacó en la música, la actuación y las letras. Foto: Paula Grandío.

¿Qué sucede cuando unx artista se va? ¿Cuál es el verdadero legado entre lxs seguidorxs? ¿Qué es lo que hace que no podamos olvidarnos de sus obras y encontremos un momento de nuestra vida, por más pequeño que sea, para asociarlo a una canción o un poema? Permítanme, a partir de mi experiencia personal, responder a estas preguntas que, a su vez, servirán para descubrir (y por qué no redescubrir) a Rosario Bléfari.

Amor a primera escucha

Cuando tenía 12 años, mi vida se repartía entre la escuela, el instituto de música al que asistía y las horas de ocio hogareño que aprovechaba para escuchar discos y ver televisión. De la primera actividad recuerdo que pasaban por mi oído infinidad de géneros; mis favoritos eran el jazz, el rock nacional y algo de música clásica. En lo que refiere a la televisión, tengo presente en mi memoria que, en ese año, atravesé la transición de canales infantiles hacia los primeros programas de la señal MTV, que combinaba series, reality shows y, por supuesto, programas de música. 

En uno de los tantos videoclips que pasaban frente a mis ojos, me encontré con Nerdkids, una banda oriunda de La Plata que ya está disuelta. Con su estética y sonidos característicos de la estética glam y unos rasgos punk, hicieron que rápidamente su primer disco llegase a mis manos. Y fue en esa escucha donde encontré, más específicamente en el tema número nueve, llamado Estaciones, la voz de Rosario Bléfari. Si bien se limitaba a cantar coros y acompañar al cantante de la banda, ese sonido rápidamente entró en mí. Por momentos resultaba raro, por otros se volvía dulce, pero había captado mi atención sin que yo pudiese reparar en otra cosa. Al leer el folleto que venía con el disco, encontré impreso el nombre de Rosario como artista invitada en ese tema que escuché una y otra vez esa semana.

Por momentos resultaba raro, por otros se volvía dulce, pero había captado mi atención sin que yo pudiese reparar en otra cosa.

Unos días más tarde, en el ya extinto Suplemento Sí!,especializado en cultura joven, dentro de un reconocido diario, volví a leer ese nombre: Rosario Bléfari. Estaba escrito en el anuncio de un recital suyo, donde también figuraba el nombre de dos de sus discos, uno del mismo nombre del tema con el que descubrí su voz. Rápidamente, fui corriendo a la disquería que tenía cerca de mi casa y pregunté por esos álbumes. El encargado del negocio que pertenecía a una conocida cadena de venta de música y películas -que, luego, devino en tienda de electrodomésticos- me contestó que no los tenía de nombre. Recuerdo sentir una ofuscación indisimulable frente a su respuesta. Inmediatamente, al volver a casa, agarré un cuaderno y escribí el nombre de Rosario y los dos discos que había ido a buscar sin éxito. 

Los años pasaron y de la escuela primaria pasé a la secundaria, del instituto al conservatorio de música y, también, del internet por conexión telefónica (conocido como dial-up) al modem de wi-fi. Al contar con más tiempo para navegar por la red, sin entorpecer los llamados telefónicos, tuve la posibilidad de descubrir YouTube. En uno de esos días tuve la idea de teclear el nombre de Rosario Bléfari en el buscador del portal de videos. Me encontré con el primer resultado: la canción Cuaderno del disco Misterio relámpago. Al escucharla, me volví a encontrar con esa voz que me había cautivado aquella vez. La letra no trataba de una historia de amor o de un sentimiento grandilocuente. Refería a algo pequeño,  cotidiano, pero no dejaba de ser bello al estar en total armonía con la música y, por supuesto, con el cantar y el decir de Rosario. 

La discografía de Bléfari abarca tanto su período solista como la época de su banda llamada Suárez

Al llegar al primer año de la facultad, y después de constantes escuchas, me encontré con el tan anhelado disco Estaciones. Cada vez que lo escucho, ya sea en momentos felices y no tanto, voy encontrando nuevas lecturas. Como aquella vez en la que, estando en pareja, sentía en esas canciones distintas maneras de encarar el amor, por fuera del denominado “amor romántico”. Me acuerdo que esas reflexiones también estuvieron influenciadas porque, en esa misma época, pasaba días enteros escuchando Estaciones y leyendo El pasado de Alan Pauls. 

Al llegar a los 20, y tras muchos años de escuchar sus discos solistas, llegué a Suárez, la banda que marcó un hito en la carrera de Rosario Bléfari. Me encontraba trabajando como asistente de dirección en una obra de teatro que dirigía una amiga que hoy está lejos. En una de las funciones, que hacíamos en un teatro que cerró hace unos años, nos encontramos con que nuestro vestuario había desaparecido. Si bien se trataba de una obra que no tenía requerimientos específicos en cuanto a la ropa de lxs actores, la situación nos angustió mucho y la tensión estuvo presente en esa función. Sin embargo, una vez que el público se había ido y nos tocaba desarmar la sala, un sonido se coló desde el bar del teatro. Inmediatamente, reconocí la voz de Rosario; mi amiga, que estaba desganada por la pérdida del vestuario, dijo con una mueca que lentamente se convirtió en sonrisa: ¡Suárez!

Si mal no recuerdo, la canción que sonaba era Excursiones. Esa noche, el encargado del bar nos dijo que él tenía un parentesco con uno de los integrantes de la banda. Al volver a casa, no pude dormir escuchando la seguidilla de álbumes que Rosario creó de la mano de Suarez. Un rock distinto, que en sus melodías llevaba la esencia experimental del rock independiente de los años noventa. Y todo comandado por una mujer, con lo difícil que resultaba eso en el ambiente musical noventoso. Esa mujer era Rosario Bléfari.

Rosario y el cine

Miré tu foto y te miré
Como escuchando tu voz
(Rosario Bléfari, Inocente
).

Así como el descubrimiento de las canciones y la voz de Rosario Bléfari se dió al finalizar la escuela primaria, sus personajes cinematográficos entraron en mi vida en el último año de la escuela secundaria. Fue un verano en el que mi madre me mostró por YouTube los sketchs de Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese en El palacio de la risa. En ese momento también descubrí, por la curiosidad que me generaron esas escenas, el Parakultural. Ese hito de los años ochenta reunió a una infinidad de artistas, entre lxs que se encontraban Batato Barea, Verónica Llinás, María José Gabin, Vivi Tellas, Daniel Melero, Carlos Belloso, Valeria Bertuccelli y, por supuesto, Rosario Bléfari. 

Con una trama simple y diálogos que, en ese momento, me resultaban escuetos, la actuación de Rosario mostraba a una joven que parecía totalmente inocua, pero que producía cierta ternura en su búsqueda de otra mujer que, al igual que su personaje, se llamaba Silvia Prieto.

Estos dos últimos nombres me hicieron llegar a Silvia Prieto, película protagonizada por Rosario y dirigida por Martín Rejtman. Con una trama simple y diálogos que, en ese momento, me resultaban escuetos, la actuación de Rosario mostraba a una joven que parecía totalmente inocua, pero que producía cierta ternura en su búsqueda de otra mujer que, al igual que su personaje, se llamaba Silvia Prieto. Más allá de que no se tratase de una acción atravesada por sentimientos y emociones, la película me cautivó por su forma de mostrar aquello que, en el cotidiano, nos parece intrascendente. Al igual que los discos, vi la película infinitas veces. Recuerdo que fue en el período de ensayos de la obra de la que hablé antes y la trabajamos en conjunto con La chica de la fábrica de fósforos de Aki Kaurismaki. 

Rosario Bléfari y Valeria Bertuccelli en Silvia Prieto (1998). Foto: Paula Grandío

Desde ese momento, me volví un espectador recurrente de toda película en la que ella participara. Y siempre me sucedía aquello que me pasó con la cinta de Rejtman: encontrar bellezas, tensiones y giros interesantes en lo cotidiano. Sentía que eso era, en parte, un gran mérito de Rosario como actriz. 

La última película en la que la vi se llama La idea de un lago. En esa cinta de Milagros Mumenthaler, me impresionó el envejecimiento que ostentaba. Encarnaba a una madre invadida por sus recuerdos tortuosos y con fuertes implicancias emocionales, pese a la austeridad que la película ofrece desde lo visual. A pesar del paso del tiempo, su cara siempre me recordaba a esa dulce y delicada Silvia Prieto. Eso mismo me pasó hace dos años atrás, cuando la vi en persona mientras trabajaba en un importante festival de cine. Se acercó a preguntarme por una película cuyo nombre ya no recuerdo. Al contestarle que no quedaban entradas se sintió un poco derrotada, pero su sonrisa cuando me agradeció por la amabilidad trajo a mí el recuerdo de esa simpatía intacta que Silvia Prieto despertaba y que, tras ese encuentro, confirmé era propia de Rosario.

Viento helado, voy al viento

El día que Rosario se fue, el reconocido músico y compositor Diego Frenkel escribía en sus redes: 

Cuando muere un artista queda el legado de la belleza que le ha extraído al mundo, a su mundo y al colectivo; ha transformado esa linealidad fatal del tiempo en atemporal belleza. Eso difícilmente perece, la música y la poesía viven en ese otro tiempo. También las sonrisas, también los cantos de los pájaros, también el mar que nunca cesa. Nada sabemos de las almas y su devenir, queda en el secreto.

Me atrevo a aventurar una respuesta para la última oración de Frenkel. El alma de todx artista se halla en quienes continúan escuchando sus canciones, viéndolx actuar o leyendo sus palabras. O por lo menos eso voy a sentir, de ahora en más, cada vez escuche, vea o lea a Rosario Bléfari. 

El mismo día que ella nos dejó, también se fue el compositor italiano Ennio Morricone. Ambxs me generan conmoción cada vez que me encuentro con sus obras. En el caso de Ennio, no puedo evitar derramar lágrimas cuando reproduzco Cinema paradiso una vez más. La monumental banda de sonido que Morricone ideó para esa película me mueve el piso de la misma manera que las canciones de Rosario. 

Rosario Bléfari me conmueve desde su simpleza, desde su sinceridad como artista, desde su capacidad de encontrar lo bello en lo pequeño, en lo cotidiano, en la curiosidad a la que nos enfrenta la vida.

Rosario Bléfari me conmueve desde su simpleza, desde su sinceridad como artista, desde su capacidad de encontrar lo bello en lo pequeño, en lo cotidiano, en la curiosidad a la que nos enfrenta la vida. Cada vez que un disco suyo suena en mi habitación, siento como mi ventana se abre y el viento entra plácido mostrando aquella belleza atemporal a la que Frenkel refiere. La música que Rosario nos lega albergará su alma y nos invitará, como siempre lo ha hecho, a un clima de fiesta. Una y otra vez, fiesta.  


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: