Oíd mortales, el cover sagrado

El 9 de Julio de 2020 fue jueves. Comenzó muy temprano con un acto del presidente Alberto Fernández en conmemoración del Día de la Independencia. Rodeado de manera virtual y presencialmente por gobernadorxs, empresarixs y sindicalistas, el primer mandatario resaltaba la idea de terminar con lxs odiadorxs seriales para garantizar diversidad de opiniones y terminar con la verticalidad de un discurso único. Horas más tarde, la Plaza de la República de la Ciudad de Buenos Aires se colmaba de personas que, aprovechando el aniversario de la patria, encabezaron una manifestación “en defensa de la libertad y la república”, transgrediendo las normas del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio y exhibiendo enormes grados de violencia que, tristemente, desencadenaron en la agresión a periodistas y el intento de destrucción de un móvil de un reconocido canal de noticias. 

Ese mismo día, cargado de sucesos relevantes a nivel político, las luces del Teatro del Libertador San Martín de la ciudad de Córdoba volvían a encenderse. Frente a una sala vacía, completamente solo, con un pomposo telón rojo de fondo, un micrófono y vestido de gala, el referente del cuarteto Carlos “La Mona” Jiménez entonaba las estrofas del Himno Nacional Argentino. En palabras del artista, era un sueño que lo desvelaba hace mucho tiempo: reversionar la canción patria con los sonidos característicos de ese género musical que lo consagró y le permitió trascender los tiempos, a tal punto de ser uno de los artistas argentinos más escuchados en Spotify. Aportando la simpatía típica del cuarteto, La Mona intenta no perder la solemnidad y el respeto que el himno merece, es cuidadoso y tiene presente que se trata de una fecha clave en nuestra historia, un acontecimiento que refiere a la posibilidad que tuvimos como pueblo de ser libres, a la determinación que muchos hombres y mujeres demostraron tener: la de dejar de depender de otrxs y empezar a construir patria.

La Mona Jimenez en el Teatro Libertador San Martín de Córdoba.

Pero al igual que aquel 9 de Julio de 1816, donde las posturas en torno a la declaración de la independencia entraron en tensión, el siempre acechante tribunal de las redes sociales y lxs comentaristas de los portales de noticias no se privaron de aplaudir o denostar la versión al cuarteto del himno que La Mona Jiménez realizó. Las posturas se debatían entre quienes se espantaban por la falta de respeto cometida por el artista y lxs que lo aplaudían por haberle dado una bocanada de aire fresco a las palabras y la música de Vicente López y Planes y Blas Parera. 

Ese cover que vió la luz en un nuevo aniversario de nuestra independencia no fue el primero ni será el último. A lo largo de nuestra historia, diversxs artistas se animaron a interpretar versiones del Himno Nacional Argentino, buscando esa delgada armonía entre hacerle honor al país y enaltecer el género al cual se adaptaba la letra y la música. Al analizar nuestra canción patria, no podemos ser indiferentes a las tensiones que despertó en su creación y su devenir. Nos recuerda permanentemente que la disputa por lo simbólico está más viva que nunca.

Las posturas se debatían entre quienes se espantaban por la falta de respeto cometida por el artista y lxs que lo aplaudían por haberle dado una bocanada de aire fresco a las palabras y la música de Vicente López y Planes y Blas Parera.

La historia se remonta al año 1812, cuando el Triunvirato encomendó la composición de un himno que pudiese reflejar aquellas ideas de libertad y emancipación de lxs pueblos que habían pregnado en el marco de la Revolución de Mayo de 1810. Tras varios intentos que no terminaban de conformar a las autoridades, fueron Vicente López y Planes y Blas Parera quienes encararon la tarea de crear la letra y la música que, años más tarde (mediante un decreto del año 1944) sería confirmado como Himno Nacional Argentino. 

En 1813, la Asamblea Constituyente aprueba la composición de López y Parera y, a partir de ese momento, comienzan las interpretaciones en teatros y actos públicos. No se puede dejar de mencionar la presentación en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, quien entonó estrofas de la que, en ese momento, era conocida como Marcha Patriótica. Tuvo otras denominaciones hasta que, en 1847, fue nombrado definitivamente como Himno Nacional Argentino. En relación a la partitura de Blas Parera, los arreglos musicales de Juan Pedro Esnaola -quien fuera músico oficial de Juan Manuel de Rosas y profesor de música de su hija Manuelita- fueron realizados con la base de anotaciones manuscritas de Parera, e implicaron arreglos en la armonía y la incorporación de algunos adornos musicales.  

Pero mientras que lo referido a la música no atravesó tantos sobresaltos, las letras de Vicente López y Planes pasaron por los cambios más rotundos, fundamentalmente, la supresión de gran parte de sus estrofas, esas que destacaban los valores de la lucha por la libertad y contra el triunfo del tirano opresor, aunque resulta interesante pensar que estas temáticas eran plasmadas en lengua culta y respetando los cánones del neoclasicismo. Pero lo que generó más polémica fueron aquellas palabras que referían a la resistencia y la barbarie cometida por el pueblo español en la llegada a América, lo que significaba entrar en conflicto con España y devino, en 1893, en un recorte significativo de estrofas. Las modificaciones terminaron por confirmarse en el año 1900, cuando el presidente Julio Argentino Roca declaró la imposibilidad de recortar el texto escrito. Aunque sí podía, claro, crear instrucciones sobre cómo se debía cantar en los actos oficiales, suprimiendo para su interpretación aquellas palabras que, según Roca “fueron escritas con propósitos transitorios, las que hace tiempo han perdido su carácter de actualidad y que mortifican el patriotismo del pueblo español y no son compatibles con las relaciones internacionales de amistad, unión y concordia”

Fue en el año 1924 que el presidente Marcelo T. de Alvear intentó conformar una comisión para crear una nueva versión del Himno. Pero la polémica volvió a decir presente, esta vez de la mano de la fuerte presión de medios gráficos como La Prensa y La Nación. En el año 1928 se termina por establecer como oficial el arreglo musical de Esnaola, sumándose a la ratificada letra del decreto de Roca de 1944, y ambos cambios siguen vigentes en la actualidad gracias a este decreto. 

Este repaso histórico da cuenta del conjunto de tensiones que tuvieron lugar en la creación del himno. Frente a cada cambio que tenía lugar, la historia y los debates ideológicos volvían a presentarse, lo que generaba un gran nivel de sensibilidad y dejaba en claro que no se trataba de una canción como cualquier otra. 

Frente a cada cambio que tenía lugar, la historia y los debates ideológicos volvían a presentarse, lo que generaba un gran nivel de sensibilidad y dejaba en claro que no se trataba de una canción como cualquier otra.

Con el paso del tiempo, esa sacralidad que supo ostentar nuestra canción patria comenzó, lentamente, a ser dejada de lado. Diversxs artistas de distintos géneros musicales, trayectorias y, sobretodo, valoraciones por parte del público se animaron a dar su mirada respecto de la obra que López, Parera y las circunstancias sociales y políticas de la Argentina terminaron por configurar. 

Entre las versiones más destacadas, se encuentran la de Charly García, en un recital que el artista dio en la Avenida 9 de Julio en los inicios de la década del noventa. La versión de García se valía de aquellos valores de libertad que habían calado muy hondo en la sociedad argentina, producto de la recuperación de la democracia en 1983. Lxs jóvenes (o la mayoría) coparon la avenida más ancha del mundo y convirtieron a ese cover del himno en uno de los imperdibles dentro de nuestra antología cultural. 

En este nuevo siglo, las versiones más pregnantes fueron las de Mercedes Sosa, quien lo incorporó a su último trabajo discográfico, Cantora, de 2009. Un año después, y en el marco de los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, Fito Páez interpretó el himno en el cierre. Esta versión en particular resaltaba, con la presencia de otrxs artistas en el escenario, el carácter fraternal del pueblo que las estrofas de nuestro himno recupera. A su vez, la participación de lxs principales líderes políticxs de la Latinoamérica de 2010 funcionaba como un rescate de palabras de la letra original: las que mencionaban a América unida en su lucha por la soberanía y la emancipación de los pueblos. 

La version del Himno Nacional del 2015 en el CCK.

A modo de último ejemplo, y a título personal, la versión interpretada por Elena Roger y la Orquesta Sinfónica Nacional se constituyó como el broche de oro. Fue durante la inauguración del Centro Cultural Kirchner, el 25 de Mayo de 2015. Con una intérprete emocionada hasta las lágrimas y una orquesta que adquiría el derecho a una sala de conciertos propia, la versión del himno fue la gran joya de otro aniversario de la Revolución de Mayo. 

Frente a estas y otras tantas versiones del Himno Nacional Argentino que tuvieron lugar en nuestra historia, ¿por qué fue la de La Mona Jimenez la que generó tanta discordia? Detrás de su denostación, ¿se esconden valoraciones estéticas o el simple hecho de quejarse por quejarse? ¿Cuál podría ser el fundamento de esa crítica, teniendo en cuenta la historia que carga consigo la canción compuesta por López y Parera?

El cuarteto, al igual que la cumbia y otros géneros similares son acompañados, en algunos casos, de una connotación negativa. Sin embargo, no reconocerlos como parte de nuestra cultura sería un error. Criticar la versión del himno de la Mona Jiménez sería una forma de desconocer el carácter heterogéneo de nuestro país. Tildarla de falta de respeto es, de alguna manera, esquivar las tensiones que nos propone la diversidad de realidades de nuestro gran territorio argentino. Una polémica similar sucedió cuando el grupo de cumbia Damas gratis versionó el Himno a Sarmiento…era como si una especie de cultura baja se apropiara de un símbolo de la cultura alta y la sometiera a un manoseo descarado.

El cuarteto, al igual que la cumbia y otros géneros similares son acompañados, en algunos casos, de una connotación negativa. Sin embargo, no reconocerlos como parte de nuestra cultura sería un error. 

Pero, por otro lado, la postura de quienes festejaron esta versión también se mostró fuerte. El debate está abierto. ¿Las canciones patrias deben permanecer impolutas? ¿Debe ser un privilegio para ciertos artistas o géneros musicales la posibilidad de interpretación? ¿Toda versión generará polémica, ya sea de un lado o del otro?

Para estas y otras preguntas, antes de posicionarse, nunca olvidar: ir a Youtube, conocer la versión y juzgar por unx mismx. 

Un comentario en “Oíd mortales, el cover sagrado

  1. “…Pero lo que generó más polémica fueron aquellas palabras que referían a la resistencia y la barbarie cometida por el pueblo español en la llegada a América, lo que significaba entrar en conflicto con España y devino, en 1893, en un recorte significativo de estrofas”…
    ¿Cuáles fueron aquellas palabras? que fueron alteradas o eliminadas. ¿Las conocen?

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