OFFLINE: UN CUENTO FILOSOFICO CON DANILA SUAREZ TOMÉ Y DIEGO TAJER

Secretos en reunión son de mala educación.

Abro Zoom. Hasta acá, estoy delineando la idea general: ¿sirve de algo la experiencia virtual de la generación millennial en este contexto de aislamiento masivo? El camino que usé para acercarme (y acercarnos) fue el de consultar a dos filósofes populares en redes sociales, que pertenecen a la generación millenial y se preocupan especialmente por estos temas. Entra Danila, a los minutos Diego. Tengan en cuenta que son amigues entre sí, pero yo les escribí a ambes por separado. En sus redes hablan públicamente sobre ciudadanía digital, el yo en internet, cancelación, políticas de privacidad, y mucho más. Su experiencia virtual es frondosa e interesante. Se doctoraron en Filosofía y se especializan en otros temas que corresponden con sus áreas de investigación en el Conicet. Dan clases en Puan[1], pero también se fueron entrenando en la arena pública. Ella se define en su página como “obrera de conceptos del cognitariado”. Él se define en su bio de Twitter como un “freegano de consumo cultural”.

La entrevista entera, por razones de comodidad y confidencialidad, es privada. Esta nota es una selección propia de los temas que circularon (hablamos durante más de dos horas y media). El juego que les propuse partió de esta premisa: imaginemos que estamos acercándonos al fin de la humanidad como la conocemos y que ustedes tienen que dejar un mensaje, que luego se perderá, a las generaciones futuras sobre su experiencia virtual. ¿Cuál sería? Estas son reflexiones conjuntas sobre la generación del family game y los desafíos de la virtualidad forzada a partir de la pandemia. Puede terminar en un final abierto…por el momento, disfruten. Se cierra el primer Zoom.

Un cuento filosófico:

-JM: (mientras esperamos a Diego) ¿Hablaron antes, entre ustedes?

– Dani: No, no…

– JM: Me costó conseguir tu mail. Sé que son amigues con Diego, pero no quería que accedieras a la entrevista por eso. Pero cuando lo intenté buscar, no lo encontré.

Dani: Lo tengo en el sitio Acta Académica. Ahí hay un botón que dice “enviar mensaje”, ese me llega al mail directo. Fíjate que cuando me googleás es lo primero que aparece.

– JM: ¿Te googleás seguido?

– Dani: Cada tanto. Más que nada porque hubo una época donde estaban expuestos los datos del padrón. Mi domicilio y eso. Y aprendí cómo solicitar que lo bajen, porque hice un montón de cosas para modificar los motores de búsqueda, pero terminé mandando una nota al portal, y sirvió. Eso hizo que, durante un tiempo, me googleara mucho. Ahora no te digo que lo hago todas las semanas, ni siquiera todos los meses, pero lo hago. A veces, me citan de lugares que no son feministas ni nada así, para putearme o para decir algo antifeminista o de derecha. (Entra Diego) Me di cuenta de que la única forma de reportar cuando me hacen capturas de tweet y eso es tener mi foto. Diego recordará que antes no tenía mi foto en los avatares, pero es la única forma de reportar contenido agresivo, cosa que a las feministas nos pasa bastante. En general, me googleo para esas cosas, nunca para nada bueno (ríe).

– JM: En la misma línea vos, Diego, hablás en tu podcast sobre el Yo en internet de la exposición y de tener una cuenta secreta.

– Die: Justamente, desde que grabé el programa hasta ahora cambié la estrategia, porque me di cuenta de que la usaba para descargar. Twitter está pensado psicológicamente para que uno descargue su odio, sus sentimientos negativos.  No lo inventé yo, está pensado así. Y tener una cuenta medio hater, que solo llegue a tus amigos, te permite jugar el juego sin consecuencias. El día que estás enojado, escribís ahí y nadie se entera. Pero llegado un momento, me di cuenta de que también alimentaba una versión de mí más “oscura” que a mí no me gusta. Entonces en un momento dejé abandonada mi cuenta privada y dije “lo malo que tenga que decir, lo voy a decir en público y el resto voy a tratar de adueñármelo y transformarlo en algo”. Hay cosas que no hay que descargar. Ahora tengo candadito. Danila tenía en una época.

– Dani: Sí, voy y vengo. Es como tener una cuenta privada.

– Die: Sí, pero con miles de personas. Con el candadito, no te puede leer quien no te sigue. Eso te permite tener cierto “control” sobre quiénes te leen. Sobre todo porque, cuando uno dice algo un poco polémico, tus “enemigos” te entran a retwittear y a bardear y nunca sabés bien hasta dónde va a llegar. El candadito minimiza eso; aunque no es como tener una cuenta privada, obvio.  Hay que tener estómago para bancársela. Este año no estoy con ánimo para lidiar con tanta exposición. Decidí no hacerlo por un tiempo prolongado, salvo que tenga que promocionar algo, como el curso que estamos haciendo con Dani, para eso me saqué el candadito y después lo volví a poner. Es como “reducción de daños”. Sé que no puedo escribir cualquier cosa, porque le va a llegar a mucha gente, pero me permite resguardarme y estoy contento con eso. Se clavó el número de seguidores, eso sí. (Ríen)

– JM: Pensando en esto, Danila, ¿cuándo te diste cuenta de que te estabas exponiendo más?

– Dani: Mirá, fue una exposición bastante paulatina, porque tuve como ocho cuentas. Llegaba a más de 3000 seguidores, la cerraba, abría otra y así, para que no me encontraran. En cierto momento me sumé a un grupo de activismo -en el que ya no estoy más, pero estuve durante mucho tiempo- que era Economía Feminista. Como generaba contenido, necesitaba tener una cuenta estable para que se me linkee. Lo que sí, no tengo mi nombre y apellido. A pesar de que no soy anónima, en mi cuenta de Twitter tengo un seudónimo. Disfruté mucho de la internet anónima, por lo menos desde los doce años, y es algo que no quiero terminar de entregar.

– Die: De hecho, hubo gente que te llamaba por el seudónimo.

– Dani: Hubo gente que me llamaba por el seudónimo. De hecho todavía me pasa hoy, la otra vez salí en La Nación como Danila de Bingen. Me pasó con mi propio adjunto en Puan (ríe). Habito una suerte de “abismo” entre la exposición y el anonimato. No me termino de hacer cargo, pero todo el mundo sabe que soy yo. Me interesa marcar que nuestro yo virtual no siempre se tiene que condecir con quienes somos en la realidad. En mi caso, no soy muy diferente. Pero a partir de cierta cantidad de seguidores empecé a no twittear de manera automática, a moderarme.

Me interesa marcar que nuestro yo virtual no siempre se tiene que condecir con quienes somos en la realidad.

Me interesa marcar esto: si no estamos conscientes de que la construcción virtual del yo es un yo pensado para la observación, podemos llegar a tener muchos problemas en la vida.  Creer que estamos expresando algo auténtico en las redes cuando en realidad estamos mostrándonos en una galería. Esto, me parece, hay que tenerlo en claro. Podés jugar ese juego, pero no irreflexivamente (que fue lo que hice durante mucho tiempo). Después elegí jugarlo cínicamente, en el sentido más propio de la palabra, como Diógenes. Habitar la polis, pero dándome cuenta  de que la persona que muestro no es quien soy auténticamente, sino una construcción para la observación, y jugar en esa dinámica.  Es una manera más interesante de poder usar un espacio que fue hecho con una intención en particular, como dijo Diego, para otra cosa. Son todas decisiones que he tomado muy concienzudamente.

Me interesa marcar esto: si no estamos conscientes de que la construcción virtual del yo es un yo pensado para la observación, podemos llegar a tener muchos problemas en la vida.

– JM: Volviendo al tema del podcast, Diego…¿cómo empezaste en la virtualidad?

– Die: Me cuesta mucho hacer la cronología, pero creo que fue con estos chats que se llamaban mIRC[2]. Era distinto. En esa primera virtualidad nadie conocía a nadie, por lo general. La película que muestra bastante eso es Abzurdah. No voy a criticar ni elogiar esa época, porque la verdad es que no podemos volver, pero hay algo del estilo actual que mucho no me gusta y que me parece hasta un poco peligroso. Todo el mundo tiene un personaje, como dice Danila. Y, a veces, especialmente para alguna gente, es difícil distinguir entre la persona y el personaje. Hay que estar con los pies muy sobre la tierra…

– Dani (acota): Pero la gente no está con los pies sobre la tierra, Die, y por eso hay todos los problemas que hay…

– Die: Y es muy difícil y te termina lastimando un montón. A mí en lo personal lo que más me hizo pensar cuando estaba preparando el podcast, cuando leía Alone Together, es que la virtualidad de hoy te compromete a tener un personaje sólido. La mayoría de las críticas que te hacen es “che, por qué opinás esto, si hace 7 años…” ¿Por qué tengo que responder a eso? A partir de ahí, dije “sí, quiero decir esto, lo voy a decir. Si mañana quiero cambiar de opinión, lo voy a hacer y ya”. Ojalá que todo el mundo lo haga. Yo no me voy a quedar respondiendo a esos personajes, porque no quiero responder a mi yo del pasado.

– JM: En una publicación, Danila, hablaste de un estudio de EE. UU. donde se analizaba el peso que tenía el pasado virtual en la búsqueda de trabajo.

– Dani (ríe): Otra de las razones por las cuales me googleo. Sí, eso es muy importante. Es la cuestión de lo que se llama derecho al olvido y se está trabajando legalmente. Pasa en casos muy extremos, como difusión de material íntimo o gente que era extremista radical y se ha recuperado, pero nos pasa a todes de alguna manera. Yo tengo un comportamiento sumamente existencialista. Si entrás a mi Twitter, no tengo mucho. Lo voy borrando. Si entrás a mi Instagram, tengo dos fotos y lo abrí hace 5 años. Si abrí un blog y no lo uso más, lo bajo y lo archivo. Me lo guardo. Es para mí y para nadie más. Es justamente lo que muchas personas detestan, como decía Diego. Mi persona cambia, mis opiniones cambian, mi pasado no me define, tengo plena libertad para trascender mi yo pasado y que no esté a la vista de nadie. Tengo derecho al olvido de mi persona, mis opiniones, de cómo ve veía. Tengo derecho a elegir lo que las otras personas ven de mí. Ahí se pone en juego esto de la ciudadanía digital… ¿cuáles son mis derechos en todo esto, que se encuentra tan despelotado? Si bien hay cosas que no puedo controlar, hay cosas que sí, y en mis redes yo hago eso. Tengo derecho, y me parece bastante injusto que te juzguen en un trabajo por algo que está en la red. Esto sucede mucho en Twitter, donde te tiran “carpetazos”. No tengo por qué responder, sin embargo se hace siempre. Creo que tenemos que ser firmes y no responder. En la red se genera algo así como una falsa familiaridad, pero que venga gente que no te conoce a medirte la barra moral por tal y cual cosa es muy agresivo. Y con respecto a lo que dice Diego, hay otra cuestión que tiene que ver con la dinámica de la mostración, especialmente en hábitos progre, de izquierda (esto también lo trabajé en Médium): la de querer demostrar constantemente que somos mejores.

– JM: Herzog muestra que hay gente a la que la híper estimulación hizo adicta.

– Dani: Claro, es que todas estas aplicaciones están pensadas para eso. Te enganchan en lo más reptiliano de tu ser, para que necesites cada vez más y más. Hay un punto en que es muy difícil ir contra eso. Realmente necesitás un trabajo de autoconciencia doloroso y muy fuerte. Es como dejar la merca.

– Die: Esto creo que lo dije en el podcast…hay un ingeniero que trabajó en Twitter y comentó que la filosofía de trabajo que tenían era: “esto tiene que ser tan adictivo como el crack.” No sé si logró llegar a ese punto, pero adictivo es, sí.

– Dani: Hay una sutil diferencia entre la adicción a sustancias y a comportamientos, pero el lugar del cerebro donde te joden es el mismo. (Se cierra un zoom, se abre otro)

Un bloque sobre otro bloque:

– JM:¿Para qué es muy buena la virtualidad?

– Dani: Para mí internet es lo mejor que tiene mi vida. Amo internet. Nunca, jamás podría estar en contra de las computadoras, de internet, de la tecnología, de los dispositivos digitales. Me encantan. También tengo una huerta y me gusta, digo, no son excluyentes. Pasa mucho que se utilizan “hombres de paja” cuando las personas expresan ciertas preocupaciones. No necesariamente las posturas críticas frente al desarrollo digital y tecnológico tienen que ser ludistas. Muchas,  especialmente las más críticas -que además son de las reflexiones más interesantes que he leído en torno al manejo de lo digital ,de la ciudadanía digital si se quiere- son de personas que aman internet, que le encuentran un montón de beneficios. No solo por el acceso al conocimiento (para las personas que nos gusta el conocimiento, es una fuente inagotable) sino porque también es una fuente inagotable de felicidad. Puedo ver películas, puedo escuchar música, puedo ponerme en contacto con un montón de cosas que están por fuera de lo que me es enviado de manera pre-digerida y seleccionada por los medios de comunicación masiva tradicionales. Internet tiene tantas cosas buenas que te da bronca que esté en manos de lo que podríamos llamar “los nuevos imperialismos tecnológicos”. Los cinco grandes. Natalia Suazo habla de esta idea. Te da bronca, porque yo quiero una internet que esté al servicio de la humanidad y nuestro desarrollo, y no del capital. [1] [JMGL2] Estas aplicaciones están diseñadas para explotar la vulnerabilidad, para operar sobre nuestros comportamientos. Al margen de que no todes somos iguales, como masa nos comportamos de manera más o menos previsible. Las aplicaciones propician que nos peleemos entre nosotres, para que esa excitación nos haga quedarnos en la red y consumir. Así, ellos se llenan de plata.

Estas aplicaciones están diseñadas para explotar la vulnerabilidad, para operar sobre nuestros comportamientos. Al margen de que no todes somos iguales, como masa nos comportamos de manera más o menos previsible. Las aplicaciones propician que nos peleemos entre nosotres, para que esa excitación nos haga quedarnos en la red y consumir. Así, ellos se llenan de plata.

– Die: Una cosa que es indiscutiblemente fabulosa es la disponibilidad de contenido. Especialmente para la gente de nuestra generación, que vivimos la época de Blockbuster y ahora vivimos la época de Netflix. Es increíble la diferencia, no se puede dimensionar y eso es impresionante. Creo que el tema más picante, como decía Danila, son las redes sociales. Es innegable que nos mantienen comunicados con personas de forma constante, aun estando a la distancia. Los centennials no se dan cuenta, porque nacieron así. Pero es cierto lo que dice Danila, que hay que reconocer la “herida narcisista”, para usar vocabulario psicoanalítico, reconocer que no somos tan fuertes frente a lo que las empresas quieren hacer con nosotres. Soy uno más del montón. Soy un ser humano, y sé que si me comporto como las premisas dicen que me comporto en las redes, la compulsión va a ser más o menos parecida a la de todes. No soy tan especial. A mí me pasó, por ejemplo, que ahora que tengo este candadito puedo elegir qué personas me leen y qué personas no. Si son muy anónimos, no los acepto directamente. Hay gente que usa Twitter anónimamente por distintas razones, pero mi experiencia me dice que esa persona que usa las redes de forma anónima se vuelve un poco más violenta, porque no tiene miramientos a las consecuencias de lo que dice.

– JM: ¡Qué loco que esto del anonimato lo vean tan diferente al comienzo de internet y en la época actual!

– Die: Aparte, antes de las redes sociales te enterabas de quién era otre muy tarde. Podías tener una relación muy larga sin ver una imagen…

– Dani: Tenías que escanear una foto… (risa general) Era muy complicado.

– Die: A mí me da un poco de risa lo del anonimato. Porque siempre están los que se creen “garganta profunda” y hacen una cuenta anónima para denunciar que Pepito le pone los cuernos a Juancito. ¿Qué estás haciendo? Y te dicen “es que esto no lo podría decir si no es con una cuenta anónima”. Y bueno, no lo digas. Puedo entender que, si sabés de un delito y sabés que vas a ser perseguide, hagas una denuncia anónima, eso está todo bien, pero después se abusa del anonimato.

– JM: Es como hacer trampa en un juego.

– Die: Totalmente. Todes tenemos el impulso adolescente de pensar que todes tienen que decir lo que piensan, lo que saben, pero no deja de ser un impulso adolescente. La sociedad también funciona porque la gente se regula y se modera. Si eso desaparece, al otro día estamos hechos mierda. Yo no quiero saber todo lo malo que piensan les demás de mí. Si alguien tiene un problema, que me lo diga. Y sino, que se lo diga a otra persona a espaldas mías, ya está. El anonimato en redes lo que hace es romper con esas cosas que no estaban tan mal.

– JM: Vuelvo, qué loco que sea tan diferente esto del anonimato…

– Dani: Es que ha cambiado mucho. Creo que las redes sociales fueron, como dice Diego, un quiebre fundamental en nuestra experiencia de la virtualidad, la masificación del ingreso a internet a través de ellas. Facebook fue un antes y un después, luego nuestro uso de internet cambió por completo. Algo que los centennials no pueden entender es que nosotros solo podíamos usarlo a las 11 de la noche hasta las 12, para no ocupar el teléfono durante el día…

– JM: Porque no había banda ancha.

– Dani: Tenía un horario súper limitado, en el que entraba a ver las páginas de las series que miraba, buscaba películas, me armaba Google fanpage. Chateaba con gente en inglés, era lo que había. En el YahooChat, en el UOLchat, lo que sea que funcionara en ese momento. Teníamos bastante presente que, si somos ciborgs, lo somos en un sentido. No somos completamente digitales, ni completamente materiales[3] [JMGL4] . Podíamos jugar en los dos espacios bastante discernidamente. Hoy en día ya no se puede. Parece que estamos todo el tiempo a la vez en el mundo digital y en el material. Eso tiene cosas buenas y malas. La cuestión de la conectividad plena, que todo el mundo pueda acceder a vos, genera mucha ansiedad…nuestros cerebros no están bien equipados para tolerar esa demanda constante de disponibilidad. No por nada nuestra generación y la que viene después está muy angustiada y con mucha ansiedad. Es esperable que la respuesta cerebral a que te suene todo el tiempo el teléfono sea ponerte ansiose. Hay que pensar cómo apagarlo, cómo estar off-line. El mapa ha cambiado tanto que hay una cierta práctica de recuperación de la atención, que me parece una práctica militante y revolucionaria. Nosotres, como millennials, recordamos el haber podido dedicar tiempo prolongado a otras cosas. Ahora, el desierto de la incapacidad de atención es enorme. Si le tuviera que decir algo a los centennials, es eso: que recuperen esto de poder ir y venir. Que puedan ver Netflix y una peli de Kurosawa. Que estén en Twitter, pero también lean un libro de Dostoievski. No hace falta ser solemne, pero por dejar de hacer las otras cosas un poco vamos perdiendo capacidad humana, convirtiéndonos en meros consumidores como los de Wall-e. Sacar la mejor experiencia de lo que la humanidad tiene para dar, incluso de internet.

– JM: Se ha dicho que “estamos en un gran experimento. ¿Cómo ven el goce en el riesgo que toman las personas al romper la cuarentena?

– Dani: Yo tengo una cuestión con esto. Entiendo esta minoría intensa que la estuvo gediendo con las marchas y entiendo también que es una minoría, a diferencia de las manifestaciones que estuvimos viendo en EE. UU. Sin embargo creo que, en redes sociales por lo menos, se dio una reacción muy bizarra de gente que lo planteaba desde una distancia moral y pedía represión- creo que no hay que pedir represión nunca- y me pasa que digo “cuánta hipocresía, ¿no?”. La hipotenusa. Porque prácticamente todas las personas que conozco rompieron la cuarentena. No fueron como esta minoría intensa a la marcha, pero fueron a coger, fueron a comer con amigues, fueron a tomar un mate con sus viejes. Me enojo cuando pasan estas cosas, porque entiendo el impulso perfectamente, pero lo que no entiendo es por qué no reconocemos que no son solo estas personas quienes están obrando por un principio individual, sino también los que están criticando de un modo hipócrita, con argumentos hipócritas (porque podés criticar con buenos argumentos o con malos argumentos). Creo que ir por el lado de “son individualistas, piensan solo en su beneficio” es un mal argumento, porque todes rompieron la cuarentena por su propio beneficio. Es el clima subjetivo en el que vivimos, supone hacer un esfuerzo enorme pensar en el bien común. A mí me cuesta, pero hay que ejercitar esto activamente. Duele, genera angustia, molesta, te enoja, te hace mal, es obvio que no te vas a bancar esto por default…hay que tener una convicción muy fuerte, política, ética, idealista, para vencer al impulso de seguir tu propio interés.

– Die: A mí me interesa el tema de las normas y el castigo. Estamos en un momento complejo. Hoy en día, por ley podés castigar todas las cosas que ves en la calle. Ya ni siquiera sé cuál es el castigo por juntarte con tus amigues, pero seguro lo hay, entonces todo queda un poco en manos de cada poder policial. El castigo, en este momento, tiene un rol disuasorio. Nadie piensa realmente que alguien tenga que ir a la cárcel por juntarse con alguien a tomar mate, no sería ético. Me da gracia y me parece súper interesante, filosóficamente, que un montón de gente que conozco me diga “no veo la hora que se termine todo esto, así se cierran las causas”. No sé si alguien debe ser castigado por estas cosas tontas, por transgresiones pequeñas. Después tenés otra gente que está siendo culpada – y puede ser muy traumático- de contagiarle el virus a un pariente. Esa no es la forma correcta de pensar la salud…hay un problema a futuro. (Se corta el zoom)

Pegando abajo, cerrando arriba.

– JM: ¿De qué manera nos apropiamos de estas herramientas del capital como son las redes? ¿Cómo salir de todo esto un poco mejor?

– Die: Uno necesita siempre una zanahoria para seguir, especialmente en estos momentos…no digo que seamos caballos, pero un poco sí. Mi zanahoria es pensar un mundo sin pandemia. Me parece un lindo experimento mental, si querés. ¿Cómo van a quedar las estructuras cuando esto se termine, cuando haya una vacuna, cuando sea todo parte del pasado? Eso me parece interesante para repensar las prácticas sociales, todas las transformaciones que se impusieron desde afuera, por la pandemia. La otra vez hablaba por Twitter, con Danila o no me acuerdo con quién, de ir a la facultad. O sea, ir a la facultad en un tren lleno y viajar dos horas para una clase presencial. Tal vez, cuando termine esta situación, vamos a pensar eso como algo un poco ridículo, porque se demostró que, dentro de todo, hay cosas que se pueden hacer mejor desde la virtualidad. Obvio que para una persona como yo, que viví a veinte cuadras de la facultad, es preferible una clase presencial, pero para una persona que trabaja y vive en el conurbano o en otro lado, quizás no tanto. No se le dio una oportunidad a lo virtual, es algo que jamás se nos pasó por la cabeza, pero apareció esta eventualidad y ya hay cosas que la gente no va a querer hacer de nuevo. Esa es mi impresión. Hay cambios que van a aparecer solos.  

– JM: Quedan 26 minutos y se termina todo. ¿Cuál sería ese mundo que se viene?  

– Dani: Yo no estoy de acuerdo con Diego. Soy completamente pesimista. Ese mundo que se viene es peor. No creo que vaya a cambiar absolutamente nada, ni siquiera de lo más mínimo. Me van a hacer ir a dar clases. Me voy a tener que subir al 85 y viajar una hora y media a Puan porque no van a poder conectar el video. No van a poder hacer nada, no van a tener plata para implementar absolutamente nada…así que nada va a cambiar en torno a eso. Tampoco nada va a cambiar en el sistema económico, la crisis galopante que nos espera va a ser realmente devastadora. Afuera va a ser, digamos, Guerra mundial Z. ¿Cómo quisiera yo que fuera el mundo? Si vos me das para elegir, que se nos garantice el bienestar a todas las personas. No quiero más estar trabajando para sobrevivir un día más. Quiero que nos cultivemos. Quiero que tengamos tiempo de ocio. Quiero que podamos experimentar con nuestras emociones, hacer un montón de cosas con nuestras necesidades básicas garantizadas. Eso es lo que quiero de mi mundo post pandemia. Y no va a suceder. 

– JM: Me encanta la visión pesimista que le pusiste. Realismo… (ríen). ¿Vos Diego, qué querés?

– Die: Danila es así desde que la conozco. Nada, yo no sé. Creo que lo pienso todo un poco de forma más mínima, es mi estilo. ¿Qué cambios particulares pueden ir pasando? De repente se está reconfigurando todo para que une pueda trabajar desde su casa, tal vez eso termina siendo algo positivo y tengamos más tiempo para nosotres. No tener que lidiar con adversidades ridículas, tipo una hora en el tránsito y cosas horribles. Es medio cheto que diga esto, pero qué se yo. De hecho, puede ser incluso más ecológico. Quizás en Argentina no, porque acá la salud está pensada de una forma más pública, pero en otros países yo creo que sí,  podría haber una suerte de “revolución” en el tema de la salud.

– Dani: Sí. La salud pública. Puede ser, en otros países.

– Die: La salud completamente privatizada demostró ser un desastre. De repente hoy leí un tweet de alguien que fue a hacerse un test de coronavirus en EE. UU., lo internaron un rato, no tenía obra social y terminó con una deuda de 4000 dólares. Eso para mí en el futuro, siendo optimista, va a ser impensable; que la gente no tenga una cobertura básica me gustaría sea parte de un pasado. También me interesa particularmente esto de los espacios que vamos a ocupar, la oficina, el trabajo, la vida cotidiana, el estudio. Espero que vuelvan los bares y esas cosas, porque la verdad que eso es divertido. Los boliches. Pero hay otras cosas que demostraron ser muy artificiales.

– Dani: Ojalá, pero para mí las únicas que se van a plegar al teletrabajo van a ser empresas que quieran ahorrar costos, ART y demás, para mí es eso. Quiero decir una cosa más para no olvidarme y no irnos tanto del tema de las redes. Muchas veces me pregunté qué es lo que quiero hacer con esta plataforma pequeñita que tengo, que no la uso para difundir cosas o para divulgación, yo tengo mi trabajo. ¿Para qué la quiero? Me interesa romper las pelotas con que es necesario reflexionar y autoreflexionar. Demorarse, tomar tiempo en pensar las cosas. Todo lo que tengo para transmitirle al mundo y a los centennials es esto: que se tomen ese espacio para reaccionar, para pensar. Eso, que es tan mínimo, es recontra difícil de hacer. Ganar en atención y en capacidad de reflexionar, dos cosas que la filosofía te enseña.

Que se tomen ese espacio para reaccionar, para pensar. Eso, que es tan mínimo, es recontra difícil de hacer. Ganar en atención y en capacidad de reflexionar, dos cosas que la filosofía te enseña.

– Die: Me interesa reforzar lo que decía Danila sobre la capacidad reflexiva. Como personas que tenemos bastantes seguidores en Twitter, debemos no alimentar “rencillas”. Cuando tenés muchos seguidores, muchas personas te entran a preguntar “¿qué pensás de este?” o “¿qué opinás de esta?”. ¿A quién le interesa mis opiniones sobre eso? Una cosa que tenemos les filósofes como comunidad es que somos bastante sociables…pero los quilombos de la facultad más que nada quedan en la facultad. Eso es muy difícil de lograr, es un equilibrio complicado. Yo ya me acostumbré. No tengo la tendencia a hablar de colegas en las redes.

– Dani: Yo no hablo de colegas en las redes. Para mí es fundamental.

Encontrar lo perdido:

Pasaron algunas cosas más, pero ya estábamos cansades y un poco nos repetíamos. El clima fue lo suficientemente cómodo para que elles dijeran lo que pensaban, lo que creían, lo que sentían. A los días, volví sobre las grabaciones, transcribí lo que me pareció importante y elles estaban dispuestes reproducir. Completé el juego borrando las grabaciones y guardándome una idea que, de distintas maneras, repitieron incansablemente: hay que cuidarse, reflexionar sobre lo que hacemos, esperar un minuto para volver on-line. Pensar que un avatar es otre, que también siente, que también vive, que también padece. Esperar, criticar. Resistir. Revolucionar nuestra experiencia virtual. Apropiárnosla y transformarla en algo más placentero, menos al servicio del mercado y más al servicio de la vida. Jugar, pero jugar sabiendo que hay otre. Disfrutar de las ventajas y hacernos cargo de transformar las conductas dolorosas. “Somos libres, dios no existe”. Tenemos la responsabilidad de cambiar, al menos, este pedacito que nos toca.

                                                                                                Seamos esencialmente humanes.


[1] Término coloquial con el que se designa la Facultad de Filosofía y Letras, UBA. Deviene de su ubicación en la calle Puan en CABA.

[2] Uno de los primeros foros de chat. No encuentro referencias en Google.


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