Amor en tiempos de delivery

La idea, cara al psicoanálisis, de que todo encuentro es en realidad un desencuentro, es una frase que pertenece a un determinado momento histórico que no es el actual. Si bien  cuando uno se encuentra con alguien se encuentra con la alteridad y no con la idealización narcisista de la fantasía que nos hacemos del otro, no obstante esta es una cultura que se pretende alejar cada vez más del desencuentro, lo quiere acotar. 

El dispositivo de las aplicaciones para conocer gente tiene esta característica de funcionar como un lugar donde alguien se ubica como un producto de consumo. Digamos que “se vende”, ya que describe sus características y muestra algunas fotos, sirviendo la plataforma como un escaparate donde se puede elegir, desde un criterio imaginario, dando por cierto que lo que está ahí escrito. La imagen en la pantalla es una representación fiel de aquello que alguien es. Aquí aparece un intento de obviar la pregunta por el deseo del Otro, pasar de la incertidumbre de qué será lo que el Otro quiere a la certeza de que ahí está lo que el consumidor quiere.

Pasar de la incertidumbre de qué será lo que el Otro quiere a la certeza de que ahí está lo que el consumidor quiere.

La seducción tiene que ver con una apelación a lo común, pero el sostenimiento de un vínculo se da mayormente en los aspectos que no son comunes, y en cómo lidiar con esos aspectos divergentes. Como planteaba Lacan: “No hay relación sexual no hay complementariedad, por lo cual en el amor siempre se trata de la dimensión Hetero- sexual” (mas alla de la identidad sexual de alguien, por ejemplo en un vínculo homosexual cada persona ocupará diferentes posiciones), siempre se trata de la heterogeneidad, de los diferentes matices de la posición que alguien adopta. Quizás es ahí donde se producen las mayores dificultades en este momento, con respecto al sostenimiento de las relaciones. Por eso tal vez actualmente los vínculos son más frágiles, porque están inscriptos dentro de una modalidad de elección más bien narcisista, se puede observar cierta frecuencia de vínculos que se construyen de ese modo, no digo la mayoría de los casos, pero sí algo de cierto modelo de la época. 

Si tomamos el duelo en la actualidad, siendo este un trabajo de elaboración simbólica muy importante ya que implica la inscripción de que algo ahí se ha terminado, de que el otro no está más o al menos, no está disponible, es esta una época que está todo el tiempo tratando de pasarse de largo el duelo. Quizás tenga que ver con eso el crecimiento en las últimas décadas de la industria farmacológica que se ha transformado en una de las más importantes del mundo. Esto nos da un lugar para pensar qué lugar tiene el dolor y la angustia en nuestra cultura actual y cómo se busca evitarlo en las relaciones, mejor que sean vínculos veloces de poca implicación que andar sufriendo por las pérdidas. 

Un punto importante para pensar los lazos de hoy en día es la velocidad. En los comienzos del amor romántico, un dispositivo de seducción era la carta, que implicaba toda una temporalidad diferente, la escritura, cierto desarrollo del lenguaje, con una funcionalidad y estética determinada, también poniendo en juego la dimensión de la demora porque en los comienzos del amor romántico las cartas llegaban a caballo. Tenemos entonces que la temporalidad entre una carta y su respuesta era muchisimo mas prolongada. Hoy nos encontramos en una época de inmediatez, lo que se busca son respuestas y satisfacciones instantáneas. Recuerdo que hablando con un colega, también músico, me comentaba que  unos músicos jóvenes le dijeron que esperaban de una canción sentir una sensación impactante en los primeros tres segundos. Inclusive esto es algo que está estudiando la industria discográfica, generalmente una canción está compuesta de un formato tradicional donde hay una introducción, después un par de estrofas, un estribillo, etc. Ahora lo que aparece como una tendencia es obviar la introducción y pasar directamente a la estrofa.

Pienso en cómo se estructuran las relaciones de acuerdo al funcionamiento de las máquinas, casi como lo planteaba Marx en “El fetichismo de la mercancía”, como el funcionamiento de ciertas tecnologías de comunicación le imprimen un matiz importante y presente a los modos de relacionarse, pensemos en todas las cosas que se ponen en juego en las plataformas como whatsapp o las distintas aplicaciones de encuentros, donde se puede acceder a cierto tipo de información respecto del que está del otro lado de la pantalla: si está en línea, si está conectado o desconectado, la última vez en la que se conectó, poniendo de relieve cierta insoportabilidad de la ausencia del otro. Le imprimen un matiz y una matriz de control muy profundo. 

Si está en línea, si está conectado o desconectado, la última vez en la que se conectó, poniendo de relieve cierta insoportabilidad de la ausencia del otro. Le imprimen un matiz y una matriz de control muy profundo. 

Algo que escuché y escucho mucho en el consultorio es esta idea de que las personas que están en pareja muchas veces tratan de evitar el conflicto, no decir esto o aquello ¿se trata entonces de estar todo el tiempo reprimiendo algo o no mostrándolo para no generar discordia? Esta modalidad de funcionamiento de un vínculo se caracteriza por no exponer ciertas posturas para preservar la relación. El riesgo de esto es que el temor engendre un cierto vínculo de obediencia: no le desobedezco al Otro para que no me deje. 

Una épica de la época es la idea de que la tendrían que pasar bien en todos lados. Pensemos en la manifestación de ciertos imperativos, por ejemplo “para ser feliz hay que estar en pareja”, “no hay nada más lindo que ser soltero”, dice una canción y también el imperativo del “amor libre”, los cuales en la actualidad se terminan transformando en prescripciones respecto de cómo uno tiene que gozar. Esto termina siendo una estructuración muy fuerte de las relaciones de hoy, en donde se pone en juego la fantasía de que se podría ser un poco más feliz. Quizá lo que aparece en la actualidad no es la insatisfacción por la falta de felicidad, sino porque no sé es todo lo feliz que se podría ser, como si hubiera un plus que se estuviera escapando en algún lado. Esto es intentar identificar la felicidad como una suerte de totalidad, cuando si existe algo feliz en la vida son momentos, pequeños momentos. A lo mejor, a lo que une podría apostar sería a cierta estabilidad, más que a una felicidad constante, que lejos de ser algo gratificante es una característica fundamental de la manía

Lo que aparece en la actualidad no es la insatisfacción por la falta de felicidad, sino porque no sé es todo lo feliz que se podría ser, como si hubiera un plus que se estuviera escapando en algún lado.

Algo frecuente que surge es cierta dificultad de nombrar los vínculos y las diferentes situaciones en el campo amoroso. Nombrar es del orden de la filiación, es lo que hacen los padres con un hijo otorgando un lugar simbólico y afectivo. En la sociedad liberal pasamos de un mundo gobernado por un Estado, que otorgaba cierta protección que remite a funciones parentales, a ser gobernados por el mercado, un ente sin rostro, virtual y abstracto, tal vez por eso andamos como niños presas del anonimato y la orfandad, con una impronta narcisista importante y con cierto extravío. Nombrar a alguien como novia o novio es darle un lugar al otro y es ponerse en falta, cosa que hoy parece bastante dificultoso.

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