Trabajando sí, trabajando y no le pagan.

La emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 vino a exponer la crudeza de la desigualdad en todas sus formas y magnitudes. En este contexto, se pone de relieve la importancia de reflexionar acerca de la situación que atravesamos las mujeres en relación a las tareas de cuidado o trabajo no remunerado.

Aunque son diferentes los modos en que las familias transitan el confinamiento, hay situaciones que se repiten, cotidianeidades comunes. Compras en supermercado, tareas escolares en casa, limpieza del hogar, preparar la comida, por nombrar algunas.

La acción de cuidar involucra un concepto con cierta complejidad. En los últimos años, se ha avanzado en reconocer que cuidar de otras personas que lo necesitan es un trabajo, aunque socialmente no se lo reconozca como tal.

La acción de cuidar involucra un concepto con cierta complejidad. En los últimos años, se ha avanzado en reconocer que cuidar de otras personas que lo necesitan es un trabajo, aunque socialmente no se lo reconozca como tal. “Cuidar” implica la atención y satisfacción de aquellas necesidades físicas, biológicas, afectivas y emocionales de otrxs. Es por ello que todo acto de cuidado se considera un trabajo, implica tiempo, energía, y genera un valor. Aun así, se efectúa sin remuneración y sin que medie un contrato que establezca ese valor, las responsabilidades y los beneficios que conllevan dichas tareas.

De acuerdo a la últimas estadísticas realizadas en nuestro país, las mujeres argentinas dedican diariamente casi el doble de tiempo (6.4 horas) más que los varones (3.4 horas) al trabajo doméstico no remunerado.[1] Cabe destacar que actualmente el INDEC se encuentra trabajando en una Encuesta Nacional de Uso de Tiempo cuyos resultados se estiman conocer en el año 2021, lo que representa un avance importante en el marco de la reformulación de los sistemas estadísticos con perspectiva de género en nuestro país.

Ante la ausencia de datos oficiales más actualizados, recientemente la Consultora Grow Género y Trabajo llevó adelante la “Encuesta de uso del tiempo en contexto de Covid-19”, mediante la que concluyó que “las desigualdades de género, que ya existían en materia de cuidado y tareas domésticas, se potenciaron por el aislamiento derivado de la pandemia de coronavirus”.

Recientemente la Consultora Grow Género y Trabajo llevó adelante la “Encuesta de uso del tiempo en contexto de Covid-19”, mediante la que concluyó que “las desigualdades de género, que ya existían en materia de cuidado y tareas domésticas, se potenciaron por el aislamiento derivado de la pandemia de coronavirus”.

En promedio, de acuerdo con Grow, las mujeres les dedican a las tareas de cuidado y domésticas no remuneradas 10 horas y 24 minutos al día, mientras que los varones les destinan 6 horas y 48 minutos. En hogares con hijos menores de 12 años, las horas de cuidado alcanzan las 13, en el caso de las mujeres, y las 9 horas 24 minutos, en de los varones. La misma investigación muestra que los varones dedican una hora y media más al trabajo remunerado y realizan una hora más de actividades dedicadas al ocio y entretenimiento.[2]

Es evidente que el trabajo de cuidado es asumido mayormente por los hogares y, dentro de éstos, por las mujeres. Escenario que propicia nuestro cuestionamiento: ¿las mujeres disfrutan de realizar tareas no remuneradas? ¿Prefieren quedarse en la casa realizando tareas del hogar en lugar de entrar al mercado y trabajar por un salario? ¿Los hombres no tienen capacidad para realizar las tareas dentro del hogar? ¿Qué factores inciden a la hora de pensar respuestas para estos interrogantes? Podríamos afirmar que no existe un único factor que nos dé respuestas, sino varios elementos que se entrecruzan y se desarrollan simultáneamente, sin un orden de jerárquico. 

Por un lado, tenemos la división sexual del trabajo, que representa la expresión de las relaciones de género en el mundo del trabajo y manifiesta las relaciones de subordinación de las mujeres. Se expresa en la concentración de responsabilidades de cuidado y trabajos menos calificados y con menos ingresos, que implica una peor participación en el mercado laboral para las mujeres. Además, existe una naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar, al considerarse que la posibilidad de procrear nos dota de capacidades superiores para otros aspectos del cuidado como higienizar a les niñes, preparar la comida, entre otras. Lejos de ser algo natural, se trata de una construcción social sustentada en relaciones patriarcales de género, que se sostiene en valores culturales reproducidos por diferentes mecanismos como la educación, contenidos publicitarios, las instituciones, la tradición. Esta naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar continúa muy arraigada y es reproducida por las instituciones; esto lleva a que, muchas veces, nos autoimpongamos asumir estas responsabilidades y se dificulte el cuestionamiento de los mandatos masculinos.

Esta naturalización de la capacidad de las mujeres para cuidar continúa muy arraigada y es reproducida por las instituciones; esto lleva a que, muchas veces, nos autoimpongamos asumir estas responsabilidades y se dificulte el cuestionamiento de los mandatos masculinos.

Por otro lado, el lugar que ocupa el Estado es el de la asignación de recursos, mediante los cuales tiene la particularidad de incidir y dar forma a otras prácticas. Por ejemplo, la intervención estatal puede transformar o mantener la división histórica del trabajo entre hombres, mujeres y diversidades sexuales a través de las políticas públicas que imparte.

Los Estados modelan, también, la interacción entre familias y mercados laborales: definen los criterios mediante los cuales las personas reclaman acceso a la distribución autorizada de recursos.

Los Estados modelan, también, la interacción entre familias y mercados laborales: definen los criterios mediante los cuales las personas reclaman acceso a la distribución autorizada de recursos.

Por último, observamos la estratificación socioeconómica de la organización del cuidado: los hogares pertenecientes a distintos estratos económicos cuentan, de igual forma, con diferentes grados de libertad para decidir la mejor manera de organizar el cuidado de sus miembres. Aquellos hogares de ingresos medios o altos tienen la posibilidad de adquirir servicios de cuidado en el mercado, lo que alivia la presión sobre su tiempo de trabajo de cuidado no remunerado, liberándolo para otras actividades. Estas opciones se encuentran limitadas o son nulas para la enorme mayoría de mujeres que viven en hogares pertenecientes a los sectores más bajos en la distribución de recursos. Un contexto como el actual, en el que se visibilizan y recrudecen desigualdades que ya existían y, particularmente, la desigualdad en la distribución de tareas del hogar, nos invita -de mínima- a pensar y reformular la organización social y política del cuidado, a comprender cómo se distribuyen las responsabilidades en contextos desiguales.

La redefinición de roles y responsabilidades requiere de un amplio debate político en el que se evalúen necesidades e intereses de los diferentes actores. Y, en un contexto de emergencia sanitaria, en el que las mujeres nuevamente son las más afectadas, se vuelve aún más urgente.

Si bien la discusión acerca del rol económico que cumplen las tareas de cuidado y la forma en que socialmente se organizan dichas tareas (con consecuencias sobre la brecha de género y la vida de las mujeres) ha ganado terreno a nivel no sólo académico sino también social, la redefinición de roles y responsabilidades requiere de un amplio debate político en el que se evalúen necesidades e intereses de los diferentes actores. Y, en un contexto de emergencia sanitaria, en el que las mujeres nuevamente son las más afectadas, se vuelve aún más urgente.

[1] Datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo. Tercer trimestre 2013.

[2] Encuesta online realizada por la consultora Grow Género y Trabajo para conocer los cambios en la distribución de las tareas al interior de los hogares en el contexto del COVID-19. Los resultados presentados incluyen 998 respuestas desde el 1ro hasta el 25 de mayo del 2020.

Bibliografía

CEPAL (2009). Panorama Social de América Latina 2009, Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Naciones Unidas.Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales. http://www.politicassociales.gov.ar/.

ELA (2012). De eso no se habla: el cuidado en la agenda pública. Estudio de opinión sobre la organización del cuidado: Natalia Gherardi; Laura Pautassi; Carla Zibecchi – 1a ed. – Buenos Aires: Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

ESPING -ANDERSEN, G. (2000). Fundamentos sociales de las economías postindustriales. Barcelona. Ariel.

ECONOMÍA FEMINISTA (2017). Desafíos, propuestas, alianzas /Cristina Carrasco Bengoa et al; compilado por Cristina Carrasco Bengoa; Carmen Diaz Corral. 1ª Edición. Buenos Aires. 2018.

FAUR, Eleonor (2014). El cuidado infantil en el siglo XXI. Mujeres malabaristas en una sociedad desigual. Buenos Aires. Siglo XXI editores.

GROW GÉNERO Y TRABAJO (2020). Encuesta online para conocer los cambios en la distribución de las tareas al interior de los hogares en el contexto del COVID-19. Disponible en: https://generoytrabajo.com/

INDEC (2013). Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo. Tercer trimestre 2013. Disponible en: http://www.indec.mecon.ar/

RODRIGUEZ ENRIQUEZ, CAROLINA (2015). Economía feminista y economía del cuidado Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad. Disponible en https://nuso.org/media/articles/downloads/4102_1.pdf.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: