Futbol para todes

Es 21 de agosto: Día de la Futbolista. Futbolista, también, la que escribe. Durante la pandemia, mi situación como jugadora de fútbol de la reserva de un club de Primera C es, como la de muchas otras compañeras, de completa incertidumbre. Pero también, fundamentalmente, de preocupación por el mantenimiento de nuestros derechos adquiridos y por la continuación de las luchas por lo que nos queda por conquistar. Para entender a qué me refiero, les invito a que hagamos un breve recorrido por la historia del fútbol femenino en Argentina. 

Primeros registros

El fútbol femenino a nivel nacional no es algo de “los últimos años”, sino que se viene desarrollando desde hace mucho tiempo atrás, pero estuvo históricamente invisibilizado. 

Empecemos por el principio: es durante el reconocido “período pre-AFA”, el 13 de octubre de 1923, que se reconoce el primer partido de fútbol femenino, disputado en la antigua cancha de Boca por dos equipos: Argentinas y Cosmopolitas. Años más tarde, una delegación no oficial de jugadoras representó a la Argentina en el Mundial de 1971 en México (con condiciones muy precarias, claro, viajaron sin ningún tipo de apoyo). El evento fue escenario de los cuatro goles marcados por Elba Selva en el partido contra Inglaterra; en honor a ella, en el 2019 se designa el 21 de agosto como el Día de la Futbolista en Argentina, recordando esta goleada histórica.

En octubre de 1991 comienza el primer torneo oficial de fútbol femenino, organizado por la Asociación de Fútbol Argentino. Inició con una participación de 8 equipos que, seis años después, pasarían a ser un total de 22. Para el año 2011, se permite la participación de clubes no afiliados directamente a la AFA; dos años después, se crea la Segunda División (separando los equipos de Primera en dos divisiones, en base a los resultados finales en la temporada 2015). Sin embargo, la situación continuó siendo de completa marginación, llevando a las jugadoras de la Selección Argentina, en septiembre de 2017, a organizarse y realizar un paro reclamando por su derecho a la utilización del predio de Ezeiza y un aumento en los viáticos (de apenas 140 pesos por entrenamiento). 

La delegación no oficial de jugadoras que representó a la Argentina en el Mundial de 1971.

Camino a la profesionalización

Encaminándonos hacia la situación actual del fútbol femenino, podemos destacar otro de los tantos reclamos por parte de las jugadoras en ese primer partido de la ronda final contra Colombia en la Copa América: el plantel entero hizo una foto con las manos en las orejas como “el Topo Gigio”, simbolizando su voluntad de ser escuchadas. 

El mismo año en el que logramos -luego de 12 años sin clasificar- la participación en el Mundial Francia 2019, la ex jugadora del UAI Urquiza, Macarena Sánchez Jeanney, es desvinculada de su club sin motivo aparente y queda como libre en pleno transcurso del torneo. La respuesta de Maca fue enviar una intimación a su club y a la Asociación de Fútbol Argentino para ser reconocida como trabajadora del deporte. Así, queda visibilizada la necesidad de conocer y abrir el debate social sobre la situación de vulnerabilidad en la que nos encontrábamos; su caso particular fue representativo de todas las jugadoras en general. El pedido era claro: fútbol femenino profesional.

Gracias al reclamo de Macarena y a la lucha colectiva (no solo de las jugadoras, sino también de medios encargados de difundir nuestro fútbol, como Futfemprof o Vamos las pibas Tv) fuimos logrando un avance en el reconocimiento de nuestros derechos en un contexto históricamente reservado para el fútbol masculino. Así fue como la AFA decidió, el 16 de marzo de 2019, semiprofesionalizar el fútbol femenino, que inició de la mano del torneo de reserva en noviembre del año pasado. 

 ¿Por qué hablamos de una “semi” profesionalización? 

El aporte que se da a cada club, de los 17 que integran la Primera División, es de apenas 120.000 pesos mensuales. A esto se agrega que, por club, tan solo ocho jugadoras deben contar con un contrato profesional y recibir el salario mínimo de 15 mil pesos -similar al que maneja el torneo de fútbol masculino de la Primera “C”-. Por ende, la mayoría debe continuar teniendo trabajos paralelos para solventar sus gastos.

Frente al inicio del primer torneo semiprofesional, muchas fueron las preguntas que surgieron con respecto a la profundidad de las últimas medidas implementadas. No podemos negar que fue un paso significativo para el fútbol femenino en Argentina, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de las futbolistas no cobramos por nuestro trabajo, sino que, lejos de eso, son varios los casos de jugadoras que tienen que pagar ellas mismas ciertos gastos como viáticos, nutricionistas, cuota social del club, hidratación diaria, y podría seguir con la -muy- extensa lista. 

Con el objetivo de mostrar la desigualdad de derechos, jugadoras pertenecientes a distintos clubes organizaron el colectivo “Pibas con Pelotas”; su primer encuentro se realizó en octubre de 2019 en el barrio de San Telmo (CABA). Entre sus reclamos se encuentran la promoción de un protocolo de prevención contra el abuso y acoso para visibilizar denuncias que se conocen en el ambiente futbolístico pero no se vuelven públicas. Son ejemplos de esto los casos de integrantes de los cuerpos técnicos que son apañados por los clubes después de denunciados, como también los de jugadoras a las que excluyen de los planteles por animarse a hablar de las situaciones violentas que atraviesan. Otros pedidos son los de cobertura médica para todas, subvenciones para deportistas embarazadas, ayuda para los gastos de guardería, televisación de los partidos de primera división y creación de divisiones inferiores en todos los clubes.  

La Selección Argentina reclamando en la Copa América de Chile 2018

Otra de sus iniciativas más relevantes es el lanzamiento de una campaña para que se sancione una Ley de Equidad en el deporte, con el fin de erradicar la discriminación hacia las mujeres y equiparar nuestros derechos a los de los hombres, promoviendo el cupo femenino dentro de sus órganos directivos y derechos de maternidad para deportistas con cuerpos gestantes.

Más adelante, en pos de los mismos derechos, surge el colectivo de Futbolistas Unidas Argentinas, principalmente a partir de la violencia vivida en el primer clásico de la era semiprofesional entre Excursionistas y Defensores de Belgrano, por la novena fecha del Torneo Rexona. Fueron noventa minutos de tensión física desmedida y la gota que rebalsó el vaso para que las jugadoras nos uniéramos en contra de este tipo de lógicas en la cancha, ajenas al fútbol que buscamos construir. 

El fútbol femenino en contexto de pandemia

Al decretarse el aislamiento social, preventivo y obligatorio en el país, la AFA da por finalizados los torneos de todas las categorías. Luego de reiterados pedidos del colectivo de Futbolistas Unidas Argentinas por información clara y seria sobre la continuidad del fútbol profesional, se firma un nuevo convenio; sin embargo, el mínimo de contratos para los clubes sigue siendo de 8. A diferencia de la primera masculina, las divisiones de fútbol femenino tendrán su inicio un mes más tarde; entre los motivos de esta diferencia, se encuentran la falta de infraestructura sanitaria necesaria para cumplir con el protocolo aprobado, la necesidad de organización previa para el traslado de jugadoras desde y hacia los entrenamientos, la coordinación de la vuelta a los clubes de futbolistas en el interior o exterior del país.

Esto nos lleva, obligatoriamente, a preguntarnos: ¿hay cambio posible sin jugadoras ocupando espacios de poder?

Ante un contexto de crisis, se ponen en riesgo los derechos adquiridos y siguen tapándose nuestras necesidades como jugadoras. Teniendo en cuenta los compromisos asumidos por la Asociación de Fútbol Argentino con la Federación Internacional de Futbolistas Asociados (FIFA) y las obligaciones que éstos implican: ¿cuál es el plan a mediano o largo plazo para el fútbol femenino? ¿Cuáles son las propuestas concretas? La dirigencia, desde su lugar preponderante en la toma de decisiones, continúa dándonos la espalda en nuestra lucha por la completa profesionalización. Esto nos lleva, obligatoriamente, a preguntarnos: ¿hay cambio posible sin jugadoras ocupando espacios de poder?

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