¿Peronista o gorila?

-Pero vos
sos un peronista
-¿Y qué?
Entonces 
yo puedo 
decir
que sos un gorilón
hijo de puta
y es mucho peor.
Carlos Godoy en Escolástica Peronista Ilustrada

¿Facundo Quiroga es peronista o gorila? Antes de que algún fanático de la obviedad conteste que esta es una pregunta anacrónica y estúpida, que para el Tigre de los Llanos los gorilas no eran más que simios grandotes, me adelanto a señalar que la respuesta es evidente: Quiroga es peronista. Del mismo modo que Sarmiento es un ferviente y prolífico gorila. Saavedra y Mitre también son gorilas. ¿Juan Manuel de Rosas? Peronista, claro.

Podría seguir sumando ejemplos o argumentar un poco más mis posiciones, pero voy a parar acá porque creo que no hace falta y tampoco es mi intención pelearme con nadie. En realidad, quiero hablar sobre la fuerza que tiene el clivaje peronista/gorila en nuestro imaginario político y sobre lo fácil e instintivo que nos resulta dividir al mundo en exactamente dos partes. Puntualmente, me interesa explicar el éxito de la página de Instagram “Peronista o Gorila” (PoG) que, a través de encuestas diarias, está clasificando todo lo que existe y existió alguna vez dentro de estas dos categorías.

Para quienes no conozcan la página, les cuento un poco de qué se trata: todos los días se suben tres imágenes distintas, que pueden representar cosas de todo tipo: desde personalidades de la política, la farándula y personajes de ficción hasta canciones, películas, costumbres o partes del cuerpo. La pregunta siempre es la misma: ¿peronista o gorila? Como es la voluntad popular la que dirime la cuestión, cualquier persona que entre a la página puede votar.  Al día siguiente se publican los resultados: abrimos Instagram y nos enteramos de que Lisa Simpson es abrumadoramente peronista, que Harry Potter pasa por los cursos de Hogwarts repartiendo volantes de La Cámpora y que decirle “morlacos” al dinero -aunque sea lunfardo- es de gorila. 

Cada ítem cae de un solo lado de la grieta. Acá no hay matices, sombras de grises ni, paradójicamente, tercera posición. Se es peronista o gorila.

Cada ítem cae de un solo lado de la grieta. Acá no hay matices, sombras de grises ni, paradójicamente, tercera posición. Se es peronista o gorila. Como bien sabemos, las redes sociales son espacios donde suelen florecer discusiones constructivas, respetuosas y democráticas: la sección de comentarios de PoG no es ninguna excepción. Tomemos por ejemplo un tema cualquiera. La energía solar: ¿peronista o gorila? El 60% del pueblo instagramero dijo peronista. Sin embargo, algunos usuarios no se sintieron representados por el resultado… alvarezangeles6 argumentó: “Son incomparables esas placas del ojete”; lolifarias_ se preguntó, decepcionada: “Que le pasó a ese 60%, se golpeó la cabeza?” Pupycasteli intentó buscar una posición intermedia pero nos terminó confundiendo aún más: “La energía solar es peronista, invertir en ella no. Saludos.”

¿Qué nos orienta a la hora de votar por una u otra categoría? Una definición estricta nos diría que peronista es todo lo que remite al general Juan Domingo Perón, a su doctrina y al movimiento social que lo acompaña. Del otro lado del espejo, “gorila” fue la expresión que los y las antiperonistas tomaron en 1955 del jingle de un programa de radio para denominarse: “deben ser los gorilas, deben ser”. Estas pistas deberían sernos suficientes para empezar a esbozar una respuesta, pero revisando el archivo de PoG nos encontramos con dos casos complicados, dos manchas negras en el historial de la página que nos obligan a descartar una explicación ortodoxa: los usuarios votaron gorila al tercer gobierno de Perón y peronista al dirigente radical Raúl Alfonsín.          

¿Qué pasó ahí? ¿Un error en la matrix, una infiltración marxistoide, una distracción del pueblo que a veces se equivoca? Puede ser, pero también podemos aprovechar estos casos para pensar al peronismo como un movimiento dinámico, que muta constantemente incorporando elementos de distinto signo: el peronismo contiene multitudes. De esta manera, puede ser alternativamente -y a veces al mismo tiempo- el partido del orden y el de la revolución, la máquina de ganar elecciones y “el hecho maldito del país burgués”.

El peronismo se nutre de las contradicciones: lejos de esquivarlas o resolverlas, las ampara, les hace un lugar en su corazón mismo.

El peronismo se nutre de las contradicciones: lejos de esquivarlas o resolverlas, las ampara, les hace un lugar en su corazón mismo. Recordemos a una parte del movimiento peronista cantandole a Perón “qué pasa general, que está lleno de gorilas el gobierno popular” y, más recientemente, a Alberto Fernández compartiendo videos de Alfonsín en Twitter cada vez que tiene la oportunidad: la frontera del peronismo no es ninguna puerta de hierro.

Es cierto, algunas internas son particularmente feroces. Osvaldo Soriano lo muestra muy bien en su novela No habrá más penas ni olvido, donde cuenta la historia de un enfrentamiento entre dos grupos armados que van a los tiros gritando lo mismo: “Perón o muerte”. Sin embargo, los conflictos suelen aprender a convivir bajo el mismo techo. Dijo el General: “Los peronistas somos como los gatos; cuando parece que nos peleamos, nos estamos reproduciendo”. La constante renovación del peronismo combina su tradición con nuevos símbolos, nuevas luchas, nuevos actores sociales. Quizás por eso la propuesta anacrónica de “‘¿Peronista o Gorila?” no nos resulta tan extraña: nos acostumbramos a las imágenes de Evita sonriendo con el pañuelo del aborto en el cuello, a ver jóvenes cubiertxs de glitter cantando la marcha en una movilización. 

Hay quienes dicen que en el núcleo del peronismo hay esencias, que algunos elementos no se negocian: la promesa de representación política de los intereses populares, de felicidad inmediata para las grandes mayorías, de garantizar derechos donde haya necesidades. Desde este punto de vista, hay principios de lealtad y, por lo tanto, existe la posibilidad de traición. La única verdad es la realidad: no se puede negar que Menem llegó, se mantuvo y todavía resiste en el poder siendo un líder peronista. También es innegable que sus presidencias profundizaron las desigualdades sociales del país y lo dejaron al borde del colapso. Hay compañerxs que procesan esta contradicción calificándolo como traidor, expulsándolo simbólicamente del movimiento. Los usuarios de PoG lo ven así: en la urna digital, lo votaron “gorila”. 

Una vez le preguntaron a Alejandro Dolina como hacía para ser peronista y aún así disfrutar a Borges, a lo que él respondió: “Soy peronista, pero no estúpido”.

Es difícil saber por qué la gente vota lo que vota. Esto vale tanto para las elecciones nacionales como para PoG. Hay quienes se aferran a la ortodoxia doctrinaria y votan peronista lo que asocian al peronismo de Perón, quienes lo hacen por instinto, por saber enciclopédico…y creo que la mayoría, que se identifica con el peronismo, proyecta esa identidad a todo lo que les gusta, por ende, califican de “gorila” todo lo que desprecian. Personalmente, considero que no todo lo que valoramos es necesariamente peronista y está bien que sea así: por esta opinión me he peleado más de una vez en la sección de comentarios de la página. Una vez le preguntaron a Alejandro Dolina como hacía para ser peronista y aún así disfrutar a Borges, a lo que él respondió: “Soy peronista, pero no estúpido”.

PoG es juego que nos hace pensar en nuestra relación con el peronismo, nos trae algo de satisfacción inmediata y nos devuelve resultados confusos, cuestionables y profundamente contradictorios.

PoG es juego que nos hace pensar en nuestra relación con el peronismo, nos trae algo de satisfacción inmediata y nos devuelve resultados confusos, cuestionables y profundamente contradictorios. Por estos motivos, mi voto no puede ser más que el siguiente: “¿Peronista o Gorila?” Peronista.

Un comentario en “¿Peronista o gorila?

  1. Soy lo que soy, algo superador, argentina está hace 70 años en la ciénaga y los jóvenes argentinos tendrían que pensar en algo superador no continuar con el estúpido dilema que nos tiene en una trampa por ser pichones reproductores de un pensamiento interpelativo. Ser justicialista es ser otra cosa que peronista, es hora de ir más allá con un nuevo sistema de valores que adicione, no que nos deje en una untuosa y triste disyuntiva. Peronista, ¿Para qué? Gorila, ¿Para qué? ¿Para habitar un territorio hundido en la miseria intelectual y material? Soy GoryPro y mucho más.. ¿Y qué?

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