QUIEN QUIERA OÍR QUE OIGA

Siempre que estoy solo en casa hay algo que me resulta incómodo de tolerar. Me estoy refiriendo al silencio. Comenzó a sucederme durante la adolescencia y la solución que encontraba era prender la televisión. Sin embargo, al momento de realizar dicha acción, la aparición de las imágenes me impulsaba a sentarme y contemplar los programas que se sucedían frente a mis ojos, olvidándome de las actividades que continuaban dentro de mi rutina diaria. En ese momento mi relación con la radio era nula, por momentos sentía rechazo y por otros pecaba de edadismo con la frase “la radio es cosa de viejos”. 

Hace no muchos años atrás, decidí armarme de paciencia y comencé a encender la radio. Desde ese momento, mis prejuicios se fueron disipando con el tiempo y ya sea en un equipo de música, una computadora o un celular, la radio está siempre que la necesito. Pero esa inmediatez, con la que me refiero a mi escucha diaria, no era moneda corriente aquel 27 de agosto de 1920, fecha en la que tuvo lugar la primera transmisión radiofónica en Argentina. Pocas eran las familias que poseían una radio en sus casas y, al igual que el resto de los medios de comunicación, fue un camino arduo hasta llegar a su masificación y, sobretodo, una constante necesidad de reinventarse para haber llegado, hace unos días atrás, a los cien años de vida en nuestro país. 

La radio nos abre una puerta a otros mundos, nos acompaña, revaloriza lo colectivo en materia de comunicación y, en la mayoría de los casos, apela a la participación de sus oyentes para que nadie se quede afuera. ¿Cómo se fueron desplegando los contenidos que, hoy en día, asimilamos como naturales dentro de la esfera radial? ¿Quiénes fueron sus principales artífices y con qué nuevos actores fue interactuando? ¿Qué es lo que impide la pérdida de vigencia, pese al paso del tiempo?

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Ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, más precisamente sobre la calle Marcelo T. de Alvear, entre Libertad y Cerrito, el Teatro Coliseo fue el centro de la escena de aquel 27 de agosto de 1920. El edificio del teatro, el cual fue inaugurado en el año 1905, contaba con una terraza donde Enrique Telémaco Susini, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero Carranza, emprendieron la aventura de colocar una frágil antena y un rudimentario equipamiento que les permitió transmitir el festival sacro de Ricardo Wagner, Parsifal, con actuación del tenor Maestri, el barítono Aldo Rossi Morelli y la soprano argentina Sara César, todos con la orquesta del Teatro Costanzi de Roma, dirigida por el maestro Félix von Weingarten. 

Los locos de la azotea, responsables de la primera transmisión de radio.

Si bien no se trató de un acontecimiento que se destacó por su masividad, este primer paso dado por los llamados “locos de la azotea” impulsó, rápidamente, el crecimiento de este nuevo y experimental medio de comunicación que para el año 1925 ya contaba con un gran número de emisoras en nuestro país y una programación en la que abundaba la música, las noticias, la publicidad y, también, la transmisión de eventos deportivos. Al llegar a la década de los 30, el abanico se vuelve mucho más amplio en cuanto a los contenidos que comienzan a tener lugar en la radio. A la música y el deporte se sumó el radioteatro y el humor, dando paso al esplendor y masividad que explotaron con el inicio de los años 40. 

La radio pasó a ser el lugar donde grandes figuras del espectáculo comenzaron a ensalzar a las grandes manifestaciones de la cultura popular, como el tango, el fútbol y el humor. De toda esa masividad lograda surgieron programas que se convirtieron en hitos como Grandes valores del tango, emitido por Radio Libertad de Alejandro Romay, y Las dos carátulas que se continúa transmitiendo en la actualidad. Sin embargo, la llegada de la televisión en la década del 50 significó el primer gran desafío al que la radio debió enfrentar con el fin de no perder los altos niveles de audiencia que había cosechado hasta ese momento. Y es aquí donde la radio se reinventa con la irrupción del magazine, el cual se posiciona en la mañana y se reserva el horario nocturno para los programas musicales.

La radio pasó a ser el lugar donde grandes figuras del espectáculo comenzaron a ensalzar a las grandes manifestaciones de la cultura popular, como el tango, el fútbol y el humor. 

Las dos caratulas, programa de radioteatro que continúa con transmisiones en Radio Nacional

Entre los 60 y los primeros años de la década del 70, se consolidan figuras como Héctor Larrea, Cacho Fontana y Antonio Carrizo. Y al llegar a la segunda década mencionada, una nueva innovación tecnológica tuvo lugar: las emisiones de frecuencia modulada, mejor conocidas por sus iniciales FM, donde la programación musical será la gran protagonista. Sin embargo, con la llegada de la dictadura cívico militar, en 1976, la censura a periodistas, presentadores y, sobretodo, artistas y contenidos fue un golpe muy duro para los avances que el medio pudo conseguir. 

Con la restauración democrática, en 1983, y el devenir de la década del noventa, la radio comienza un proceso de ampliación de voces y, sobretodo, de otorgar centralidad al oyente y a los colectivos sociales que permanecieron silenciados durante un largo tiempo. En la FM, fue notoria la presencia de una gran cantidad de artistas que estuvieron más allá de las lógicas comerciales, apoyando incipientemente a les músiques y artistas autogestionades, sumado a la creación de la icónica Rock & Pop, que marcó un antes y un después en la difusión de la música y la cultura. Mientras que, por el lado de la AM, el lugar de privilegio está en quien escucha, como el recordado programa Te escucho de Luisa Delfino. A esto debemos sumar la aparición de Radio La Colifata del Hospital Borda, FM La Tribu y otras experiencias por parte de organizaciones sociales en materia de comunicación comunitaria. 

FM La Tribu, una experiencia que marcó un rumbo en la comunicación comunitaria y autogestiva

No es posible cerrar este recorrido histórico a una innumerable cantidad de figuras que le otorgaron a la radio su sello propio en los últimos años, como Juan Carlos Mesa, Lalo Mir, Betty Elizalde, Elizabeth Vernaci, Victor Hugo Morales, Juan Alberto Badía, Daisy May Queen y Alejandro Dolina, entre otrxs.

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En la actualidad, el fenómeno de internet permitió la democratización del acceso a la información y, a su vez, la generación de nuevas formas de comunicar y compartir contenidos. En ese sentido, la radio volvió a reinventarse a través de la ampliación de dispositivos electrónicos para la escucha, como celulares, computadoras, tablets y otras tecnologías.

El fenómeno Futuröck demuestra que la radio ha logrado reinventarse en los últimos años

La radio por internet se constituyó como un nuevo canal que garantiza mayor pluralidad no sólo en la aparición de nuevas voces sino, también, en nuevas maneras de abordar la agenda de información diaria. En ese sentido, la experiencia Futuröck se funge como un fenómeno que permitió la difusión de voces jóvenes, a partir de enfoques poco conocidos y, por momentos, silenciados por los medios tradicionales. Pero si de innovación se habla, no hay que dejar de lado al nuevo soporte que se encuentra en auge en estos días: el podcast.

A raíz del surgimiento de plataformas de reproducción de música, como Spotify o Apple, el podcast se posiciona como un formato que, en muchos casos, recupera la situación de conversación sobre un tema específico. Cine, política, feminismo, son algunos de los tópicos que forman parte del bagaje que uno puede encontrarse en el universo del podcast, aunque también hay lugar para las historias personales, anécdotas de viajes y relatos ficcionales. Y no sólo es producido por periodistas o personas de manera independiente, sino que cada vez es más adoptado por los grandes medios como forma de apelar a un público más joven y, así, no perder vigencia. 

Contra todos los pronósticos, la radio sigue entre nosotres. Las voces que día a día encontramos nos invitan a no estar soles, nos llaman para no perdernos de nada y nos hace tomar conciencia de lo importante que es participar en materia de comunicación, por más pequeño que sea nuestro mensaje.

Contra todos los pronósticos, la radio sigue entre nosotres. Las voces que día a día encontramos nos invitan a no estar soles, nos llaman para no perdernos de nada y nos hace tomar conciencia de lo importante que es participar en materia de comunicación, por más pequeño que sea nuestro mensaje.

Quien quiera oír que oiga, que las voces y sonidos sean muchos y, sobretodo, que el silencio nunca gane. Ese es el mensaje que la radio nos viene brindando en estos cien años y da mucha alegría saber que, por ese mismo camino, tendremos radio para rato.

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