Gay, y que se note

“VARONIL, BUSCO IGUAL”

“NO ME VAN AFEMINADOS”

“PIBE TRANQUI, CERO AMBIENTE”

Estas son algunas de las frases que sirven como filtro para una determinada categoría de homosexuales en la aplicación de encuentros gay Grindr. El rechazo a la marica, al afeminadx, a la pluma, suele ser más visible en estos contextos (en parte gracias a que aquella se ha constituido a sí misma como un producto “del gueto para el gueto”). Y es en este presente pandémico, en el cual la virtualidad es uno de los pocos espacios “públicos” que se nos permite compartir, que vuelve a adquirir relevancia la necesidad de considerarlas. 

En 2017, la popular revista LGBT británica Attitude publicó una encuesta realizada a cinco mil varones gays sobre el tipo por el cual sentían atracción: el 75% manifestó su rechazo hacia hombres con atributos “femeninos” (forma de hablar, actuar, etcétera). Hasta aquí podría considerarse una cuestión de gustos, si no fuese porque los resultados también arrojaron que el 41% de los encuestados creían que los afeminados le dan una mala imagen a la comunidad gay.

El patriarcado nos atraviesa y moldea nuestras relaciones sociales, esto ya no es ninguna verdad revelada. Por ende, no habría motivos para que los dispositivos de la hegemonía y el machismo no funcionen bien aceitados en los espacios de varones homosexuales, ya sea en el plano físico o el virtual.

La imagen viril que sigue siendo tapa en 9 de cada 10 revistas orientadas a hombres gays

La masculinidad tradicional (entendida como el conjunto de valores y comportamientos que se asocian a “ser hombre”) se define por la exclusión de todo aquello que supone ser femenino y/o homosexual. El binarismo de género, en el cual nos han educado, se nutre de dos procesos paralelos: naturalización de lo social y socialización de lo biológico. Prácticas, posiciones, actitudes, roles y consumos que nos clasifican como masculinos-activos o femeninas-pasivas.

Si podemos entender la homofobia como un rechazo hacia las cualidades femeninas en los varones, entonces hallamos un sentido para esa mecánica de comportamientos orientados a “que no se note”, a ser “gay, pero no loca”.

Si podemos entender la homofobia como un rechazo hacia las cualidades femeninas en los varones, entonces hallamos un sentido para esa mecánica de comportamientos orientados a “que no se note”, a ser “gay, pero no loca”. Aquella se asienta, a su vez, sobre el andamiaje multimedial y las redes sociales, que nos bombardean con la promoción de ciertos estereotipos: Ricky Martin sigue siendo el hombre con el que sueñan tanto ellas como ellos (en este caso, incluso quien aspiran a ser). No solo se ve “como hombre”, sino que es un padre de familia. 

Una historia indiscreta

Como la mayoría de los paradigmas que sustentan el mundo occidental, el celo por la virilidad actual tiene una fuerte herencia de la Revolución Francesa. Pierre Bourdieu habla sobre este culto a lo masculino como una autodefensa identitaria de las clases obreras francesas en rechazo al dominio de la burguesía (que, recordemos, había adoptado el afeminamiento en sus modos y vestimentas un siglo atrás como indicador de distinción). Así, en el naciente siglo XIX, la oposición entre opresores y oprimidos se organizaría, analógicamente, en la oposición entre masculino y femenino.

La historiadora Valerie Steele, sin embargo, visibiliza el lugar de los “sodomitas afeminados” llamados mollies, pertenecientes en su mayoría a las clases populares, que se congregaban en posadas y casas públicas para socializar y tener sexo. El travestismo era incluso una práctica común. Los integrantes de esta subcultura no solo sufrieron la violencia policial de una corte real igualmente afeminada, sino también la violencia de los machos revolucionarios.

La masculinidad en las clases dirigentes del siglo XVIII se expresaba en una marcado afeminamiento de la imagen .

Ya en el siglo XX, Néstor Perlongher escribe sobre el gueto gay en el São Paulo de los años ‘80, centrándose en los michés, prostitutos viriles que se acuestan con maricas sin considerarse homosexuales, ya que atraen clientes realizando una performance exagerada de rudeza masculina. Aquél expone que el estigma de la puta no pesa sobre ellos -como sí en las mujeres que ejercen el oficio- pero pesa sobre las locas con las que se acuestan. Lo que se considera prostituido no es el cuerpo vendido, sino el cuerpo penetrado y la etiqueta de “loca afeminada” que se le adjudica cuando se trata de un varón.

Cuando Perlongher habla sobre la desaparición de la homosexualidad hace referencia a la colonización progresiva que sufrió esta subcultura por parte de la masculinidad hegemónica a partir de los años ‘70.

Cuando Perlongher habla sobre la desaparición de la homosexualidad hace referencia a la colonización progresiva que sufrió esta subcultura por parte de la masculinidad hegemónica a partir de los años ‘70. Parte de este proceso se da, según él, con el auge del movimiento gay, que en paralelo a ir conquistando derechos civiles y económicos muy ansiados, contribuyó también a promover una imagen del homosexual “normalizada”, viril, más accesible a los sectores medios y altos. La ansiada integración implicó, en muchos casos, la adaptación. 

Visibilidad: entre la apropiación y el cuestionamiento. 

Hablar de masculinidad es hablar de género y también de sexualidad. Esta última no siempre se ha expresado con una matriz innovadora. En el caso de las mujeres cisgénero durante la era victoriana, Steele habla de una apropiación del corsé y la lencería suntuosa como expresión de su feminidad erótica.

Las últimas olas del movimiento feminista han hecho un gran trabajo desarmando la asociación dominante masculino-activo y femenino-pasivo. Sobre esa base, hoy proliferan expresiones de erotismo sexual por parte de masculinidades no-hegemónicas (en especial las trans y no-binarias) que, si bien aún no disputan espacio en los medios de comunicación de masas, son una válvula de escape para aquellas identidades que no adscriben a los estereotipos viriles.

La feminidad estética, un territorio a recuperar por los varones. 


En Argentina, el ambiente de la noche porteña es un aquelarre de estas identidades que recuperan la libertad de exploración sexual y estética, habitando los márgenes, lo no comprendido por la hegemonía masculina. Desde Trabestia Drag Club, que promueve la originalidad drag como dress code (en un poderoso revival sudaca del ambiente ballroom de la década de los ‘80), hasta en las mismas Marchas del Orgullo, en donde cualquiera puede ver la luz del día, la imagen del macho ya no es tan mayoritaria: se ve obligada a compartir la calle con otros discursos estético-visuales.

El uso de elementos como maquillaje, lencería, redes, transparencias, de los que hoy podemos apropiarnos, nos abre las puertas a nuevas formas del deseo y su visibilización. Sin embargo, cabe preguntarnos lo siguiente: ¿esta apropiación de elementos “femeninos” marca una verdadera inclusión? ¿O implica una transferencia implícita de los cánones patriarcales que regulan la sexualidad femenina hacia otros cuerpos?

¿Esta apropiación de elementos “femeninos” marca una verdadera inclusión? ¿O implica una transferencia implícita de los cánones patriarcales que regulan la sexualidad femenina hacia otros cuerpos?

Por último, es imprescindible mencionar la necesidad de asociar la diversidad corporal a la expresión de una sexualidad gay femme. Este es uno de los desafíos más pendientes y urgentes en medio de una época de medicalización de los cuerpos y de consumo acrítico de la información en redes sociales. El activismo gay no puede prescindir del enfoque feminista de género ni de lo expuesto por el activismo gordx.

En fin: que cuando se produzca el reencuentro de nuestros cuerpos y nuestros deseos después de esta pandemia, ojalá sea en todas sus variedades.

Bibliografía consultada  

BOURDIEU, Pierre “La Distinción: Criterio y bases sociales del gusto”, Madrid, Taurus (2012)

PERLONGHER, Néstor: “Los devenires minoritarios”, en FERRER, Cristian (compilador) “El lenguaje libertario”, Montevideo, Nordan (1991)

PERLONGHER, Néstor: “La prostitución masculina”, Buenos Aires, Madreselva (2017)

STEELE, Valerie: “Fashion Theory: Hacia una teoría cultural de la moda”, Buenos Aires, Ampersand (2017)

Datos de la encuesta de la revista Attitude recupeados en: http://magcedonia.com/gais-rechazados-plumofobia/

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