Somos actores, queremos trabajar

Mientras que en la mitología griega el rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, la actual pandemia de COVID-19 ha derrumbado todo aquello que invadió. En Argentina, ha puesto al descubierto las precariedades y la fuerte brecha social que aqueja a nuestra población desde hace décadas, casi podríamos decir desde siempre. Dentro de ese cúmulo de afectadxs, encontramos a lxs trabajadorxs de la cultura, más precisamente a lxs actorxs. 

La bomba comenzó a estallar con el cierre de teatros, el levantamiento de funciones y la suspensión de grabaciones en la ficción televisiva. La necesidad de preservar a la población de un desastre sanitario tuvo, como primera consecuencia, la pérdida de una gran cantidad de puestos de trabajo en el campo artístico y cultural.

La bomba comenzó a estallar con el cierre de teatros, el levantamiento de funciones y la suspensión de grabaciones en la ficción televisiva. La necesidad de preservar a la población de un desastre sanitario tuvo, como primera consecuencia, la pérdida de una gran cantidad de puestos de trabajo en el campo artístico y cultural. En muy poco tiempo, se descubrió que estábamos frente a un campo minado: la dificultad para elaborar un protocolo que garantizara un retorno inmediato a la actividad, la falta de respuestas o, en algunos casos, la insuficiencia de las medidas llevadas adelante por el área cultural del gobierno de la ciudad (y nacional), la constante desatención de los canales de televisión al pedido de repetición de ficción nacional y la imposibilidad, en algunos casos, de una reconversión terminaron por generar un estado crítico para lxs actorxs argentinxs. 

Pero, como mencionamos al principio, el colectivo de actorxs arrastra estas situaciones de precariedad desde tiempos inmemoriales. Si realizamos un breve repaso por las características profesionales y laborales del sector cultural y artístico, descubrimos que siempre fueron difusas y poco reglamentadas, en especial si focalizamos en el tan venerado -pero cada vez más precarizado- circuito autogestivo. Sin embargo, en los ámbitos comerciales y de la cultura pública las condiciones laborales también están lejos de ser ideales: la mayoría de lxs integrantes de este colectivo no tienen regularizado su trabajo, con los plenos derechos que esto implicaría. Principalmente, o son monotributistas – la precarización legalizada por antonomasia – o bien ejercen bajo contratos que poca estabilidad otorgan. 

¿Qué sucedió en estos meses de paralización? ¿Cuáles fueron las distintas acciones de los actores sociales que intervienen en este conflicto? ¿De qué forma visibilizaron los reclamos y las falencias del sector?

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El 2020 comenzó con las clásicas temporadas teatrales de verano en Buenos Aires, Mar del Plata y Villa Carlos Paz, donde se registró una leve mejoría en el número de espectadorxs en relación a los años anteriores. El año cinematográfico, por su parte, dio inicio con el despampanante estreno de El robo del siglo, de Ariel Winograd,  trayendo consigo una impronta prometedora para el cine argentino. En la televisión abierta, finalmente, asomaba una primera novela llamada Separadas, producida por Pol-ka, bajo un halo de esperanza para la recomposición de una industria que, en los últimos años, había sufrido diversos embates. 

Al llegar a marzo todo se desbarrancó. La imposibilidad de realizar actividades con aglomeración de personas tuvo como consecuencia el cierre de teatros, cines y otros espacios culturales. Al decretarse el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, también se suspendieron los rodajes en cine, televisión y todo formato audiovisual. Frente a este conjunto de decisiones, muchxs actorxs comenzaron a mostrar su preocupación por las consecuencias económicas que iban a representar a futuro. Asociaciones y colectivos, que agrupan profesionales de la actuación y la producción de eventos artísticos, comenzaron a trabajar para paliar la difícil situación que, lentamente, se iba profundizando. 

Al llegar a marzo todo se desbarrancó. La imposibilidad de realizar actividades con aglomeración de personas tuvo como consecuencia el cierre de teatros, cines y otros espacios culturales.

De esta manera surgen distintas agrupaciones y asambleas para dar respuesta y levantar la voz de forma colectiva, como Profesores Independientes de Teatro CABA, Artistas Solidarios, Trabajadores Audiovisuales Precarizades, entre otras. A su vez, sociedades consolidadas como SAGAI reforzaron acciones: entrega de bolsones de alimentos, el pedido de repeticiones de ficciones nacionales a los canales de televisión, acompañamiento telefónico y asistencia a lxs actorxs que se encuentran dentro de los grupos de riesgo. 

La Asociación Argentina de Actores

Pero lo que resulta interesante resaltar es el rol que ha tenido, en este contexto, la Asociación Argentina de Actores. El sindicato, conducido por Alejandra Darín, se convirtió en el centro de todas las miradas: no faltaron las reivindicaciones y apoyos a la actual conducción y, al mismo tiempo, los cuestionamientos por la demora en la respuesta a algunxs actorxs que solicitaron ayuda. En el inicio de la pandemia, la Asociación mostró un fuerte apoyo a la suspensión de actividades artísticas y culturales, postura que marcó una división en el conjunto de la comunidad artística. Con el transcurrir de las semanas, como consecuencia del agravamiento de la situación sanitaria y, sobre todo, del descalabro económico manifestado por lxs actorxs, el sindicato tomó la decisión de encarar diversas iniciativas. Dentro de éstas se destacan los acuerdos y convenios con el Instituto Proteatro respecto a subsidios, el trabajo en conjunto con el Teatro Nacional Cervantes para la emisión de obras en su página web, con las que lxs actores y actrices pueden acceder a honorarios, los reclamos para la elaboración conjunta de protocolos para la actividad y, entre lo más resonante, la interpelación a Pol-ka para garantizar el cumplimiento del pago de salarios adeudados, tras los anuncios de quiebra y cierre de la productora comandada por Adrián Suar. 

A raíz de los distintos reclamos y cuestionamientos que surgieron hacia la representación de la Asociación Argentina de Actores, un grupo de jóvenes actorxs -en su mayoría, con carreras iniciadas en la infancia- se organizó para crear la Asociación Civil de Trabajadorxs de Arte (ACTA). Nucleadxs en las figuras de los actores Gastón Soffritti y Peter Lanzani, este espacio ha manifestado la necesidad de consensuar políticas públicas con el fin de mejorar las condiciones laborales en el ámbito artístico y cultural y la posibilidad de revisar la legislación vigente con el fin de regular la actividad, fundamentalmente en las plataformas de distribución de contenidos audiovisuales, como Netflix o Amazon. 

Si bien es ponderable la iniciativa de hacer visible ante la sociedad las problemáticas puntuales del sector en tanto esfera laboral, se puede apreciar del mismo modo que estas agrupaciones no poseen una articulación institucional con un peso mayor en lo simbólico y en lo político que potencie el pedido legítimo por la deuda histórica para con lxs trabajadorxs de la cultura. De forma similar sucede con la cantidad de censos que han circulado por redes sociales, vía mail y/o a través de estas distintas agrupaciones, que tenían como objetivo principal la recolección de datos para poder sostener con estadísticas los reclamos y la necesidad urgente de medidas. Estos censos no fueron elaborados de manera formal, con una validación real de la práctica artística de quienes se postulaban a ser consideradxs en tanto trabajadorxs de la cultura. Quizá, una posible sistematización de todas las aristas laborales que componen a los hechos artísticos en sí en un futuro no solo legitime, profesionalice y regularice el trabajo artístico, sino que también potencie el imperativo de que lxs artistas se consideren trabajadorxs. Arte y trabajo se han escindido históricamente, vulnerando a quienes trabajan en estos sectores, imposibilitando su acceso, incluso, a los derechos laborales básicos, como son los aportes jubilatorios, una obra social, un tarifario claro, contratos formales con mejores condiciones, ART que vele por su seguridad en el ámbito laboral, entre otros.

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Parece una contradicción que un trabajo como es el artístico cultural, a la vista y oídos de todo el conjunto de la sociedad, se encuentre tan poco reglamentado, librado a la suerte de quien contrata y quien se deja contratar, que su característica más consistente sea la precarización y la discontinuidad de la labor. Es por esto que la puesta en evidencia de esta situación por parte de todxs lxs integrantes del campo cultural artístico se volvió urgencia, carne, pedido y necesidad cuando la pandemia derrumbó el desarrollo de las actividades. El trabajo de lxs actores y actrices es colectivo. El cine, el teatro, la danza, son producciones colectivas, conformadas por distintxs integrantes que se ocupan de cuestiones técnicas, logísticas, artísticas y estéticas. Si lxs actores y actrices no trabajan, tampoco trabajan quienes lo hacen alrededor de la actuación. La crisis es aún más grave de lo que se ve: el trabajo falta y la desocupación aumenta delante y detrás de cámara, arriba y abajo del escenario. 

Tristan Bauer en el CCK

Es necesario que el Estado, a través de sus carteras culturales, pueda repensar las políticas públicas que fomentan la creación de empleo en el sector cultural, que no se limite a los habituales créditos, préstamos, concursos, becas o subsidios. Es necesario explicitar que la situación, tanto de lxs actorxs como del resto de lxs artistas, es crítica sin ninguna distinción. 

Parece una contradicción que un trabajo, como es el artístico cultural, a la vista y a los oídos de todo el conjunto de la sociedad, se encuentre tan poco reglamentado, librado a la suerte de quien contrata y quien se deja contratar, y que su característica más consistente sea la precarización y la discontinuidad de la labor.

Al igual que en el resto de la sociedad, lxs actores han alzado su voz frente a la pandemia. A la espera de un reconocimiento no sólo de sus obras, sino también de sus derechos como trabajadorxs, el debate y la acción en conjunto de todos los sectores involucrados resulta imprescindible. Como hemos escuchado durante todo este tiempo, nadie se salva solx.

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