Duelo y pandemia

Tal como nos dice Jacques  Lacan hay dos significantes que escapan de la simbolización: muerte y sexualidad. Podríamos pensar que ambos se están viendo interpelados en esta –nueva– normalidad en la que estamos inmerses, pero me abocaré –sin conseguirlo– a la primera de ellas.

En este contexto de pandemia mundial la muerte está presente día a día representada en números que se expresan en los noticieros, las redes, los diarios. Con el correr de los meses podría pensarse una especie de extrañamiento ante estos y contradictoriamente una cierta naturalidad –un número más– ¿Es este un nuevo intento de simbolización? ¿De “vendar los ojos” ante una realidad que resulta insoportable? Eso se los dejo a ustedes, yo he venido a hablar más precisamente sobre el duelo. Aunque, más que a hablar, a plantear interrogantes, a hacer de cierta manera colectiva dichas preguntas.

Ante la muerte de un ser querido, en ese encuentro con lo real, nos hallamos ante una imposibilidad de significar, un primer momento de perplejidad donde nada adviene. Es por esto que para comenzar a entramarlo de alguna manera en nuestro psiquismo se ha hecho uso históricamente de distintos rituales que fueron cambiando a lo largo del tiempo y, dependiendo de las distintas culturas, persiguiendo, a mi entender, un mismo fin: dar un sentido, o al menos, buscarlo.

¿Qué sucede con estos “rituales” en el contexto de cuarentena? ¿Dónde queda une parade al no poder seguir esta suerte de “lineamientos” de “guías” de hacer y actuar ante la pérdida real de aquel objeto de amor? ¿Dificulta esto el trabajo del duelo?

A partir de la pandemia distintos sucesos se vieron reinventados ante una realidad que se instaló abruptamente sin hacer preguntas ni dar tiempo de espera ¿Se reinventaron también estos rituales ligados al duelo?

A partir de la pandemia distintos sucesos se vieron reinventados ante una realidad que se instaló abruptamente sin hacer preguntas ni dar tiempo de espera ¿Se reinventaron también estos rituales? ¿Cuáles serán las consecuencias?

El caso a caso es siempre el principio directriz, aún ante el ritual velorio, entierro o cremación. Es imposible saber acerca del actuar de cada une, pero consideraría que no es un hecho menor el contar con la misma. Me atrevería a decir que no sólo con esto, sino también con la posibilidad de “hacer uso” del imaginario acerca de qué se suele hacer ante aquello que excede completamente del entendimiento. A pesar de que une nunca haya pasado por la muerte de un ser queride, nunca haya asistido a un velorio, entierro o cremación, muy posiblemente haya escuchado hablar de esto o lo haya visto reiteradamente en películas, leído en libros. ¿Y ahora?

Quisiera pensar que tal como lo hicieron diversos sucesos, estos rituales también se reinventaron y adaptaron a esta situación. Podríamos decir que es inherente al aparato psíquico el buscar –aunque tal vez sin encontrar– distintas maneras de significar lo ocurrido, no se va a quedar de “brazos cruzados” ante un ritual perdido, mi pregunta nuevamente es ¿A qué costo?

Siendo imposible desligarse de la subjetividad yo me pregunto lo mismo desde la propia experiencia que merecen saber para contextualizar de alguna manera la reflexión.

Mi padre falleció durante esta época de aislamiento social obligatorio, en mi caso, yo estuve presente en dicho momento, pude tener una suerte de “despedida”, de la realidad haciendo presente de manera cruda aquello real, pero no dejo de preguntarme ¿Si no estaba allí? ¿Si no podía verlo “con mis propios ojos”?

Creo que como todos los rituales y como he planteado anteriormente, el velorio, el entierro, la cremación, tienen una razón de ser.

No considero menor no tener la opción de elegir el hecho de hacerle frente a lo real e inentendible de la muerte presenciando el destino de aquel cuerpo.

No considero menor no tener la opción de elegir el hecho de hacerle frente a lo real e inentendible de la muerte presenciando el destino de aquel cuerpo, que representa mucho más que eso, en los distintos escenarios mencionados. De elegir o tener la opción de elegir, vivir este momento que quizás podría llamarlo de cierta detención rodeado de personas significativas. ¿Es lo mismo hacerlo frente a una foto? ¿Es lo mismo prender una “vela” en la soledad del hogar? ¿Es lo mismo el no tener la posibilidad de desplomarse sobre los brazos de otre allegade? ¿Se puede reemplazar dicho ritual desde distintas plataformas virtuales? ¿Qué queda “por fuera”? ¿Se imaginan ustedes un “velorio por zoom”?

Si tengo que contestar desde mi lugar, mi respuesta es no. La idea de realizar un zoom con cada persona con una vela prendida en honor a mi padre hizo que por mi cuerpo recorrieran escalofríos. En mi opinión personal en dicho momento las pantallas no bastaban para llenar la presencia del otro. Asimismo, me invadía la sensación que la virtualidad tornaría todo el hecho hasta más surreal.

Las pantallas no bastaban para llenar la presencia del otro.

Sin embargo, también reflexiono acerca de lo único y personal de cada duelo por lo que sería ilusoria cada comparación. Sólo me queda la eterna pregunta de ¿Cómo hubieran sido las cosas si…? Aunque estoy segura que la nebulosa de sin sentido donde une se ve inmerse ante la finitud de la vida y la pérdida de un objeto de amor es inevitable.

Pero también, impulsado por el movimiento de simbolizar lo que escapa, cada quien, dependiendo de sus propias experiencias y su persona, se encontrará con soportes simbólicos de los cuales hacer uso, como yo que, de alguna manera, con estas palabras, hago mi duelo colectivo.

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