Divina TV Führer

Después de ver el recital de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado a través de un Google Meets por el que un amigo nos retransmitía el streaming, me surgió una inquietud urgente. La cuarentena llegó para quedarse.

Luego de siete meses de ASPO y ningún horizonte claro, esa frase parece una obviedad. Pero en realidad no me refiero a la ley sino al hecho. Hace un tiempo me viene dando vueltas en la cabeza la idea de que cuando decidimos innovar, es porque algo llegó para quedarse. De nuevo: no es que en la virtualización de la vida no haya nada nuevo, pero quizás lo novedoso es que en los últimos meses esta avanzó a pasos agigantados.

A quienes participaron alguna vez de una misa ricotera y también vieron hace unas semanas el show de los Fundamentalistas, me gustaría aplicarles una breve encuesta:

Si el día de mañana se levanta la cuarentena (🙏) y el Indio Solari decide hacer un recital en vivo/presencial (🙏), en un contexto sanitario absolutamente seguro (🙏) pero que también transmitirá en vivo, ¿qué elegís? ¿la magia de la misa, o la experiencia Indio en pantuflas?

¿Qué se gana y qué se pierde con la virtualización de la vida?

En un sondeo rápido entre mis amigues, me encuentro con una división casi del 50% y 50% entre una y otra postura. Hay algo en la comodidad de casa y la mediación de la pantalla que nos propone una zona de confort. Esta pregunta podría aplicar para muchos ámbitos de la vida: educación, trabajo, relaciones sociales, cultura. Entonces, repito: ¿la cuarentena llegó para quedarse? ¿qué se gana y qué se pierde con la virtualización de la vida?

Después del recital, hubo una lluvia de tweets que pueden dar cuenta de ambas dimensiones. Se gana en tiempo, en seguridad, en accesibilidad, en comodidad. “No puedo creer no tener que caminar 10km para llegar al micro”, “lo bueno es que tengo el baño cerca en todo momento”, “terminó un recital del indio y yo sigo teniendo mi billetera y las dos zapatillas”, son algunos de los comentarios que circularon. Sin duda hay un carácter democratizante en el streaming: ya no queda limitado a quien puede pagar el viaje y la entrada, disponer del tiempo para viajar y someterse a las condiciones peligrosas de la aglomeración masiva de gente. Ojo, la barrera en este caso aparece en lo que llamamos brecha digital. Sin embargo, las estrategias de la retransmisión vía Youtube o las nuevas plataformas de videollamada permitieron que no sólo quienes habían pagado la entrada pudieran acceder al show, manteniendo la esencia de los presenciales. 

Pero hay quienes se lamentaron: “no puedo creer que la última misa sea vía YouTube”. La sustancia de la nostalgia ricotera definitivamente es la mística. 

Walter Benjamin propone en su ensayo “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” que hacia 1900, la reproducción técnica de la obra de arte evoluciona y comienza un proceso de estandarización. Y lo que sucede con la mera reproducción de la obra, es que esta pierde su aquí y ahora, su inexistencia irrepetible: su aura.

Viendo el recital por streaming desde la comodidad de nuestras casas, tenemos una experiencia directa en el tiempo, y es eso lo que aporta al mito: estamos ante la ejecución en vivo de la obra de arte, que en este caso es la música (o el show). El goce, la nostalgia, la emoción, son sensaciones que nos atraviesan el cuerpo y nos conmueven.

La misa queda clausurada: ni el viaje, ni el asado, ni el pogo. Nada de lo que supone la esencia de este ritual, que se materializa en la corporalidad, está presente.

Sin embargo esta experiencia está absolutamente mediatizada en el espacio. La primer frontera que se nos opone es el hecho de ver el espectáculo a través de la pantalla de nuestra computadora. La misa queda clausurada: ni el viaje, ni el asado, ni el pogo. Nada de lo que supone la esencia de este ritual, que se materializa en la corporalidad, está presente.

Después hay una segunda barrera, para mí la más importante, que es: ¡el Indio ni está presente en el estudio, ni está cantando en vivo! Lo vemos a través de la pantalla de la pantalla, como holograma. Me dirán que el recital no era del Indio sino de los Fundamentalistas y sí, está claro. Pero admitámoslo, a cada comienzo de canción estábamos todes intentando descifrar si el que cantaba era el Indio o algune de sus músiques impostando la voz.

La última barrera es la vinculada a la reproductibilidad. El show queda grabado, y tenemos acceso a verlo las veces que queramos. Pero a diferencia del show presencial, donde la instancia es singular, en el streaming se nos presenta la posibilidad de la repetición al alcance del mouse, donde la experiencia sería la misma cada vez.

Quien elija ver al Indio en pantuflas por sobre la misa, podría preguntarse: ¿deja de haber experiencia, aunque no sea “aurática” en los términos de Benjamin?

Quien elija ver al Indio en pantuflas por sobre la misa, podría preguntarse: ¿deja de haber experiencia, aunque no sea “aurática” en los términos de Benjamin?

Ciertamente, no. Por supuesto que el cuerpo queda comprometido, probablemente porque quedan las reminiscencias de las instancias pasadas, porque se revive ese goce. Pero, quizás, lo que queda inhabilitado en la mera reproductibilidad es lo político. 

Lo que emerge en cada instancia nueva es no sólo la experiencia del aquí y ahora, sino sobretodo, y como consecuencia, la posibilidad de la crítica, del análisis crítico. Producto del compromiso del cuerpo con el presente, lo que aparece es una reciprocidad que permite que la instancia lo transforme a uno a la vez que ese uno transforma la instancia. Pasar de ser un espectador inerte a una persona con capacidad de agencia. La misa no habría llegado a tal si no hubiera reunido durante años a cientos de miles de espectadores.

La experiencia política en este caso es el encuentro con les otres. Es el raconto en el micro de vuelta de cuántos y qué temas tocaron, cuántos eran de los Redondos, si el sonido era una mierda o si te colaste para entrar o pagaste tu entrada. Es la posibilidad de no acordarse de todos los temas que tocaron sino de los que generaron un impacto más alto que el resto. Y sobretodo es un sentir en el cuerpo: la adrenalina de los segundos antes de que empiece, los gritos desaforados del “no lo soñé”, los tropezones y las manos desconocidas pero amigas que te levantan de un saque. Es la construcción de comunidad ricotera. Una experiencia sin dudas transformadora.

Como diría Spinetta, nunca voy a creer que todo el tiempo por pasado fue mejor. Pero si la cuarentena llegó para quedarse, y vamos a elegir los recitales por streaming, las clases por zoom y el trabajo desde la cama, tendremos que estar atentes a no contribuir a la clausura de lo político, de lo que surge del encuentro con le otre.

No quiero dar a entender que la única vivencia válida es la física, como si lo virtual no construyera realidad, como si el límite entre lo virtual y lo real no estuviera absolutamente desdibujado ya. Tampoco quiero resaltar una nostalgia por la nostalgia misma. Como diría Spinetta, nunca voy a creer que todo el tiempo por pasado fue mejor. Pero si la cuarentena llegó para quedarse, y vamos a elegir los recitales por streaming, las clases por zoom y el trabajo desde la cama, tendremos que estar atentes a no contribuir a la clausura de lo político, de lo que surge del encuentro con le otre.

2 comentarios sobre “Divina TV Führer

  1. Lo que ya estaba desdibujado es lo real. Lo virtual, limitado a muy pocos campos, solo profundiza esa situación. La confusión, el desorden y la mediocridad reinantes seguirán vigentes. Y eso llamado arte es hace bastante tiempo una muestra acabada de ello. Con respecto al Indio, y por respeto al Indio, y más allá de que me da vuelta la cabeza la misa, el pogo y la onda intergeneracional, cada día más termino volviendo a los discos. La “realidad” será recuperada tarde o temprano y la gran pregunta no es si cambiaremos modalidades y apreciaciones porque estuvimos “conectados” a una pantalla, sino si seremos capaces de asumirla -a la realidad, of course. Ah, y esto es por el bien de todos.

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