Sobre el fin de los modelos únicos

Suena mucho últimamente la máxima “el fin de los modelos únicos”, que parecería ser el horizonte hacia el que nos dirigimos. Rascando un poco sobre “modelos únicos” hago referencia a la existencia de una cantidad limitada de arquetipos deseables. Si bien se aboga por el fin de “modelos únicos” la demanda connota el fin de modelos en general. La joda no sería agregar dos o tres figuras deseables, si no terminar con la exigencia de tener que encajar en tipologías limitadas y estandarizadoras. Subyace a este planteo la idea de que es posible una sociedad que no le exija a los cuerpos ciertas formas de existir, de una sociedad que habilite el ser de forma “auténtica” (como si hubiera un antes y un después, como si existiera un ser genuino que precede a las demandas de la sociedad, y que se ve contaminado por la búsqueda de encajar en estos “modelos únicos”).

De existir tal utopía, esta implicaría la abolición de las relaciones de poder que permiten reconocer ciertas prácticas, rasgos y representaciones como distinguidas. Detrás de la famosa hegemonía (entendida como se popularizó en el ámbito sociopolítico: lo bello, lo deseable, reconociendo esto como atravesado por relaciones de poder) no hay más que las mecánicas propias de lo social, que convierten ciertos rasgos en capital. El gusto no existe por fuera de lo social: la belleza no es pensable por fuera de dinámicas de relaciones diferenciales (no es pensable por fuera de las dinámicas del poder). 

Pensar que es posible la abolición del reconocimiento de ciertos cuerpos como distinguidos, de ciertos rasgos como deseables, de la existencia de los “cuerpos hegemónicos” implica, o bien negar la belleza como algo que responde a lógicas sociales (y así esencializarla), o bien tener una concepción voluntarista y racional de los actores. 

Pensar que es posible la abolición del reconocimiento de ciertos cuerpos como distinguidos, de ciertos rasgos como deseables, de la existencia de los “cuerpos hegemónicos” implica, o bien negar la belleza como algo que responde a lógicas sociales (y así esencializarla), o bien tener una concepción voluntarista y racional de los actores. 

Ambas concepciones traen consigo una resolución sencilla de la problemática: dejar de reconocer solamente ciertos cuerpos como bellos. Sin embargo, esto no traería aparejado el fin de la belleza, sino que esta pasaría a depender solamente de cuestiones que no residen en consideraciones sociales. “La belleza es subjetiva” y la libertad de elección aparecen como planteamientos no tan lejanos. Pero, ¿es pensable la belleza por fuera de valoraciones diferenciales condicionadas por entramados de poder? Seguramente hay en la belleza mucho más allá de estos entramados, pero no creo que se pueda prescindir de ellos para pensarla.

Cambiarán los modelos, se ampliarán los arquetipos deseables, incluso habrá desplazamientos: cambios en el reconocimiento y en la percepción; pero modelos (limitados) siempre va a haber.

¿Implica esto inmovilidad? ¿Supone la esterilidad de la práctica política? No. Como Derrida supo decir: la democracia siempre está por venir. Se trata de una cuestión justificable desde lo analítico: ampliar los grupos para quienes la vida es vivible (famosa “ampliación de derechos”), y también desde la experiencia. El escepticismo propio de la ciencia nunca podrá contra la potencia vital de lo social. La política no necesita de justificación analítica; no corre riesgo, no al menos de cesar de existir. Existirá siempre que exista lo humano, siempre que exista lo público, lo compartido. No depende su suerte de cuestiones analíticas; la política no es una práctica motivada únicamente desde la razón. Por lo cual, argüir que no existirá tal utopía no implica cesar de buscarla. 

Es necesario militar la búsqueda de un mundo donde pesen menos las exigencias sobre los cuerpos. Para militar un proyecto político es preciso creer, al menos por momentos, que lo ideal puede suceder.

Es necesario militar la búsqueda de un mundo donde pesen menos las exigencias sobre los cuerpos. Para militar un proyecto político es preciso creer, al menos por momentos, que lo ideal puede suceder. Los avances logrados en la materia permiten ser optimistas: la discusión está planteada en la esfera pública, y han ocurrido cambios en dirección de un mundo más inclusivo. Se trata de ir abriendo espacios, de ir ampliando espectros. Aún sabiendo que no habrá punto final, el camino merece ser recorrido. 

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