Covid, creencia y capitalismo

En Humano, demasiado humano, Nietzsche hace referencia a la necesidad estructural del hombre de creer en los símbolos; la propia existencia, la vida terrenal y la muerte se tornan insufribles e inabordables para él. La religión, el arte y la ciencia no difieren entre sí en cuanto a los medios morales, éticos y lógicos que, en el orden del campo de las representaciones, posibilitan al hombre creer engañosamente que ha accedido al corazón del mundo. La búsqueda de conocimiento y, en consecuencia, el desarrollo de cada una de las disciplinas no agota la pregunta existencialista sobre la evolución del hombre. El mundo y lo que entendemos como tal nunca será acabadamente conocido. Solo accedemos a una representación de él y es justamente allí que, desde una filosofía crítica, dicho mundo se vuelve rico e interesante.

Para muchos autores, el hombre no desea la libertad. Aunque nunca lo expresa, implícitamente buscará restituir los lugares primarios de no responsabilidad ante sus actos y los hechos que estos desencadenan. Desde Nietzsche hasta Byung-Chul Han, el hombre está condenado a vivir encerrado en sus intelectualizaciones sobre la vida mundana; muchas veces desestimando y recurriendo a teorías mágicas que reproduce a pesar de los avances científicos. Por ejemplo, abundan los agradecimientos a Dios por las vidas salvadas gracias a la experticia de equipos enteros de médicxs y enfermexs.

Según Han, el ser humano es una especie de topo estresado que no busca tener libertad de acción y prefiere el lugar de la propia culpa y de la del otro.

¿Realmente queremos ser libres? ¿Acaso no hemos inventado a Dios para no tener que serlo? Estas preguntas de Byung-Chul Han en su libro Psicopolítica son la antesala para pensar una tecnocracia del psicopoder, articulación distópica de lo que Walter Benjamín desarrolló como “el capitalismo como religión”. Según Han, el ser humano es una especie de topo estresado que no busca tener libertad de acción y prefiere el lugar de la propia culpa y de la del otro. Para ello, es necesario que algunas personas, roles e instituciones estén investidas de autoridad. Han sigue a Benjamín y plantea que el capitalismo como culto sólo es posible a través de la generalización de la culpa y, a la vez, de la deuda asumida. Acá se encuentra el punto en cuestión, esa universalidad de la culpa que impone el capitalismo es llevada a los extremos, donde la emocionalidad es estimulada con picos de irracionalidad discursiva. Abundan las afirmaciones terraplanistas y anticiencia como producto acabado de la invasión de noticias falsas (fake news) articuladas con publicidad emocional. De esta forma, las organizaciones gubernamentales no son garantía de lazos y seguridad social. Ese lugar es ocupado por las multinacionales, los medios de comunicación, las redes sociales y los shoppings. Dicho estado de situación es una estrategia psicotécnica del capitalismo. No solo ubica al hombre como “consumidor”, “código” y “dato”, sino que además promueve movimientos regresivos en la configuración psíquica de las personas; con mayor debilidad racional de la población, mayor es la necesidad de tapar esas inconsistencias mentales con los productos del mercado.

Este estado de situación es una estrategia psicotécnica del capitalismo. No solo ubica al hombre como “consumidor”, “código” y “dato”, sino que además promueve movimientos regresivos en la configuración psíquica de las personas.

La pandemia de COVID- 19 ha restablecido algunas coordenadas de control social. Lejos de hacer tambalear al dios capitalismo, Han afirma que las tecnologías del psicopoder reemplazarían al biopoder. Sin embargo, las estrategias y métodos para el control de los cuerpos que describió Foucault en Vigilar y Castigar (disciplinamiento, parcelamiento de los espacios y distancia física) encuentran hoy su versión cibernética en algoritmos, biométrica de los cuerpos y en la geolocalización; pero no quiero adentrarme en eso.

Fotografìa: @sebaokif

En El malestar en la cultura, Freud describe tres fuentes de sufrimiento humano: el hiperpoder de las fuerzas de la naturaleza (terremotos, tsunamis, ciclones y epidemias), la fragilidad del cuerpo humano (angustia, vejez inevitable y enfermedades) y la insuficiencia de las construcciones sociales del hombre para regular los vínculos humanos (“el hombre es el lobo del hombre”). La pandemia aúna las tres fuentes en un combo letal de sufrimiento psíquico y contundente. Los ejemplos sobran, las soluciones faltan. Freud, preocupado por el “empoderamiento” de las masas autoritarias de su época, define a la religión como una ilusión y un sistema de creencias construido para dar respuesta fenomenológica a los penares de la vida, la sexualidad y la muerte. Esa construcción será utilizada para mediar lo que el hombre no puede controlar, es decir, sus propios impulsos.

El capitalismo es un parásito que se alimenta de la necesidad de creencia humana y es completamente alienante, no hay espacio temporal entre la necesidad y la satisfacción en el consumo, o por lo menos, la vivencia de satisfacción es cada vez más fugaz; pensemos en la publicidad invasiva en los distintos espacios y en las redes sociales minuto a minuto.

Benjamín, Freud, Marx y Nietzsche consideran el rol corrosivo de la articulación entre capitalismo y religión como una “religión de la desesperación”. El capitalismo es un parásito que se alimenta de la necesidad de creencia humana y es completamente alienante. No hay un espacio temporal entre la necesidad y la satisfacción en el consumo; esta tiene una duración cada vez más corta y, en ese sentido, podemos pensar en la publicidad invasiva en distintos espacios y en las redes sociales minuto a minuto.

La sociedad ha formulado varias hipótesis sobre el hiperpoder del COVID- 19: es pensado como un castigo divino, fabricación humana o venganza del medio ambiente. Si somos analíticos, un sector importante de la sociedad “cree” efectivamente que el descubrimiento de una vacuna para el virus resolvería de un plumazo la pandemia. No obstante, otras “pandemias” como los femicidios o el consumo problemático no han recibido ese tipo de preocupación por parte de la población. El COVID profundizó un miedo que el capitalismo sabe capitalizar: todes, todas y todos somos vulnerables.

La pandemia es un ejemplo, las respuestas están en la praxis social, en las construcciones colectivas, en el re armado de comunidad con fines solidarios. Hasta el momento, lo que nos cuida es el amor, fraterno, humano; el lazo social.

Pensar en una “vacuna salvadora” sin pensar en sus costos materiales y sociales (y ni hablar de los económicos), impide alojar esa “incertidumbre” necesaria para estar atentos/as/es a lo que viene. Recurrimos a los rituales que nos tranquilizan y nos brindan bienestar, pero también es necesario interpretar que eso no resuelve la vida terrenal. Cada unx es “ciertamente libre” de creer en astros, dioses o cremas antiage, pero muchas veces (y la pandemia es un ejemplo) las respuestas están en la praxis social, en las construcciones colectivas y en el rearmado de la comunidad con fines solidarios. Hasta el momento, lo que nos cuida es el amor fraterno, humano y los lazos sociales. Algunes fuimos capaces de ver claramente de qué cosas se puede prescindir y, seguramente, algo infaltable y primordial son nuestros afectos. Les pedimos que se cuiden, nos cuidamos por elles, nos cuidamos entre todes. Así estamos…

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