Todo verde

De una percha de metal cuelgan unas cuantas ramas de cannabis en la oscuridad del armario. No, no es una instalación artística, es el dispositivo casero creado para el proceso de secado después del cultivo. El resultado del ritual de cosecha de todos los abriles del año. La imagen desborda metáforas, el símbolo es poderoso. La percha y el clóset remiten a la clandestinidad, a la demonización y la persecución que atenta contra la autonomía de los cuerpos y las decisiones personales. Dos luchas históricas se entrelazan: las luchas feministas por el aborto legal, seguro y gratuito y la de la regulación de la planta de cannabis. Una reivindicación de la autonomía, pero también contra la criminalización y la clandestinidad. 

Todo verde, orgulloso, pero escondido: en los balcones de lxs cultivadores domésticos, en las habitaciones de lxs adolescentes, en los intercambios de semillas entre consumidores, en las charlas confidenciales entre amigas, en los armarios de las madres que cuelgan perchas para secar la flor que va a servir como aceite terapéutico para sus hijxs. Pero son años de lucha y de reivindicación que nos dicen que la soberanía sobre nuestras vidas no entra en el armario ni en el balcón. Este año, todo verde: sacamos al aborto y al cannabis del clóset. La relación entre la militancia feminista por la legalización del aborto y la militancia por la regulación integral del cannabis parece obvia: estamos hablando de salud, entendida en un sentido amplio, integral, siendo dos luchas que exigen derechos no solo para quienes los “necesitan” según la ley, sino también para quienes los desean.

Estamos hablando de salud, entendida en un sentido amplio, integral, siendo dos luchas que exigen derechos no solo para quienes los “necesitan” según la ley, sino también para quienes los desean.

Pero también las historias de ambas luchas se entrelazan por los sucesos. El aborto cuenta con el famoso fallo FAL, del año 2012, en el cual la Corte Suprema de Justicia reconoce la pespectiva de Salud Integral ratificada por la OMS en relación al derecho al acceso al aborto seguro y gratuito. La lucha cannábica, por su parte, tiene a su vez su hito judicial, que sentó precedentes en la historia de la criminalización y la persecución a sus usuarios: el fallo Arriola, de 2009. Al contrario de lo que muchas veces se cree, este fallo no constituye una despenalización o legalización de la tenencia o producción de cannabis. Aún hoy, tanto la tenencia como el autocultivo están penados por una ley especial. Mientras tanto, los abortos siguen haciéndose de forma clandestina, dependiendo de la voluntad de unx médicx o de las posibilidades de pagar. 

Sin embargo, la Ley que pena el consumo y la tenencia de cannabis está en contradicción con el Artículo 19 de nuestra Constitución Nacional, que establece que “las acciones privadas de las personas que no perjudiquen a terceros están exentas de la autoridad de los y las magistrados/as”. En este mismo artículo se basó la Corte, durante el fallo Arriola, para declarar la inconstitucionalidad de la aplicación de la Ley de Drogas para la tenencia por consumo personal. Mientras el Código Penal no sea modificado, el consumo y el autocultivo van a seguir produciéndose en la clandestinidad.  

Recientemente hubo una buena noticia que representa un avance en el camino a la despenalización: el Poder Ejecutivo publicó la re-reglamentación de la Ley 27.350 de Investigación Médica y Científica del Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus Derivados, que fue sancionada en el 2015. Este logro se dio luego de arduas discusiones con las organizaciones cannábicas y a partir de una militancia incansable de las mismas para modificar la reglamentación existente, heredada del macrismo. Hasta hace unos días el uso del cannabis medicinal estaba restringido a los casos de epilepsias de tipo refractarias (las que no reaccionan a ningún medicamento del mercado). Además, no era legal su compra o cultivo ni se garantizaba el acceso, es decir, solo existía un grupo muy pequeño de personas a las que se les permitía acceder, pero no se les aseguraba cómo.

Los avances de la nueva reglamentación firmada por el presidente son: la producción pública de cannabis y sus derivados, la promoción del acceso gratuito a todas las personas con indicación médica, ya sea mediante cobertura pública o privada de salud, y el amparo del autocultivo personal o comunitario. Además, estipula y requiere la investigación de la planta de cannabis y sus derivados por parte de diversos actores, tales como el CONICET, universidades y organizaciones científicas. 

La consigna es la misma: derecho a decidir sobre nuestras vidas y ejercicio pleno de la soberanía sobre nuestros cuerpos.

La consigna es la misma: derecho a decidir sobre nuestras vidas y ejercicio pleno de la soberanía sobre nuestros cuerpos. Un gran número de las personas perseguidas por la penalización de la planta de cannabis son justamente quienes ejercen tareas de cuidados, muchas de ellas mujeres en situación de alta vulnerabilidad social. Lo mismo ocurre con el aborto: la penalización y la ilegalidad de la interrupción del embarazo impacta sobre la vida de las personas gestantes, exponiéndolas a la clandestinidad y a la persecusión de sus decisiones.  

La semana pasada también se envió al Congreso el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que anunció Alberto Fernandez por cadena nacional y contempla todo lo debatido hace dos años. Establece como derecho la atención médica para realizarse un aborto hasta la semana 14 y también garantiza la atención post-aborto; a ambas debe poder accederse tanto en la salud pública como en la privada. Además, despenaliza a quienes abortan y agrega una condena penal para el personal de salud que obstaculice la realización de un aborto, es decir, aunque el proyecto presupone la objeción de conciencia individual, ésta no puede ser motivo para impedir que lx paciente acceda a un aborto asistidx por otrx profesional. 

La histórica e hipócrita demonización que han sufrido ambas prácticas no fue más que un recurso para imponer los intereses hegemónicos de una medicina corporativa y de un sistema patriarcal extractivista que controla y explota nuestros cuerpos.

La histórica e hipócrita demonización que han sufrido ambas prácticas no fue más que un recurso para imponer los intereses hegemónicos de una medicina corporativa y de un sistema patriarcal extractivista que controla y explota nuestros cuerpos. Hay que dar vuelta esa imposición; la batalla también es cultural y las ciencias médicas también son un campo de batalla. El ejercicio pleno de las decisiones sobre nuestras vidas no deben ser motivo de vergüenza, sino de orgullo. Eso tan sencillo que nos enseñó el feminismo, poner el deseo y el goce en el centro, solo podemos cumplirlo teniendo garantizado el acceso a todos los derechos que nos hacen bien.

Todavía queda mucho por hacer: el aborto legal no se va aprobar solo y la marihuana no va a ser legal de forma integral sin militancia. Pero avanzamos, y lo hicimos entrelazadxs en luchas que nos llenan de orgullo. 

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