A mí me gusta andar de pelo suelto

“Che, planchate el pelo”, “qué despeinada estás”, “pelo de paja”, “con el pelo lacio estás más linda”, “¿¡te peleaste con el peine hoy!?”, “sos una virulana”, “con el pelo así estás desarreglada”, “arreglate para la entrevista de trabajo”, “sos un arbusto con esos rulos”, “¿te hiciste alisado?”, “qué feo pelo tengo”, “alto frizz tenés”, “parecés Bob Patiño”.

Estas frases moldean nuestra percepción sobre nuestros cuerpos y un ideal de belleza. Desde la infancia nos imponen que tenemos que tener el pelo atado, quieto, lacio, y nos hacen creer que esas imposiciones son algo normal, que así es como debe ser. Se nos inculca la norma. Lo normal es encajar. Que el pelo rizado o afro es un pelo malo, sucio y desprolijo. Algunas madres no pueden ver a sus hijes con rulos y frizz, entonces les alisan el cabello. La típica: “Vení que te hago las trenzas para que no se te vea el pelo parado”. Nuestras madres fueron víctimas de esa vergüenza que es ser “distinto”. Porque, para la sociedad, ser diferentes es ser excluides. 
Desde nuestra infancia nos encontramos con iconos de belleza, ejemplos a seguir, que las muñecas buscan emular con su pelo lacio y rubio, su tez blanca, su delgadez, y su piel sin marcas. No hay espacio para la diversidad de cuerpos y patrones de cabello que existen. El resultado es el desprecio a  quienes no encajan en las demandas que exige la hegemonía.

Desde nuestra infancia nos encontramos con iconos de belleza, ejemplos a seguir, que las muñecas buscan emular con su pelo lacio y rubio, su tez blanca, su delgadez, y su piel sin marcas. No hay espacio para la diversidad de cuerpos y patrones de cabello que existen. El resultado es el desprecio a  quienes no encajan en las demandas que exige la hegemonía.

En la adolescencia, donde las críticas abundan, nos dicen que tenemos que alisarnos el pelo para ser aceptades en la escuela, en el boliche, en el grupo de deporte, de danza, en las salidas con amigues, incluso en nuestras familias. Vivimos inmerses en un círculo cultural elitista, tanto familiar como amistoso, que hace que tratar tu cabello se convierta en un desafío difícil de manejar. Es por eso que nos llenamos de shocks de keratina, de botox, y de esa manera se va perdiendo el patrón natural de nuestro pelo. Esto se transforma en un circuito vicioso de alienación que la mayoría de las veces no termina bien. 

Ya en la adultez buscamos tratamientos y hacemos los grandes duelos del big chop para sanar tanto daño que nos hicimos. Nos terminamos convirtiendo en aquello que nos dicen que debemos ser para determinados cánones de belleza occidental (los correctos, los admitidos). Es por esto que surge la dicotomía del pelo “bueno” y el pelo “malo”. Si estás desarreglade, “mal vestide”, tenés sobrepeso o el pelo con rulos o afro, no sos bienvenide. Muchos fueron los momentos en donde nos sentimos angustiades: la humillación y las críticas externas e internas se hicieron costumbre.

Nuestro paradigma de belleza se basa en una construcción históricamente situada. Sus orígenes se remontan a décadas atrás, incluso siglos, y difieren según la cultura. Nuestros ideales de belleza en las sociedades occidentales están fuertemente ligados a la mirada etnocéntrica y la supremacía blanca, impuestas por la conquista y perpetuadas por el sistema colonial. Nos educaron para hacernos creer que nuestros cuerpos debían adaptarse a un determinado estándar. Para ello está bien visto ocultar partes de ellos, se nos dice que es así como tenemos que vivir. Pero llegó el momento de romper con estos estándares de estética elitista, racista y clasista; de construir una sociedad más justa e inclusiva en donde no estemos señalades por ser diferentes y buscando constantemente la aceptación ajena. De aceptarnos colectivamente en la diversidad. De, simplemente, poder vivir sin tener que recibir mandatos de cómo une tiene que lucir.

Método curly

Después de tantos años queriendo lucir un lacio perfecto le dijimos basta a la planchita, los tratamientos químicos de formol, las siliconas y a lo más cuestionable, el uso de shampoo con sulfatos. Empezamos a potenciar nuestro patrón natural del cabello y dejarlo libre. Comenzó a crecer una comunidad que adoptó el Curly Hair Method, que se expandió mundialmente, en donde cada día más personas cuentan sus vivencias y comparten testimonios en las redes sociales. En Argentina, particularmente en el grupo Rulos Arg en Facebook, muchas personas cuentan sobre la transición de un pelo dañado a un pelo sano. Se comparten productos aptos, se dan consejos de cómo lucir el pelo de una manera más saludable, sin tratamientos químicos invasivos y aceptando el patrón de pelo de cada une. 

Lorraine Masey utilizando técnicas para cortar su cabello rizado.

El “Método Curly” deja de usar agregados de formol, siliconas, sulfatos y petrolatos, que se encuentran en la mayoría de los productos comerciales de consumo masivo. El problema es que estos ingredientes no permiten que el cabello tenga un crecimiento natural ni tampoco ver su estado real (cuán sano está). 

Banner promocionando el método “curly hair” muestra el rostro de tres mujeres con distinto patrón de rulos.

El método no solamente se trata de saber cómo usar una crema de peinar después de mojar el cabello; va más allá del pelo perfecto y definido. Es un viaje de ida hacia aceptar cada faceta de nuestro pelo. Es querernos, dejar de invadirnos con químicos y omitir los comentarios ajenos acerca de “cómo deberíamos ser”. Es el empoderamiento de nuestras melenas porque “todo pelo es político“. Es hacernos escuchar: no queremos que nos critiquen ni que nos toquen sin nuestro consentimiento, que invadan nuestros cabellos con prejuicios sobre el exotismo. Es querer dejar de escuchar comentarios de cuándo y cómo lucir nuestro pelo. Es la liberación de nuestras melenas en favor de aceptar nuestros orígenes.

Es la liberación de nuestras melenas en favor de aceptar nuestros orígenes.

Dibujo de mujer afrodescendiente mostrando su cabello afro rizado.

Porque, al fin y al cabo, de eso se trata: de compartir esta experiencia, animarnos y aconsejarnos, de hacer comunidad. Animar a cualquiera que esté a punto de empezar una transición a que lo haga, que no esconda su cabello natural y que no esconda su singularidad. El pelo va a pasar por muchas texturas diferentes y necesitar un tiempo considerable de cuidado que probablemente poques entiendan. Al pelo afro o rizado hay que cuidarlo y mimarlo, porque cuando lo hacés te enseña su versatilidad y desmiente todos los descalificativos de “sucio”, “despeinado” , “pelo malo” o “no profesional”. Nos hemos creído demasiado tiempo que es sinónimo de fealdad y vergüenza, escondiéndolo y no explotando su potencial. Nuestro pelo es conexión con nuestra ancestría, con nuestra identidad. Reconocernos en nuestros rizos es reconocer nuestros orígenes. 

Existen múltiples formas, tamaños y colores en la belleza. La belleza no es una sola, la belleza está en el reconocimiento de la misma. Es el poder reconocer nuestro pelo rizado/afro como algo bello y así romper con los dogmas de la hegemonía.

Existen múltiples formas, tamaños y colores en la belleza. La belleza no es una sola, la belleza está en el reconocimiento de la misma. Es el poder reconocer nuestro pelo rizado/afro como algo bello y así romper con los dogmas de la hegemonía. Mucho más que una moda o un capricho: aceptar nuestro pelo es una práctica política, es una decisión cotidiana de resistencia contra  la hegemonía blanca y colonial. Cuidarlo es parte del proceso de aceptación de nuestro propio cuerpo. Por eso la fuerza de nuestra melena: ella rompe con los cánones de belleza, con el estereotipo de las Barbies de nuestra niñez. Romper con estas imposiciones culturales del pelo liso es salirnos de lo que conocemos, de todo lo que nos enseñaron. Es re-aprender sobre nosotres mismes y nuestro cuerpo como también sobre qué y cómo consumimos. Aceptarnos es mostrar que existimos, que estamos y somos. Nuestra lucha contra un sistema que nos quiere “bien peinades y prolijes” es mostrar que nos quieren sumises, nos quieren “blanqueades”, nos quieren desconectades de nuestro cuerpo. Y ninguna lucha se hace en soledad: la nuestra es colectiva, es diversa e inclusiva. Se convierte nuestro cabello negro y afro en simbolo de resistencia. 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
ºGarcia. C. (Agosto, 2020). La transición hacía la aceptación. España. Afrofeminas.   https://afrofeminas.com/2020/07/21/la-transicion-hacia-la-aceptacion/amp/
º Illezcas. M. (Noviembre, 2020). Cabello bueno. España. Afrofeminas.        https://afrofeminas.com/2020/11/12/cabello-bueno/
º Buika. N. (Septiembre, 2020). Belleza colonizada: Pelo malo. España. Afrofeminas.    https://afrofeminas.com/2020/09/17/belleza-colonizada-pelo-malo

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