Un cortado

Si tuviera que resumir en una palabra al mes de diciembre, sin dudas lo haría con el tan temido concepto de caos. Lejos estoy de referirme a aquellos fantasmas que ciertas figuras políticas agitan en algunas oportunidades, cuando el último mes del año acontece en Argentina. Ese caos al que hago mención tiene íntima relación con la constante vorágine presente en la planificación de las fiestas de fin de año, los brindis y la realización de balances que nos ponen a prueba para reconocer que nos faltó y que hemos logrado; para luego, pensar en aquellas cosas que queremos que en un tiempo próximo puedan hacerse realidad. En mi caso particular, debo sumar mi cumpleaños como una incómoda fecha entre la Navidad y el Año Nuevo y, con ello, la extraña sensación de ese año de vida que se nos suma y todo lo que eso implica y remueve. 

Sin embargo, el diciembre del 2020 se transformó en un tiempo de decantación en donde nos hemos permitido relajarnos, tomarnos una pausa y buscar diferentes recursos que nos lleven hacia aquello que añoramos, por más pequeño y cotidiano que sea. Fue, en esa búsqueda, que me encontré navegando por YouTube con el documental Bares de esquina de barrios perdidos. Dirigido por Martin Paladino y Edgardo Kevorkian (creadores de la guía de bares llamada La ruta del café con leche)la película se compone de 28 minutos donde artistas, periodistas y personalidades de diversos ámbitos nos regalan sus recuerdos, vivencias y rutinas que se dan en los bares de la Ciudad de Buenos Aires; los cuales, rápidamente, nos interpelan por tratarse de hechos con los que convivimos en nuestro transitar en el espacio urbano diario. 

Afiche de “Bares de esquina de barrios perdidos”

¿Quién no se ha sentado en un bar con el simple pretexto de mirar a la gente en su constante caminar? ¿Quién no se ha juntado con otrxs para tomar un cortado y concretar negocios, desplegar la creatividad, iniciar una relación amorosa o, caso contrario, poner fin a la misma? Bares de esquina de barrios perdidos (realizado en pleno confinamiento) nos invita a descubrir que lejos de ser una actitud pasiva, algo tan simple como sentarse en un bar puede ser una aventura donde podemos ser protagonistas en cualquier momento.

Bares de esquina de barrios perdidos (realizado en pleno confinamiento) nos invita a descubrir que lejos de ser una actitud pasiva, algo tan simple como sentarse en un bar puede ser una aventura donde podemos ser protagonistas en cualquier momento.

¿Dónde mejor que en un bar?

El 2020 será recordado como el año en el que cerraron los bares. Una nueva normalidad empujó a miles de personas a abandonar el café de la esquina, ese espacio que daba refugio a tanta compañía y a tanta soledad. Con esa frase se inicia Bares de esquina de barrios perdidos, documental que reúne testimonios de lo que representa el bar en nuestra cotidianeidad, de lo que es estar en ese espacio donde sucede de todo; donde el encuentro con otrxs es moneda corriente y, fundamentalmente, donde el café es un punto de partida hacia lo posible y, también, hacia lo inimaginable. 

De esta forma, voces como la del músico Diego Frenkel, el actor y cantante Antonio Birabent, la periodista Ernestina Pais, el escritor Enrique Symns, entre otras, nos abren la puerta hacia sus formas de ver y transitar los bares. Todxs hablan de los mismos como lugares en donde se permiten desarrollar su trabajo sin interrupciones, intercambiar miradas con otrxs transeúntes y disfrutar de una de las tantas sucursales de sus casas, como menciona la actriz Soledad Villamil. En los bares, se vivencia el cruce del silencio con la muchedumbre, de la claridad con la opacidad, de esa sensación de supuesta inercia con un despliegue (por momentos imperceptible) de la actividad que cada uno realiza. Todo eso con un café mediante y con la voluntad de abrirse hacia la posibilidad de estar junto a otras personas o, por el contrario, de experimentar la soledad. 

“Fragmento de Barcos de papel” por Tute

El dibujante Tute se refiere a su entrega total para componer, dibujar o escribir hasta que se terminan las servilletas de la mesa. El escritor Pedro Saborido alude a las reuniones junto a su pareja creativa, Diego Capusotto, para dar vida a nuevos personajes y situaciones para su reconocido programa de televisión en el bar El torreón, ubicadoen el barrio porteño de Belgrano. Los testimonios que la película ofrece nos ponen frente a momentos que todos hemos vivido en nuestras vidas, teniendo como escenario a mesas, sillas y el inconfundible aroma del café, la pizza o el vermú. Podemos encontrarnos con una historia de amor, como la del músico e integrante de Escalandrum, Daniel “Pipi” Piazolla, quien conoció a su mujer Soledad mientras trabajaba como camarera en un bar. También, podemos recordar como lo hace la cocinera Narda Lepes: el café con leche tras la visita a su médico en el Hospital Alemán o los sandwiches llamados Camperos que pueden encontrarse en la esquina de Paraguay y Azcuenaga, a pasitos del Hospital de Clínicas. 

Si tuviese que apelar a mi honestidad, la anécdota de la ya mencionada Ernestina Pais (a quien la película le adjudica la frase Me gustan tanto los bares que me puse uno – el mismo se llama Milion y está emplazado en una antigua casona de la calle Paraná 1048 -) donde confiesa haberse escapado de la escuela para irse a un bar para tomarse un café y mirar la gente pasar, me recuerda a mi último año del colegio secundario; donde aprovechaba las horas libres para hacerme una escapada al bar La Giralda y disfrutar de su emblemático chocolate con churros. Innumerables imágenes se nos vienen a la cabeza frente a cada una de las voces que la película exhibe, llevándonos a momentos en el que los recuerdos nos conmueven hasta las lágrimas por su simpleza, por su capacidad de retrotraernos a la infancia o la juventud y, sobre todo, por encontrar un espacio donde hermanarse y comprobar que todos hemos amado, creado y vivido en un bar. 

Imágenes y canciones con aroma de café

Lo bello de cada una de las voces que intervienen en la película no se limitan exclusivamente a los recuerdos, a las implicancias emocionales o al despliegue de la creatividad que puede darse en un bar. A eso debemos sumarle las historias, imágenes y sonidos que convirtieron a los bares como parte fundamental del imaginario cultural de las grandes ciudades argentinas. 

En ese sentido, se destacan las participaciones de los periodistas Reynaldo Sietecase y Humphrey Inzillo. En el caso del primero, los bares son destacados como sellos distintivos de la identidad no sólo de una ciudad como Buenos Aires sino, también, refiriéndose a Madrid o Nueva York. En el segundo, se repone todo un bagaje relacionado al bar como espacio predilecto para la creación de situaciones y melodías que son fácilmente identificables en nuestro rock nacional y el tango.  

A partir de esto último y como modo de aprovechar a los artistas intervinientes en el documental, las palabras se entrecruzan con imágenes y canciones que tienen como conexión al bar. Mientras el ya aludido líder de La Portuaria, Diego Frenkel, habla de los bares que frecuenta, se incorporan fragmentos de los videoclips de sus canciones El bar de la calle Rodney y Hoy no le temo a la muerte; esta última cantada junto a David Byrne. En ambos ejemplos el escenario coincide, es el icónico bar Rodney del barrio porteño de Chacarita. Lo mismo sucede con el músico y cantante de la banda Estelares, Manuel Moretti, quien centra sus recuerdos en el bar El Taller de La Plata; donde infinidad de músicos, actores y otros artistas oriundos de esa ciudad forjaron una marca y un desarrollo cultural importante para la zona sur de la provincia de Buenos Aires. Entre otros tantos ejemplos no pueden dejar de estar presentes las imágenes del videoclip de la recordada canción Sola en los bares, interpretada por Hilda Lizarazu y su recordada banda Man Ray y, por supuesto, la mítica anécdota de la composición de La balsa; himno fundacional del rock argentino que ostenta su origen en el baño de La perla de Once en manos del recordado Tanguito. 

Diego Frenkel y David Byrne, cantando “Hoy no le temo a la muerte” en el bar Rodney

Así como la música está presente, lo mismo sucede con el cine, la televisión y la literatura. Desde escenas de la película El mismo amor, la misma lluvia hasta los sketches de Peter Capusotto y sus videos, pasando por los personajes y escenarios creados por Roberto Fontanarrosa. El documental logra una perfecta armonía entre lo que el bar significa como espacio y lo que los otros han aprovechado del mismo, a través de la música, la imagen y la palabra. De esta forma, todos nos hermanamos en el lugar donde podemos encontrarnos con otros o con nosotros mismos.

Siempre nos quedará el bar

Aunque se trate de un artista, un periodista, un pensador o cualquier otra profesión, el bar es ese lugar que nunca deja de llamar la atención. Resulta increíble que con una mesa, unas sillas y un café el mundo pueda transformarse por completo. Es desde la sorpresa de la simpleza que Bares de esquina de barrios perdidos logra conmovernos, hacernos reflexionar y valorar ese espacio que se transforma siempre para lo que necesitamos.

Es desde la sorpresa de la simpleza que Bares de esquina de barrios perdidos logra conmovernos, hacernos reflexionar y valorar ese espacio que se transforma siempre para lo que necesitamos.

Los testimonios que la película recopila hablan de quienes lo han vivido y de nosotros, de la manera en que elegimos ver la realidad o buscar un refugio de la misma y, por supuesto, compartir esa mirada o protección con quienes nos rodean. Por todo ello es que se trata de un documental que no hay que dejar de ver, ya que nos invita a jugar, a imaginar y a empatizar con las cosas simples. Tan simples como un cortado.

Lautaro Heger es el autor de la nota.
Indi Paredes es la editora de la nota.
Martin Paladino es director del documental “Bares de esquina de barrios perdidos”.
Edgardo Andres Kevorkian es director del documental “Bares de esquina de barrios perdidos”.
La ruta del café con leche es una guía azarosa de bares poco notables de Buenos Aires.

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