Bitcoin, divino tesoro

En los últimos días, es posible que muches hayamos escuchado acerca de lo que pareciera ser un eco del futuro: el bitcoin. Seguramente hayamos notado que algune amigue quiso invertir en esta moneda virtual y preguntó cómo adquirirla. ¿Qué es? ¿Cómo se consigue? ¿Por qué mis en mis grupos de whatsapp se refieren abrumadoramente a ella? 

En lo que va del 2021, la criptomoneda tuvo una escalada del 60%, lo que dio a lugar a múltiples discusiones sobre sus posibles repercusiones a escala global. No es menor que muchas grandes empresas hayan decidido comprado bitcoins:  vieron ahí la “pepita de oro” para maximizar sus ganancias. Intentaré explicar los orígenes de este fenómeno, las formas en las que se ha presentado, pero también cuáles son las consecuencias sociales del alza de esta moneda. 

Una moneda sorprendente, curvilínea y elocuente

Hay momentos en los que todo corre tan rápido que pareciera que el mundo, la tecnología, la era digital, vienen por delante, y es más sencillo escuchar la repetición de un concepto sin detenerse a analizarlo. Lo más importante que hay que saber sobre el bitcoin es que es una moneda virtual que surge en el 2009 – ¿casualmente? luego de la crisis financiera mundial del año anterior- de la mano de Satoshi Nakamoto (pseudónimo de los autores). Su particularidad reside en que puede ser adquirida únicamente a través de Internet, funciona como medio de pago no a través del dinero físico, sino del virtualizado. Básicamente son minas de oro de nuestra era que operan a través de códigos criptográficos, secretos, jeroglíficos digitales. ¿Qué quiere decir esto? Que yo puedo comprarlas desde mi computadora sin ninguna restricción, ningún medio centralizado, ninguna institución financiera que regule ese comportamiento monetario. 

Son minas de oro de nuestra era que operan a través de códigos criptográficos, secretos, jeroglíficos digitales. ¿Qué quiere decir esto? Que yo puedo comprarlas desde mi computadora sin ninguna restricción, ningún medio centralizado, ninguna institución financiera que regule ese comportamiento monetario

La potencialidad de esta moneda, entonces, radica en su descentralización y en su difícil modo de rastreo, además de que funciona por métodos matemáticos y algoritmos más que por la “confianza” de los capitales. Esto es así porque se componen de blockchains, que son como una especie de libros contables donde se registran todas las operaciones y transacciones de la moneda, en los que cada bitcoin cuenta con un hash o código que solo conocen quienes están adheridos a la cadena (les compradores).  

A pesar de la aparente seguridad, durante el 2019 se dieron a conocer diferentes ciberataques en los que se recogía la criptomoneda de manera ilegal. Los nuevos saqueos ya no se hacen con lo que en su momento fueron las “salideras bancarias”, sino mediante hackers que entran a sistemas operativos robando los códigos de las cadenas y, por ende, los datos de las transacciones. Ahora bien, ¿qué consecuencias trae esto? ¿Qué significa este nuevo método de acumulación monetaria y, sobre todo, qué consecuencias tiene en la sociedad?

Los bitcoins como espejos de nuestras sociedades

Viviana Zelizer, en el Significado social del dinero, disiente con la idea que limita las monedas únicamente a un bien de valor y uso, encerradas en cuestiones matemáticas y económicas: para ella tienen repercusión sobre los comportamientos humanos y la dimensión social. Al hablar de bitcoins no hacemos referencia a su función exclusivamente monetaria, sino a las mutaciones que genera socialmente, recordando, claro, que lo económico y lo social operan de manera dialéctica, no excluyente. En un mundo digital, donde existen millones de personas con acceso a internet en múltiples habitaciones separadas, la sociedad ya no es un todo homogéneo, está conectada por redes descentralizadas. Por esto mismo es esperable que aparezcan estos medios de pago, porque nuestras necesidades acompañan las innovaciones de la economía, que se ha ido reinventando aceleradamente en contexto de pandemia.  De hecho, esta moneda virtual solo es posible con la aceptación social de métodos monetarios que acompañan nuestro espíritu de época. 

Lo económico y lo social operan de manera dialéctica, no excluyente. En un mundo digital, donde existen millones de personas con acceso a internet en múltiples habitaciones separadas, la sociedad ya no es un todo homogéneo, está conectada por redes descentralizadas.

Tristemente, los futuros prometedores muchas veces esconden bombas detrás de la espalda, que nos explotan en la cara sin que nos demos cuenta. Y es que, ciertamente, la tentación de una moneda descentralizada, con libre adquisición, ¿no nos convierte también en usuarios y consumidores sin protección? ¿Qué pasa cuando hay ciberataques que hacen colapsar al sistema? ¿Quién nos garantiza seguridad?

En el imaginario social pareciera que, en los últimos años, el sistema financiero central, los Estados, los gobiernos, han quedado viejos, obsoletos; han ido desfasándose de los deseos de la mayoría de la población, por lo que ofertas innovadoras que nos dicen “sé tu propio jefe, tu empresa” (“sé tu mismo capital humano, explotate”) atraen las ideas de libertad individual que tanto nos excitan –alerta: Foucault spoiler-. También podemos considerar que ya nadie cree mucho en otras formas de acumulación monetaria y que hay varios países, gobiernos –como Colombia- que han preferido optar por legalizar esta criptomoneda porque es la salida más segura para sus economías. Probablemente sucedan crisis institucionales y los poderes centralizados de los gobiernos y bancos dejen de representar intereses, a diferencia de las tecnologías del mercado más globalizado. Pero ¿hasta qué punto esa desregulación no es contraproducente?

Los Estados, los gobiernos, han quedado viejos, obsoletos; han ido desfasándose de los deseos de la mayoría de la población, por lo que ofertas innovadoras que nos dicen “sé tu propio jefe, tu empresa” (“sé tu mismo capital humano, explotate”) atraen las ideas de libertad individual que tanto nos excitan

Los monstruos del futuro y las monedas

Las crisis económicas de sobreproducción en el capitalismo poseen patrones que se repiten y, con ellas, la transición de una forma de intercambio en el mercado a otra. Cada crisis posee síntomas previos, pequeños hormigueos que se perciben en los lugares más cotidianos de nuestras sociedades. Sucedió con el pasaje del patrón oro al dólar, el crack de la bolsa de Wall Street en 1929 y su Gran Depresión, la crisis del petróleo en 1973, la financiarización total de la economía y su última crisis -que aun hace sentir sus secuelas- en 2008 con las burbujas especulativas inmobiliarias. Los sistemas monetarios se reconfiguran cuando hay transiciones y emergen de sus mismas crisis cíclicas, cómo un ave fénix. El mundo transiciona, las monedas cambian, las formas de acumulación y los métodos de intercambio también, y nosotres surfeamos una ola que vemos de lejos. Una frase conocida de Gramsci ya nos advertía que “el viejo mundo está muriendo. El nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro nacen nuestros monstruos”.

Siempre hay un discurso que prima sobre otro, una moda que después se hace estructura. Un pibe que le dice al otro: “¿Che, por qué no compras bitcoins? Se hace plata fácil, no tenés restricciones, te conviene”. Y los avances tecnológicos dan a conocer estos fenómenos, que no son enteramente económicos ni estrictamente monetarios, pero que son tomados en cuenta y utilizados como tales. En su momento, Karl Polanyi escribió en La gran transformación que el mercado autorregulado, al ser institucionalizado, puede generar como contrapartida una desarticulación social, ya que las personas son las que pagamos los platos rotos de las formas especulativas del capital. Esto es así porque pareciera que el mercado no posee una función social, sin embargo, tiene consecuencias sobre nosotres.

El mercado autorregulado, al ser institucionalizado, puede generar como contrapartida una desarticulación social, ya que las personas son las que pagamos los platos rotos de las formas especulativas del capital.

Por ahora, las criptomonedas no son legales -jurídicamente hablando- de manera global, ya que un amplio espectro de los Estado-Nación desconfían de esa utilización del dinero digital, pero ciertamente la legitimidad social que va ganando el bitcoin es suficiente para generar su circulación, siendo las empresas e individuos quienes deseamos volcarnos hacia esta forma del capital. Y, repito, deseamos: se nos cae la baba ante un futuro prometedor que nos garantiza una supuesta libertad y seguridad que las instituciones, al parecer, no satisfacen. Pero, en mi opinión, cuando los horizontes del mercado parecen más tentadores y las ambiciones se vuelven más pretenciosas es cuando más nos aproximamos al ojo de la tormenta. 

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