Cosecha que se va, que se va, que se va

Recientemente se conmemoró el 8M y aún resuenan algunas consignas y lemas: “mi cuerpo no pide tu opinión, déjame caminar tranquila”, “qué viva la lucha de las mujeres”, “ahora que si nos ven” y “arriba el feminismo que va a vencer”.

Es un momento ansiado por la militancia feminista, en él estallan una mezcla de emociones producto de los preparativos que se fueron llevando previos al gran día, infinitas reuniones, largos debates, charlas con amigas y horas delante de la computadora pensando la línea con la que vamos a salir a las calles. En esa algarada de emociones encontradas, experimento algunas reflexiones que llevan un tiempo en mi cabeza y que me hacen pensar que algo no está cuadrando. ¿Qué actividades se llevan adelante en las zonas rurales del interior del país? ¿Se movilizaron? ¿Qué talleres se organizaron?

Las zonas rurales no salen en los titulares, las mujeres que habitan la ruralidad apenas se mencionan y escasamente se ven representadas en las movilizaciones, a pesar de que juegan un rol central en la producción y el abastecimiento de alimentos constituyendo un 43% de la mano de obra agrícola del mundo. En Argentina, el 50%[1] de la población rural está representada por mujeres que labran la tierra, cuidan los animales y trabajan la materia prima.

En Argentina, el 50% de la población rural esta representada por mujeres que labran la tierra, cuidan los animales y trabajan la materia prima

En ese sentido, es importante señalar que las mujeres rurales y originarias constituyen un colectivo de gran heterogeneidad. Un informe de 2017 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca que su variedad se manifiesta de diferentes formas: por la forma de vida, por los lugares que habitan (campos, bosques, selvas), por la organización social y por la distinción entre campesinas e indígenas. También por la variedad de actividades que desarrollan: son agricultoras, recolectoras, pescadoras, asalariadas o artesanas.

En general, para las mujeres rurales y originarias el acceso a la tierra y al agua constituye un problema serio que afecta el volumen y la calidad de la producción. En algunas zonas, además de padecer graves restricciones de agua, no tienen la propiedad de la tierra.

De acuerdo con un trabajo de investigación realizado por Adelas Nores y Matilde Fierro[2], Argentina cultiva más de 20 millones de hectáreas, pero de los 330.000 establecimientos productivos que existen en el país solo 27.000 son dirigidos por mujeres, es decir, menos del 10%. En general, el rol de la mujer en la toma de decisiones en el sector agropecuario de nuestro país es muy bajo.

Las leyes y prácticas discriminatorias hacia la mujer, especial­mente aquellas que limitan o impiden que posean tie­rras, son un obstáculo fundamental para su desarrollo económico. Del mismo modo, las barreras del sistema coartan a las mujeres rurales a crear o expandir sus negocios, a pedir créditos y a manejarse de forma eficiente en los mercados. Tienen acceso limitado a los recursos productivos y financieros, a las cadenas de valor, a los contactos, a los insumos necesarios para su trabajo, a las infraestructuras, a la educación, a la cobertura médica y a la justicia.  

Pensar la planificación y provisión de infraestructura en zonas rurales desde un enfoque de géneros es fundamental. Las mujeres rurales y originarias pagan un precio alto por la falta de infraestructura. Esto se refleja en términos del tiempo que tienen que dedicar a conseguir agua para su uso doméstico y agrícola, para procesar y comercializar alimentos y otros productos (agrícolas o no), recoger leña y acceder a servicios de salud para sí mismas y sus familias. Esta pobreza por carencia de tiempo limita su capacidad de desarrollar o acceder a fuentes de ingresos complementarios.

Pensar la planificación y provisión de infraestructura en zonas rurales desde un enfoque de géneros es fundamental. Las mujeres rurales y originarias pagan un precio alto por la falta de infraestructura.

Por otro lado, el acceso al crédito para las mujeres es difícil. Si bien en los últimos tiempos creció el número de mujeres titulares de créditos, la experiencia vivida por una emprendedora rural[3] es la siguiente: “…no es fácil para las mujeres el acceso al crédito, principalmente porque casi siempre se habla de créditos para la familia y de esta manera son los varones los que acceden a estos recursos”.

En cuanto al acceso a los servicios de salud, existe una dependencia casi total del sistema público. Lo usual es que asistan a centros de salud local, pero la situación se complejiza cuando se trata de atenciones médicas más complejas y deben trasladarse a hospitales pertenecientes a ciudades más próximas. Eso trae como consecuencia las dificultades del transporte y su seguridad, ya que en la mayoría de los casos no existe un sistema de transporte accesible y se tiene que recurrir a favores de vecinxs o a hacer dedo, con la inseguridad que conlleva esa modalidad. Esta falta de acceso afecta principalmente a las mujeres, quienes cargan principalmente con las tareas de cuidado del hogar y se responsabilizan por la salud de sus hijxs.

Esta falta de acceso afecta principalmente a las mujeres, quienes cargan principalmente con las tareas de cuidado del hogar y se responsabilizan por la salud de sus hijxs.

Aunque se constata que los hogares con jefas mujeres tienen mayor incidencia en las áreas urbanas que en las rurales, es probable que dentro de la proporción de “inactivas” exista un alto porcentaje de mujeres que trabajan en tareas rurales no remuneradas, en labores de huerta o en el cuidado de animales, sin que ellas mismas ni los otros las perciban como un trabajo. Las estadísticas no contribuyen a mostrar este tipo de situaciones que probablemente los acercamientos de tipo cualitativo podrían ayudar a visibilizar

Adicionalmente, quisiera mencionar las dificultades que conlleva la ausencia de conectividad. En la actualidad, la conectividad es un factor esencial para el desarrollo económico, la salud y la educación. Sin embargo, el acceso a estas tecnologías de la información y comunicación (incluidos celulares e internet) es desigual entre la población y posee serias limitaciones para el ámbito rural. Las zonas rurales carecen de las inversiones en infraestructura necesarias para tener un acercamiento a la red y así la oferta de tecnologías es muy limitada. Entre los factores que afectan a la llegada e inclusión digital destacan la geografía, el sexo, la edad y el nivel educativo.

En su mayoría, las mujeres rurales tienen un acceso más bajo por la brecha de género digital, por vivir en zonas de campo y tener un nivel educativo bajo. Si logran acceder, el uso que pueden hacer de esas tecnologías es limitado. Además de estas barreras generales, las mujeres rurales y originarias se enfrentan a otras adicionales por los roles de género que las estigmatizan en el uso de las tecnologías. En muchas zonas, ellas no tienen celular o lo comparten con otros familiares.

Muy a nuestro pesar, quizás no tengamos que ir muy lejos para encontrarnos con escenarios similares a los descriptos. Sin ánimo de ser fatalista o no reconocer los logros alcanzados por el feminismo, es urgente comenzar a dialogar con la realidad de las mujeres y disidencias que habitan las zonas rurales; las cuales poseen como único escenario habitable a un suelo pegajoso que dista mucho del techo o de paredes de cristal.

Como reclaman algunas referentas de los barrios populares, es necesario un feminismo que entienda la diversidad de las mujeres y, sobre todo, la necesidad de contar con más referentas de los sectores rurales, originarias y populares. Es crucial que el lema de un feminismo popular e interseccional trascienda lo discursivo, que las políticas que se implementen desde el Estado sean reales, coordinadas y sostenidas con acciones integrales y multisectoriales. 


Notas:

[1] Disponible en: http://www.fao.org/3/i3788s/i3788s.pdf

[2] Nores, Adela y Fierro, Matilde (2018). Rurales Mujeres Argentinas. Buenos Aires. Argentina.

[3] Cristina Biaggi. Comentarista de las experiencias rurales en las Jornadas “Las mujeres en la economía social y solidaria”

María Clarisa Ruiz es la autora de la nota.
Indi Paredes es la editora de la nota.

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