Los oscuros vicios institucionales

¡Diablos! ¡La verdad fue hecha para existir! Y no para que nosotros la conozcamos. A nosotros solo nos cabe inventar. La verdad … bueno, simplemente, la verdad es lo que es.

C. Lispector

El intento de este escrito es interrogar y analizar los decires y ciertas lógicas institucionales no dichas que comprometen al disciplinamiento del cuerpo; a ese quedar frizados o sustraídos de las acciones cotidianas en el trabajo llevado adelante en una institución. Reflexionar, por un lado, lo silenciado y lo omitido que tiene efecto en las subjetividades. Por otro lado, cómo las lógicas institucionales se repiten más allá de que se modifiquen los actores que sostienen la escena.

La propuesta es indagar ciertas frases que circulan dentro de una institución, el modo de advertencias con ciertas resonancias y efectos (no sin costos) del pasar de la visibilidad a la invisibilidad en un deambular corporal sin anclaje al trabajo colectivo que manifiesta la institución como norma de funcionamiento. Consideramos necesario, como define Nahuel Krauss, hacer una diferencia entre discriminar (una función fundamental del lenguaje) y segregar, lo cual causa crueldad y empuja al otro a callar y a guardar silencio. Es un acercamiento a las distintas aristas del padecimiento del sujeto contemporáneo y del trabajador en una institución sin intentar hacer una síntesis, caer en la simplicidad o reducir la complejidad.

¿Qué entendemos por “institución”? Es una formación social que, según Freud, podemos pensar como “masas organizadas, una reunión de individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo en lugar de su ideal del yo”. 

También nos encontramos con la cultura institucional que refiere a los valores y prácticas que orientan y dan sentido al quehacer cotidiano. “Son las sociedades las que crean sus significaciones imaginarias sociales y marcan diferentes momentos de la historia a partir del alzamiento de lo instituyente frente a lo instituido.” plantea A.M. Fernández.

En el texto “El malestar en la cultura”, Freud sitúa y da cuenta de la relación del hombre en la cultura. Él se ve conducido a la “renuncia pulsional”, por lo que debemos entender al malestar como poseedor de un carácter estructural. Se renuncia para aceptar ser parte de la sociedad. El trabajo de la cultura, si seguimos a Freud, implica favorecer, ordenar y regular las relaciones entre los individuos desde la salida del núcleo familiar a su inserción en la comunidad. De esta forma, el trabajo produce malestar no solamente por falta de competencias estrictamente profesionales.

A partir de los decires que llegan al consultorio, estableceremos un recorrido que partirá de las relaciones laborales, de los efectos de frustración y de padecimiento que generan en las subjetividades contemporáneas y de los síntomas que dan cuenta de ese padecer lo institucional.

En las condiciones actuales que genera el neoliberalismo, se puede pensar en lo que afirma D. Sztulwark: “el héroe neoliberal ya no es el hombre de Estado, sino el empresario. Lo neoliberal se presenta como mandato de extensión de la racionalidad económica”. Se padece, pero en ese padecer pasivo se acepta la resignación en silencio por la impotencia que la situación provoca. Hay una irrupción de situaciones de vulnerabilidad y, en algunos casos, lo que acontece está naturalizado y se siente que no es posible hacer nada.

El neoliberalismo tiene pretensiones totalizantes de anular la heterogeneidad subjetiva y llegar a un proceso de homogeneización donde todo el que no lo acepta es excluido. Es un dispositivo de subjetivación que apunta a adecuar la intimidad de los afectos y deseos a la lógica del mercado.

Lacan plantea: “¿Qué es un gesto? ¿Un gesto de amenaza por ejemplo? No es un golpe que se interrumpe. Es, al fin y al cabo, algo hecho para detenerse y quedar en suspenso”. Un gesto de amenaza se inscribe en un antes y puede valer por sí mismo como instrumento de intimidación desde el punto de vista de la mirada, del lenguaje y del reconocimiento de la acción humana.  

Si pensamos que en el lenguaje se aloja toda la historia de la humanidad, todos los goces del espíritu humano, el lenguaje y su impacto en el sujeto, la entrada en el lenguaje y en el significante, es imposible pensar al sujeto que habla sin juntura y separación, la ruptura del fonocentrismo; la palabra porta la escritura como vivencia esencial, esto queda disimulado, oculto en la vida cotidiana. Es la barra lo que inscribe el desorden y la desunión entre el significante y el significado, la imposibilidad de realizar el querer decir de la lengua. Es por eso que hay metáforas o excesos de significantes respecto de los significados y todo significado es parcial. Lo que no está historizado hace síntoma. 

Abordaremos los siguientes enunciados para el análisis: “Tengo la posibilidad de hacerte visible o invisible”, “tenés que hacer esto, se está muriendo mucha gente”. Una frase que dice todo de golpe, sin titubeos, sin dudas, sin ambigüedades, sin temblar. Lo no dicho que se lee en el primer decir tiene otro registro, el valor de invisible también recae en el trabajo cotidiano; quedar frizado convirtiéndose en un paria institucional nos recuerda al texto del escritor Pedro Páramo, donde el pueblo de Comala se convierte en un mundo aniquilado, pero lleno de fantasmas. Queda claro que una cosa es callar y otra silenciar, a propósito de la politicidad de lo que se elige omitir. Este dicho también corresponde a una época en la historia de nuestro país, lo real como sufrimiento que aparece. Nos implantaron el miedo, la coerción; construyen una forma tan perversa que intimida y nos lleva a recordar los métodos que hemos padecido durante la última dictadura cívico-militar. Retorno de lo real de la dictadura.

Se puede pensar que, en algún punto, la historia institucional mantiene esta herencia oscura de esos años del terror institucional. La vigencia de esta lógica de funcionamiento genera un alto impacto en los trabajadores.

En el segundo decir, la propuesta es sacrificar la propia salud para responder a una demanda política emergente en esta época de pandemia. Es una política que intensifica el temor y el hostigamiento. El individuo no tiene posibilidad de elegir. A la forma de una encerrona, debe renunciar a su cuidado personal por otras causas que son revestidas con carácter urgente frente a un contexto socio económico donde su empleo se encuentra amenazado.

En la actualidad, al individuo que transita en las instituciones se le exige retornar y trabajar como si no hubiera reconocimiento del contexto de pandemia. El trabajador tiene que acceder a poner el cuerpo, a sacrificarlo en el más absoluto silencio. Surgen los siguientes interrogantes: ¿Quién se inmola? ¿Quién pide el sacrificio? ¿Algunos cuerpos valen más que otros? ¿A quién quiere muerto el virus?

Nos planteamos aproximarnos a las complejidades, cuestionar las instituciones en este contexto de pandemia globalizada, al capitalismo y al modo en que los integrantes de la sociedad, los sujetos, subvierten sus reflexiones, sus significaciones, sentidos y poderes, lo que implica conflicto y afectividad.

Las iniciativas de las instituciones que se reciclan como gerencialistas sirven a la perfección a sus objetivos reales ocultos, los cuales consisten en debilitar aún más el poder del trabajo y socavar la autonomía de los trabajadores. 

El monitoreo inagotable y la precariedad van de la mano: “El trabajo nunca termina, el trabajador debe estar siempre disponible, sin derecho a ninguna vida privada ajena al del tiempo del trabajador” dice Fischer sobre el “home office” y las condiciones, las amenazas de exclusión, la pérdida del trabajo, la desocupación y la precarización. 

Se convive con un estado de humillación, vergüenza y situaciones laborales extremas. Se sostiene el mandato de silenciar: ¿en qué momento el silencio se vuelve complicidad y la complicidad violencia?

Las relaciones entre hombres y mujeres, hombres con poder en la escala jerárquica, la discriminación y la desigualdad hacia las mujeres y a otros grupos sociales subordinados ponen en evidencia el proceso de subjetivación donde estamos inmersos. Hemos sido creados a imagen y semejanza del sistema hetero-patriarcal capitalista de las instituciones. 

En esta institución y, quizás, en otras, la estructura de pensamiento binario es lo prevalente, generando la vacante o la ausencia de una instancia de terceridad. Esa terceridad ausente habilitaría una mediación posible y no quedar con el pensamiento de la positivación de la exclusividad que solo puede inscribirse en una forma de gestión jerárquica. La exclusividad se refiere a “yo estoy porque tú no estás”. La ideología de la exclusividad se extiende a todos los aspectos de la vida contemporánea.

Como plantea José L. Slimobich en el taller de “Política y cuerpo social”: “Es decir que el estado masculino sigue conservando el criterio de propiedad y lo que hace es, si se puede decir así, masculinizar a la sociedad alrededor de los bienes, de los servicios, de las ganancias.” 

“La verdad nunca es aterradora, aterradores somos nosotros”. 

C. Lispector.

Referencias bibliográfica
Nahuel Krauss https://www.infobae.com/cultura/2021/04/13/lacan-el-psiquiatra-fascinado-con-el-surrealismo-que-puso-al-psicoanalisis-al-reves/?fbclid=IwAR2mc730KFdnWpYpdhoJup3_z9V20246irk8-MNqthSVfvR6HiTgfLhtC20
Freud. “El malestar en la cultura”. Tomo XXI. Amorrortu Editores (1927-1931).
Fernández. A.M. La imaginación colectiva y anónima. Introducción a algunas ideas de C. Castoriadis. Revista Diferencia(S). Número 2.   
Lacan. Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.
Fischer Mark.  ‘’Realismo capitalista.’’ ¿No hay alternativa? Caja Negra.
D. Sztulwark.  “La ofensiva sensible”. Caja Negra.
José Leon Slimobich, Taller: “Sobre el cuerpo social y la política”.
Clarice Lispector. “El tiempo”. Cuenco de Plata.

Paola Lospinoso, es psicoanalista y es la autora de la nota.
Ramírez, Graciela M, es psicoanalista y es autora de la nota. Integrante de la Red Colectiva Psi.
Indi Paredes es la editora de la nota.

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