Las penas son nuestras…

Y su conciencia dijo al fin:
“Cántale al hombre en su dolor,
en su miseria y su sudor
y en su motivo de existir”

Violeta Parra

Queremos iniciar este escrito a partir de la formulación de algunos interrogantes que surgen de los decires que circulan en la clínica: ¿Qué duele en el dolor? ¿Qué irrumpe ahí? ¿Qué acontece cuando se abre una herida para la cual no hay consuelo? ¿Por qué la experiencia del dolor se sanciona como negativa? ¿Para qué sería necesaria esta emoción en la experiencia humana? ¿Cómo gestiona la época los campos emocionales? ¿Qué lugar ocupa la alianza entre la tecnociencia y el capitalismo en estas temáticas?

En El Malestar en la Cultura, Freud afirma que el sufrimiento acecha al ser humano desde tres fuentes diferentes: los lazos con el prójimo, la relación con la naturaleza y el vínculo con el propio cuerpo. Consideramos, especialmente, algunos aportes provenientes del psicoanálisis que nos permiten pensar la articulación entre el dolor, el sujeto, el cuerpo y la demanda. El dolor y la angustia constituyen experiencias fundamentales de la existencia humana, involucran al cuerpo de manera radical y establecen relaciones complejas entre sí.

Desde el discurso religioso, destacamos una frase que aparece en el relato bíblico y que enuncia a la vida y a su partener, el dolor: “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos” (Génesis 3: 16). Se puede tomar “con dolor darás a luz” como una metáfora del desprendimiento, del corte; dolor del nacimiento, punto de llegada o de partida. No estamos hablando de todos los dolores. Hay dolores físicos para los cuales la industria farmacéutica tiene los miligramos recomendados para cada intensidad. Hay otros que son del alma y tienen una particularidad que hace de cada uno una experiencia.

Esta es una posible indagación para dar cuenta de eso último: ¿Cómo toma diferentes estatutos aquel dolor? Según Freud, el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. Sin embargo, debemos ubicar que no toda pérdida implica un duelo o el encuentro con la experiencia del dolor.

Las preguntas pueden articularse solamente desde la singularidad de cada sujeto y cobran cierto sentido en función de las repercusiones que acarrean para alguien en su vida. En el Seminario 3, Lacan plantea: “si por una suerte extraña atravesamos la vida encontrándonos solamente con gente desdichada, no es accidental, no es porque pudiese ser de otro modo”. Y agrega: “Uno piensa que la gente feliz debe estar en algún lado. Pues bien, si no se quitan eso de la cabeza, es que no han entendido nada del psicoanálisis”. Abrir la herida acerca el dolor necesario en la experiencia humana:

“‘Tengo una pena una pena
casi puedo yo decir
que yo no tengo la pena
la pena me tiene a mí.”
(Daniel Tellez, 2007).

Habitamos una época en donde existe un número importante de narrativas acerca de la felicidad, eslóganes e imperativos de cómo hacer o de cuáles son los pasos a seguir para alcanzar la felicidad. La idea es entrenar el pensamiento positivo y convertirlo en un hábito para que predomine sobre el pesimismo; en definitiva, se trata de apelar a distintas estrategias para cancelar el dolor y las emociones con otras envergaduras. Estas aparecen como algo que incomoda, que hay que evitar, esquivar y no permitirse experimentar. Se presentan como emociones insoportables y se opera sobre ellas un corrimiento, la emergencia de lo depresivo como síntoma sobre el cual opera la industria farmacológica. Hay que sacarse de encima el dolor, la tristeza, la angustia, la ansiedad, aquellas emociones que representen un malestar.

Podemos pensar que la ideología de la sociedad de consumo actual se funda en la idea de que debemos ser siempre productivos; esto surge de la formación global de agendas narcisistas (con esto se hace referencia al individualismo a ultranza) propias de la cultura terapéutica del neoliberalismo. Estas ofrecen la despolitización del ciudadano, propiciando identidades políticas atomizadas y colaborando de esa forma con la desmovilización popular y la desideologización de lo íntimo. Todo lo que frene o genere un obstáculo al objetivo de productividad es negado. De esta forma, tanto el amor como el dolor son rechazados por el capitalismo, ya que el sujeto se aleja del ideal de productividad en esos estados.

La comercialización de la felicidad o la eterna promesa de que todo es posible se genera en los consumidores como una fe religiosa, ellos “creen”. Renata Salecl hace referencia al resultado paradójico por el cual, en el capitalismo, la fe en el éxito se trasladó a la forma de entender las emociones y, en especial, a la vida amorosa.

Es un mito falso que la salud mental implica sentir alegría, optimismo, estar con el pulgar del “ok”, como si se tratara de que todo fuera medible, incluso la salud psíquica. ¿A qué alude la salud mental de un sujeto? ¿Qué sucede con las otras emociones que no son consideradas dentro de la gestión neoliberal como, por ejemplo, la tristeza predominante en este momento de pandemia? La época nos invita a vivir con positivismo al cien por ciento o tener una mueca de risa pegada en el rostro como el Guasón. En definitiva, la mueca como impostura de estar alegres. Como si fuera posible excluir del ser humano a las emociones oscuras (nuevamente surge un ideal, el de la transparencia, la autenticidad) o a aquellas emociones que imposibilitan la continuidad del hacer. Se puede reflexionar que en este modo de pensamiento subyace cierto ideal de pureza emocional. Desde estos coros de las narrativas contemporáneas se sigue sosteniendo la polarización, a las emociones puras, blancas, transparentes y a las otras; oscuras, tóxicas, por supuesto, a evitar. La hegemonía y el reduccionismo de pensar las condiciones humanas colaboran en estas definiciones vagas. Además, propician la construcción sobre qué personas conviene tener próximas y suman si son amigas y de quienes conviene alejarse y definirlas como quienes “no suman».

¿Cómo se articulan estas emociones de segundo rango (la tristeza, el dolor, la angustia o la ansiedad) cuando nos encontramos con pérdidas, duelos, con el miedo que emerge cuando nos enfrentamos a un peligro como, por ejemplo, la situación de pandemia que estamos atravesando, una amenaza a nuestra integridad física o psicológica? ¿Qué habría de cuestionable en sentir miedo frente a una amenaza a nuestra integridad humana? Quizás, el miedo sólo se trate de permitir sentirlo.

Existe una lógica del mecanismo neoliberal a partir de la cual se exige la presencia de ciertas emociones al involucrarse con un afecto tan inmiscuido en la intimidad de lo social como lo es la felicidad. Se opera una sanción de que ciertos afectos deben permanecer en lo oculto para no quedar por fuera del habitar el sentido común. Ahmed manifiesta: “Debido a su carácter aspiracional, la felicidad funciona de forma invisible como una guía orientativa de la experiencia en la existencia”. Ese ensimismamiento personal junto a nuestra intocable libertad personal son las conjunciones de los mantras de la época.

Como señala Diego Sztulwark, la propuesta cultural de este tipo de gestión de emociones positivas es un intento de eliminar o depurar los conflictos propios de cada sociedad y sus condiciones de clase e intereses; borrando el accionar, la palabra política y las emociones violentas que esta trae aparejada. El autor las denomina “agenda anímica”. Esta promueve versiones higiénicas de las vidas psíquico-afectivas en común que institucionalizan el individualismo de mercado. Hubo un tiempo en el que el dolor podía soportarse, hasta los lutos interminables en las épocas pasadas. En la dimensión política del dolor y la maternidad como parte de nuestra historia, apreciamos el testimonio de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo que nos muestran cómo mutaron el dolor en una dimensión colectiva al colectivizar la maternidad. Un pasaje de lo individual a lo colectivo.

Byung- Chul Han dice que en la actual Sociedad del Rendimiento el dolor se interpreta como síntoma de debilidad: “El like es el signo y el analgésico del presente”. El reino del “me gusta” no da cabida al sufrimiento: todo lo alisa y lo pule hasta eliminar su aspereza y obtener un resultado agradable; desde Facebook, pasará a todos los ámbitos de la cultura, donde nada debe doler.

Se nos plantea lo escrito por Benjamín: “porque la historia, la privada y la pública, si no se recuerda, tiende a repetirse.” En una sociedad que se aferra a la acumulación, el consumo que niega la muerte nunca se repite demasiado. Sería vital comenzar a considerar que solo si perdemos, si dejamos morir algo de aquello que fuimos, podremos habilitar el espacio necesario para que entre lo nuevo; de ahí que el psicoanálisis sostenga que la operatoria subversiva por excelencia es la resta…

Para ir cerrando, haremos referencia a un escrito de J. L. Juresa y A. Kohan. Exponen lo siguiente: “Alguna vez Lacan dijo, y se puede leer en ese mismo sentido, que no hay que empujar un análisis muy lejos, que ‘cuando un analizante piensa que él es feliz de vivir, es suficiente’. Y ese feliz de vivir no es vivir feliz, sino vivir un poco más consecuentemente con lo que uno cree que desea; es vivir sin melancolizarse en la idea de que la felicidad es una fiesta de los otros a los que nunca estamos invitados, esa fiesta que siempre nos deja afuera. Feliz de vivir es aceptar la fragilidad de vivir sin garantías”.


Referencias bibliográfica
Ahmed, Sara. La promesa de la felicidad. Caja Negra
Benjamín, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Godot EdicionesByung- Chul, Han. La sociedad del cansancio. Herder.
Freud, Sigmund. El malestar en la cultura. Tomo XXI. Amorrortu
Juresa, J. L., Kohan A. “La desesperación por ser feliz”. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/242353-la-desesperacion-por-ser-feliz
Lacan. Seminario 3, “Las psicosis”. Paidós
Salecl, Renata. El placer de la transgresión. Godot Ediciones
Slimobich, José, Juresa, Jose Luis y otros. “Leer en el habla”.  “Informe de investigación psicoanalítica sobre el dolor”
Sztulwark, Diego. La ofensiva sensible. Caja Negra
Tellez, Daniel. (2007). Linares Soleá de Carmen. Recuperado de http://www.letrasdeflamenco.com/2007/10/sole-de-carmen-linares.html

Paola Lospinoso, es psicoanalista y es la autora de la nota.
Ramírez, Graciela M, es psicoanalista y es autora de la nota. Integrante de la Red Colectiva Psi.
Indi Paredes es la editora de la nota.

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2 comentarios sobre “Las penas son nuestras…

    1. Excelente justo estuvimos pensando en una Jornada de ESI acerca de los paradigmas relacionados con la afectividad y la gestión de las emociones

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