Simulacros: Primero la escuela

Durante las últimas semanas escribo y borro. Leo mucho, me atraso con la facultad. Vuelvo a escribir, vuelvo a borrar. Pero tengo que empezar por el principio.
Este año hice un ejercicio, me puse a pensar en cómo llegué a este momento de mi vida. Me fui acordando de momentos que consideraba importantes, que han dejado marca, que fueron relevantes en mi trayecto académico. Cuando pienso en cómo fue el camino hasta llegar hasta acá, tomo como punto de partida mi último año de secundaria. Lo que se juega en la elección de una carrera universitaria tiene que ver con muchísimos factores. Oscilé entre 3 carreras hasta decidirme por Ciencias de la Educación. 
Parte de esa decisión tuvo que ver con conocer a algunas personas que eran graduadas y estudiantes de esa carrera. Ellas me contaron un poco de qué se trataba pero, al momento de inscribirme, tenía poca idea. De hecho, haciendo memoria, la “ficha” de lo que significa estudiar esta carrera me cayó cuando empecé a cursar el profesorado en educación primaria. Es decir, dos años después.


Durante todo el 2020, participé de incansables debates con una íntima compañera, que es docente, sobre lo que sucede, de hecho, en la escuela. 
Por mucho tiempo pensé que la escuela la tienen que pensar y discutir quienes saben. Todavía lo pienso, solo que mi primera idea de “quiénes” nunca eran les docentes. Pero como dijo mi amiga Camila, en una nota que escribió junto a algunas colegas, hoy entiendo que son, junto a les académiques, les docentes quienes tienen que ser parte de la construcción de conocimiento pedagógico y didáctico. Creo que este es un buen punto de partida, después quedará seguir pensando.
Atravesados por la pandemia, la escuela fue la gran cuestión. Escuchamos una y otra vez: que la vuelta a la presencialidad, que les docentes no quieren trabajar, que hay que esperar a ver qué dice tal eminencia en materia educativa, que con mis hijes no te metas
Entre esos titulares, pienso en lo que pasa de hecho en la escuela. Pienso en los testimonios de amigues docentes completamente desbordades por el trabajo: por no saber cómo afrontar el contacto con sus estudiantes, por no saber si aprenden o no, si están o no. Pero también pienso en las charlas sobre las cosas que salieron bien, o las que salieron mejor. Hay testimonios de unión, de alegría, de esperanza. Los comentarios entre colegas dan lugar a reflexiones, a posibilidades.


Muches docentes escriben, discuten y publican sobre lo que sucede en las clases. Sobre lo que sucede en las escuelas, en cada escuela. Constituyendo como una red, muchas redes, que se sostienen a partir de este conocimiento, de estas experiencias. A través de estas redes de docentes, la información y el saber a partir de la experiencia se vuelven públicos. Circula por los pasillos virtuales de las aulas, por las redes sociales, por las universidades e institutos de formación un conocimiento que es valioso. 

La escritura, la lectura y los intercambios le dan forma a la reflexión pedagógica. 
La palabra y el diálogo funcionan como refugio. Pero también funcionan como respuesta, y es aquí donde las redes de docentes toman aún más importancia: a través del lenguaje, de la escritura, de la circulación de la palabra docente, se recupera el sonido de las aulas. Sonido silenciado por ciertos discursos académicos y políticos sobre lo que es, y aún peor, lo que debería ser la escuela.  

La pregunta que nos queda es: ¿se puede imaginar un horizonte posible en donde se escuche primero a la escuela? 


Cuando me senté a escribir esto, pensaba en la idea de redes.  Las redes están ahí, todo el tiempo. Nos permiten reflexionar, encontrarnos, ver qué pasa en las escuelas; imaginar futuros que circulan en nuestro presente. 
Pero además, son lo que hizo que llegue hasta acá. Si no fuera por esos lazos, entre amigues, compañeres, colegas, docentes, profesores, investigadores, probablemente no sería el mismo, ni estaría estudiando Ciencias de la Educación, ni pensando por demás esto que acaban de leer.
Es la idea de las redes la que me seduce a seguir escuchando, descubriendo, padeciendo, preguntando, produciendo. Y es, sobre todo, la que me contiene.

Luciano Noya es el autor de la nota.
Melanie Faez es la editora de la nota.

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