¿Por qué nos gusta (tanto) besarnos?

¿Te acordás de tu primer beso? ¿Y del mejor beso que te dieron? Hay algunas experiencias que son inolvidables y un amigo vivió una de esas hace unos días. Después de contarme que tuvo una cita muy buena, me preguntó por qué a las personas nos gusta tanto besarnos. Por supuesto, desde el psicoanálisis podemos explicarlo.

En 1905 Freud escribe Tres ensayos de teoría sexual, un estudio sobre la sexualidad humana. En ese texto, dedica un capítulo a explicar la sexualidad infantil, aclarando que es un error creer que no hay pulsión sexual en esa etapa. Según él, el niño tiene prácticas sexuales, pero su sexualidad no se manifiesta como la del adulto; las sensaciones y deseos sexuales infantiles adoptan distintas formas, como chuparse un dedo, retener heces o masturbarse.

Además, plantea que todas las personas atraviesan, en su infancia, un período de desarrollo psíquico y sexual que consta de varias etapas. Dice Freud: “la primera organización sexual pregenital es la oral (…). La actividad sexual no se ha separado todavía de la nutrición, ni se han diferenciado opuestos dentro de ella”. En esta etapa, en la que la madre amamanta a su bebé, éste siente su boca estimulada, lo que le genera placer sexual (que no es lo mismo que un orgasmo ni el placer del coito). Es por esto que la boca queda determinada como una zona erógena, es decir, un sector del cuerpo que, al recibir cierta estimulación, provoca placer.

Según Freud, el fin de la sexualidad infantil es reproducir cierta satisfacción experimentada sobre una zona erógena. Para que un niño quiera repetir determinada satisfacción, es necesario que la haya vivido antes. El chupeteo de los niños que ya no toman la teta es un resto de esa primera fase del desarrollo psicosexual, que además nos muestra que la actividad sexual ya se separó de la alimentación y del pecho materno y ahora el niño puede encontrar placer en su propio cuerpo.

La consecuencia de que la boca sea una zona erógena, entonces, es que muchas actividades que no tienen que ver con la alimentación -como fumar, masticar chicle, besarse- generan mucho placer.

Respecto a la pregunta de mi amigo, le contesté que no sabía, que mejor lo dejara en un interrogante. Pero él insistió, entonces le dije que lo divertido de la magia era no develar el truco.


Joaquín Gallardo es autora de la nota.
Luna Zaballa es la editora de la nota.

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